Tal vez el nombre de Juan Manuel de Rosas no diga gran cosa hoy en día a la mayoría de los españoles pero en Argentina es un nombre que todavía hoy no deja indiferente a nadie. Se trata de una de las mayores figuras de la historia de la nación argentina desde su independencia de España a principios del siglo XIX. No dudó en desafiar, con cierto éxito a las potencias europeas más poderosas de la época, Gran Bretaña y Francia en defensa de los intereses de su Patria. Sincero católico, puede ser considerado como una referencia no solo para su patria, sino para toda la Hispanidad. Fue gobernador de la Provincia de Buenos Aires entre 1829 hasta su derrocamiento en 1852, cargo que en aquel momento venía a equivaler al de presidente de Argentina. Su importancia en la historia de la nación austral es tanta que en Argentina a aquel período se le conoce como la época de Rosas.

Nació en 1793 en Buenos Aires, todavía como súbdito del imperio Español en lo que aún era el Virreinato del Río de la Plata. Provenía de una familia española ilustre, con origen en Cantabria. Un tío abuelo suyo había sido don Domingo Ortiz de Rozas, gobernador de Buenos Aires entre 1742 y 1745. Siendo muy joven participó en la batallas contra la fracasada invasión británica del Río de la Plata, todavía bajo soberanía española en 1806 y 1807 (conocidas en la historia argentina como la Defensa y la Raconquista), en la Compañia de niños del Regimiento de Miqueletes, donde fue distinguido por su valor.

Rosas no participó en la guerra de independencia de Argentina contra el dominio español a partir del año 1810 . Su madre era propietaria de una gran estancia en la pampa bonaerense y el se convirtió en ganadero y empresario rural obteniendo un considerable éxito e incluso escribió un libro sobre agricultura. Cambió su apellido familiar “Rozas” por “Rosas” para demostrar su voluntad de no vivir del patrimonio paterno y emprender su propio camino. Se casó con Encaranación Ezcurra con la que tuvo 3 hijos, Juan Bautista, María y Manuela. Con otros propietarios formó una milicia para defender sus bienes del ataque de los pueblos indígenas del sur de Argentina que durante el dominio español no habían sido sometidos y pronto destacó como oficial de caballería. Fue el inicio de su carrera militar.

A partir de la década de 1820, con Argentina ya independiente se inicia su participación en política. Durante muchos años, hasta la década de 1870 la política interna en Argentina estará marcada por las duras guerras civiles entre la extensa y dominante Provincia de Buenos Aires y el resto de provincias del inmenso país austral. La provincia bonaerense controlaba los derechos aduaneros de exportación de toda la “Confederación Argentina”. Dado que Buenos Aires era, ya desde los tiempos de la Colonia (sobretodo a partir del siglo XVIII) uno de los puertos comerciales más importantes de América del Sur ello suponía una gran riqueza para Buenos Aires que concentraba además el comercio exterior de las demás provincias. Esto provocó grandes conflictos y guerras entre “unitarios” (las provincias que querían un nación unificada donde Buenos Aires fuese una provincia más) y “federales” ( básicamente los bonaerenses que querían que su provincia gobernara toda Argentina).

Rosas se convertirá pronto en uno de los principales caudillos de los “federales”. Éstos eran básicamente conservadores y mantenían el espíritu católico tradicional desde tiempos de la Colonia. Rosas se convirtió en uno de los principales colaboradores del gobernador de Buenos Aires, el general Martín Rodríguez. Participó en campañas contra los pueblos indios del sur, convirtiéndose en uno de los militares más prestigiosos del país. Después de una nueva guerra civil entre unitarios y federales , Juan Manuel de Rosas es elegido Gobernador de la provincia de Buenos Aires en diciembre de 1829. Este cargo que ocupará hasta 1852 le convertía virtualmente en presidente de Argentina y en la figura dominante de país. Habrá nuevas guerras civiles pero Rosas va sometiendo a la provincias “rebeldes” como Mendoza (que durante un breve tiempo había sido estado independiente), Córdoba, La Rioja, Santiago del Estero, Tucumán, San Luis y otras.

Fue un presidente católico que protegió y promovió la Religión si bien tuvo enfrentamientos con los jesuitas , que se mostraron hostiles a su gobierno. Fue un gobierno autoritario que gobernó con energía. Sus enemigos liberales y “progresistas” le acusaron de ser un dictador “inquisitorial”. Sofocó nuevas revueltas en el norte y en el sur del país en las décadas de 1830 y 1840.

Rosas reformó las leyes aduaneras y económicas para que las provincias se beneficiaran también del comercio aunque Buenos Aires se consolidó como principal ciudad del país En su época la economía argentina prosperó notablemente y empezaron a llegar numerosos inmigrantes europeos , sobretodo españoles (vascos y gallegos principalmente), italianos e irlandeses. Rosas era partidario de una política económica proteccionista y patriótica que hiciera salir a Argentina de la órbita comercial británica y francesa (sobretodo británica) en la que estaba desde la independencia al haberse convertido en uno de los principales mercados de una Gran Bretaña que estaba en su apogeo como potencia industrial y económica. Esto le enfrentó a los gobiernos británico y francés.

A partir de 1845 se entra en el proceso que conducirá al enfrentamiento militar entre Argentina por un lado e Inglaterra y Francia por el otro. Rosas había prohibido la navegación por los ríos interiores de Argentina, principalmente el Paraná lo cual fue considerado casus belli por Londres que venía reclamando la libre navegación por esos ríos para dominar totalmente el comercio en la zona del norte de Argentina y Uruguay. Debido a esta disputa Inglaterra y Francia enviaron una flota de guerra que bloqueó el puerto de Buenos Aires y la flota francesa se apoderó de la isla de Martín García (hay que recordar que Londres se había apoderado de las islas Malvinas de forma totalmente ilegal en 1833).

La flota británica se declaró protectora de Uruguay país que estaba en guerra civil y uno de los bandos era proargentino y se apoderó por la fuerza de la mayor parte de la flota argentina cerca de Montevideo (hay que recordar que la independencia uruguaya había sido impuesta por Londres tras una guerra entre Argentina y Brasil en la década de 1820. A Inglaterra le convenía una Suramérica lo más fraccionada posible para establecer sobre el continente su dominio económico).

La flota anglo francesa penetró en el río Paraná para abrirlo a su dominio y derrotaron a las fuerzas de Rosas al mando del coronel Lucio Mansilla en la batalla naval y anfibia de Vuelta de Obligado ( aunque la flota inglesa sufrió importantes bajas) en noviembre de 1845 pero los anglofranceses sufrieron más pérdidas en diferentes combates en los meses posteriores hasta que la flota inglesa fue derrotada en la batalla de Punta Quebracho, el 4 de junio de 1846 perdiendo varios buques mercantes y de transporte a manos de las baterías artilleras argentinas al mando del competente coronel Mansilla.

Tras esta derrota que causó un fuerte conmoción en Londres y París, los gobiernos inglés y francés abandonaron sus pretensiones de dominio de los ríos argentinos. Rosas fue aclamado en toda Suramérica como defensor de la dignidad del continente. Por el llamados pactos Arana Southern y Arana Lepredour Londres y París reconocieron la soberanía argentina sobre sus ríos e incluso la cosoberanía argentina sobre el río Uruguay junto con la del Estado del mismo nombre. Martín García fue devuelta a Argentina.

Fue una gran victoria diplomática que aportó un gran prestigio a Rosas pero por desgracia para él y para Argentina, fue efímera. El llamado entonces Imperio de Brasil que recelaba de la posible hegemonía argentina en todo el Cono Sur se declaró protector de Uruguay, país que seguía en guerra civil y ello condujo a una guerra entre Argentina y Brasil. Rosas fue traicionado por uno de sus mejores generales Justo José Urquiza que se puso de acuerdo con Brasil, el presidente Oribe de Uruguay y organizó también la sublevación de la provincia argentina de Corrientes. Toda esta nueva guerra se decidió en la batalla de Caseros el 3 de febrero de 1852 donde el ejército de Rosas fue derrotado y el “Restaurador” (como era conocido Rosas) fue deroocado y obligado a exiliarse.

Aunque parezca extraño se exilió en Inglaterra ( aunque nunca quiso aprender inglés). Murió en su finca de Southampton ( que había organizado al estilo de la Pampa argentina) en marzo de 1877. Tras su exilio Argentina cayó en una nueva anarquía durante una década y la provincia de Buenos Aires se independizó durante unos años hasta 1861 en que volvió a reunificarse con Argentina.

La nueva Constitución argentina de 1853 establecía de nuevo un régimen librecambista con lo cual la gran beneficiada volvió a ser Inglaterra. La época de Rosas ha sido denostada durante muchos años en Argentina como una dictadura represiva y aún lo es a veces pero en las últimas décadas su figura ha vuelto a suscitar un gran interés. Se han publicado numerosos libros sobre él. Sus restos fueron repatriados en 1999. Se le ha levantado un monumento en Buenos Aires y algunas calles y carreteras en diversos lugares del país han sido bautizadas con su nombre.

Rosas nunca renegó de la herencia hispánica de Argentina ni del Catolicismo y lo demostró con hechos. Por eso puede ser también él considerado un referente por toda la Hispanidad.

Javier Navascués Pérez

2 Comentarios

  1. Don Javier: muy oportuna su evocación de Don Juan Manuel de Rosas a quien se le conoce como el Restaurador de las Leyes porque restauró las Leyes de Indias en Argentina. Es, en efecto, una figura de la Hispanidad. Gracias por recordarlo.

  2. La fortaleza cristiana de Rosas es un buen ejemplo para dar temple a los ánimos hoy decaídos en muchos a causa del desborde de la cloaca del mal por todos los lugares donde se transita. Cuanto más arrecie la tempestad, mayor debe ser nuestra firmeza en declarar derrotados a los enemigos. Carecen de proyectos constructivos, sólo se proponen demoler con babasas de cadáveres, obstruir el trabajo de los que construyen, consumir el futuro en sus nauceabundas kermeses de nihilistas escuálidos. Con semejantes elementos ubicados en las cúspides del poder mundial, sólo podemos advertirles que su exterminio está próximo, que aún les queda el tiempo concedido por la misericordia de Dios para su conversión. Pregunten a estos tales cuáles son sus proyectos para consolidar el mundo, para hacerlo más sabio y virtuoso, para darle continuidad en el tiempo. Mostrarán una mueca de desprecio, de horror, de desolación de suicidas renegados de la vida, de la humanidad, de toda realidad. Esencialmente inconsistentes, odian el ser físico y el ser metafísico, el pasado, el presente y el futuro. Desarraigados de la vida real, no construyen el futuro, se encaminan refunfuñando a su autodemolición. Veneno perverso vertido por el dragón, el hombre vuelto contra sí mismo en el racionalismo, el liberalismo igualitario, el marxismo, el consumismo, en otras palabras, el vacío profundo de su propio ser que lo conduce al repudio de sí mismo, de la realidad y de Dios. Rosas, como tantos hombres luchadores, conservó siempre la virtud de la fortaleza. Buen faro para la hispanidad.

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