En los momentos históricos por los que está pasando Cataluña y toda España buena parte de la historiografía nacionalista ha generalizado y asentado socialmente la falsa idea de que Cataluña fue independiente de España hasta 1700-1714. Una supuesta derrota de Cataluña llevaría a una esclavitud hasta el presente y de la que hoy intenta liberarse. Pero nada más lejos de la realidad. En el presente artículo pongo algunos claros ejemplos que desmontan la manipulación cultural a la que tantas generaciones de catalanes hemos estado sometidos.

Carlos II dio testamento el 1 de octubre de 1700 dando la sucesión a Felipe de Anjou, Felipe V. El Consejo de Estado informó del testamento el 2 de octubre. La noticia de la sucesión en los Borbones no causó ningún tipo de malestar ni entre las instituciones de Cataluña ni entre las capas populares catalanas.

Por ejemplo, el 2 de octubre el delegado de la Diputación del General de Cataluña en Madrid, Joan Gensana, informaba del testamento en carta a la Generalidad: el rey “[…] ha llamado al nieto segundo del Cristianísimo por sucesor y a la reina se le ha ofrecido la ciudad que quisiere para su habitación y se le asignan los alimentos correspondientes”.

Los Tres Comunes catalanes (Generalidad, Consejo de Ciento de Barcelona y Brazo Militar) enviaron carta al presidente del consejo de Estado Antonio de Ubilla, a 17 de octubre, manifestando su alegría por el testamento y por tan buena sucesión en Felipe V.

El día 1 de noviembre Carlos II falleció. La noticia enseguida corrió por todos los reinos de la Monarquía de España. Tras el período de luto y exequias, desde mediados de mes comenzaron a realizarse aclamaciones a Felipe V en todos los reinos, gobernaciones y concejos de la Monarquía.

Desde Cataluña, las más diversas instituciones -el Consejo de Ciento, la Diputación del General de Cataluña, las universidades, los gremios… hicieron proclamas de fidelidad y lealtad a Felipe V. Estas aclamaciones exhortaban al nuevo rey para que viniese rápidamente a España y tomase posesión de la Católica Monarquía como rey legítimo y para que celebrase Cortes en todos los reinos.

Buen ejemplo son las Festivas aclamaciones a la feliz sucesión a la corona de España y al próspero arribo a la insigne corte de Madrid de la S.C.R.M. (que Dios guarde) Don Felipe de Borbón V, celebradas en la Diputación del General de Cataluña y reunidos los representantes de todas las instituciones de catalanas junto con el virrey Conde de Palma. Estas aclamaciones oficiales en Cataluña fueron de las más enérgicas y vigorosas de toda España.

En dichas aclamaciones se leyeron romances, poemas y letrillas de loa y alabanza a Felipe V como rey español y legítimo de España y de los españoles y, entre ellos, los catalanes. Incluso hubo palabras a favor de la unión de las dos coronas (España y Francia) cosa expresamente prohibida en el Testamento. Buen ejemplo son letrillas y coplas como la que sigue (extraída de Festivas aclamaciones):

Copla:

Ya llegó el día,

en que el Orbe Español,

en la Urna de un Ocaso,

un nuevo Sol logró

[…]

Que el Cielo a Felipe

solo reservó

que logre dichoso

tan vistosa unión.

[…]

Ya ofrece Cataluña,

con lealtad superior

a Rey tan singular

común adoración.

Desde otras instituciones, de carácter más cultural, el tenor de las loas era similar. Buen ejemplo es la Acadèmia dels Desconfiats (predecesora de la Academia de las Buenas Letras de Barcelona, que había sido núcleo del austracismo catalán). En Aclamación universal del Rey Nuestro Señor Don Felipe Quinto podemos leer:

Señor, tuya es Cataluña

y es justo que así me nombre”.

Si al valor y

potestad de tu

abuelo me rendí

fue por fuerza;

pero a ti me rindo

por voluntad”.

Entre los intelectuales catalanes, y también en la publicistica para consumo popular –tanto en castellano como en catalán-, el discurso fue similar. Aquí no solo había adulación filipista sino que, además, se lanzaron dardos críticos contra ingleses, holandeses, austríacos y alemanes por lo mal que habían defendido a España en el pasado.

Sirva de ejemplo Juan Bach con su Sermón panegírico, donde comparaba a Felipe V con el rey David que, por Divina disposición fue el elegido de Dios para levantar y llevar a su máximo esplendor al pueblo y al reino de Israel. Lo mismo era aplicado a Felipe V en relación a España. Felipe V era mostrado como un nuevo David dispuesto a vencer a Goliat (las potencias europeas Inglaterra, Holanda, Austria, los estados alemanes). Y añadía: es “entre los Quintos el más famoso y favorecido por el Cielo”, con él “nuestra Monarquía, en verdad enferma (…) ha de avivar las esperanças [y quien más] es Cataluña y Barcelona […] O como Dios favorece a Cataluña”.

Otro buen ejemplo lo tenemos en Francesc Brú con su Lamentación fúnebre en las Reales Exequias y Funeral Pompa del Católico Rey de las Españas, diciendo de Felipe V: “el Rey es español por más que haya nacido en Francia. Porque los reyes toman la naturaleza de la Corona, no de la cuna; de los reinos en que mandan, no de las tierras en que nacieron […] venga a España el serenísimo Felipe de Francia y será más español que nosotros, pues a nosotros nos hizo españoles la tierra, y a Felipe el Cielo, a nosotros la cuna y a Felipe la Corona”.

Otras adulaciones fueron todavía más lejos, como las de Raymundo Costa en Oración panegírica en acción de gracias donde hacía exaltación de Felipe V como rey plenamente español y por ello catalán. El propio Costa afirmaba: “Felipe quinto para Cataluña no es extraño, sino patricio, Natural, y buen Catalán, quando la Real Sangre, que alienta sus venas ha salido de los cristales transparentes de esta perene y clara fuente de Nobleza del Principado de Cataluña”.

El ambiente tanto institucional y popular como entre los intelectuales catalanes fue de plena identificación con el filipismo y el nuevo rey. El ambiente era de identificación Cataluña-España-Felipe V y la idea generalmente aceptada era que Felipe V suponía una nueva oportunidad para que se siguiesen los pasos de Fernando el Católico. Al rey Fernando se le consideraba como el mayor y mejor rey español (y por ende catalán) porque, junto con la reina Isabel la Católica, había unido las coronas de España. Ambos reyes habían conseguido culminar la Recuperatio Hispaniorum, tan deseada por todos los españoles durante tantos siglos y, con prudencia, consolidar, conservar y acrecentar dicha unión. Estas eran las virtudes del buen padre y de la buena madre (los Reyes Católicos) y también lo eran del buen príncipe católico (Carlos V-Felipe II, Carlos II y Felipe V).

Igual que Dios dio un Carlos V a las Españas para el acrecentamiento de la Católica Monarquía, en 1700 la Divina Providencia daba a Cataluña un nuevo V para el acrecentamiento y el bienestar universal. Porque, tal como se exclamaba, solo ser rey de España es ser rey del orbe y, con Felipe V, nuevos alientos de vida infundía Dios a España y al mundo.

Así era la sociedad catalana, que se consideraba no solo española sino la mejor servidora, en su esencia y existencia, por y para España. En este contexto fervor fue socialmente celebrado el “Feliz Suceso” en toda Cataluña.

Antonio R. Peña Doctor en Historia