El profeta Isaías, nacido en el año 765 antes de Cristo, anunció el nacimiento del Emanuel, que significa “Dios con nosotros”, y con mención especial a una mujer embarazada del mismo.

El capítulo 7, versículo 14, del libro de Isaías dice literalmente lo siguiente: “Por eso el Señor mismo les dará un signo. Miren, la joven está embarazada y dará a luz un hijo, y lo llamará con el nombre de Emanuel”.

Lo más llamativo es que, según la revista católica Aleteia, Isaías utilizó la expresión “Almah” para referirse a la madre del Emanuel, cuando la traducción literal de dicho término es “doncella, joven, adolescente, virgen”. Con esto, tenemos a un profeta nacido en el año 765 antes de Cristo que adelantó la virginidad de una mujer embarazada que daría a luz a Dios Hijo.

El profeta Isaías, además de adelantar la venida del Emanuel (“Dios con nosotros”), hizo referencia, tal y como recoge el capítulo 9, versículo 5 de su libro, a un “Dios fuerte, Padre para siempre, Príncipe de la Paz”, que como “un hijo nos ha sido dado” para detentar su soberanía. Es decir, dio en el clavo en que el Hijo de Dios Padre, también, sería Dios varios siglos antes de su venida al mundo, lo cual es alucinante, deslumbrante, rematadamente estremecedor.

Para más inri, el citado capítulo 9, versículo 5 del libro de Isaías comienza con un “porque un niño nos ha nacido”, cuando Jesucristo es, en numerosas ocasiones, venerado en forma de niño, aclamado como el Niño Jesús, ante Quien nos postramos con extraordinaria devoción y pleitesía el día de Navidad.

Isaías 9,5, reza así: “Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado. La soberanía reposa sobre sus hombros y se le da por nombre: «Consejero maravilloso, Dios fuerte, Padre para siempre, Príncipe de la paz»”.

Jesús nació en Belén, situado en Judea, y el profeta Isaías aludió a la enorme influencia que ejercería en dicho lugar, Judea. El capítulo 8, versículo 8 de su libro reza así: “y pasará por Judá, inundará, crecerá, llegará hasta el cuello. Y sus alas desplegadas abarcarán toda la extensión de tu país, Emanuel”.

El profeta Miqueas, contemporáneo de Isaías, anunció, con una claridad pasmosa, que Dios Hijo nacería en Belén, pequeño enclave territorial de Judea. Sólo basta con sumergirnos en los versículos 1, 2 y 3 del capítulo 5 de su libro.

Miqueas 5, 1-3, reza así: “1. Y tú, Belén Efratá, tan pequeña entre los clanes de Judá, de ti me nacerá el que debe gobernar a Israel: sus orígenes se remontan al pasado, a un tiempo inmemorial. 2. Por eso, el Señor los abandonará hasta el momento en que dé a luz la que debe ser madre; entonces el resto de sus hermanos volverá junto a los israelitas. 3. Él se mantendrá de pie y los apacentará con la fuerza del Señor, con la majestad del nombre del Señor, su Dios. Ellos habitarán tranquilos, porque él será grande hasta los confines de la tierra”.

Ignacio de Loyola Crespí de Valldaura de Gonzalo

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