Aunque la guerra de Portugal (1640-1665) no fue la campaña más gloriosa de nuestros Tercios, en ella hubo batallas puntuales que dieron brillo a nuestras armas. En diciembre de 1640 el ejército portugués sufrió una gran derrota en la villa de Valverde, cerca de Olivenza.

Desde el principio de la guerra quedó claro que la intención de los portugueses no era sólo recobrar su independencia, sino también apoderarse de Extremadura. En diciembre de 1640 un ejército portugués, mandado por el general Francisco Rabello con 5000 infantes y 900 caballos intentó tomar por sorpresa la villa de Valverde de Leganés, próxima a Olivenza y en el camino hacia Badajoz (que más tarde sería asediada sin éxito por los portugueses).

El capitán vizcaíno Juan Garay, jefe accidental en aquel momento del ejército de Extremadura, había recibido una confidencia sobre los planes portugueses, que le permitió enviar con anticipación a los Tercios del marqués de Rivas y el del navarro marqués de Falces y a 3000 soldados de caballería al mando de Don Antonio Pacheco. Después de algunas escaramuzas y ligeros combates, los portugueses avanzaron en masa hacia la villa. Abrieron fácilmente brecha en la muralla, que estaba en mal estado y penetraron en Valverde.

Tuvo lugar una durísima batalla, calle por calle, casa por casa, en la que los soldados españoles y los vecinos lucharon codo con codo, incluso desde ventanas y tejados. En la plaza de la villa, junto a la iglesia, la batalla fue brutal. Finalmente un escuadrón de paisanos y soldados españoles al mando del capitán Don Diego de Lara acometió a los enemigos por la espalda y decidió la batalla.

El general portugués Rabello cayó muerto de su caballo por un certero lanzazo y los portugueses, entonces, se desbandaron, siendo acuchillados.

La batalla fue muy sangrienta. Murieron 800 españoles y 2000 portugueses. Una dura guerra acababa de empezar.

Rafael María Molina. Historiador