Coincidiendo con mi viaje a Extremadura decidí acercarme al Real Monasterio de Santa María de Guadalupe para poner la web HISPANIDAD CATÓLICA a los pies de la Santísima Virgen y que Ella cubra con su manto y llene de bendiciones a España e Hispanoamérica.

El Monasterio, declarado Patrimonio de la Humanidad, es uno de los lugares más bonitos de España y de la hispanidad católica. Un conjunto histórico y artístico descomunal, que encierra el riquísimo simbolismo de la magna empresa evangelizadora de España en el nuevo mundo.

Tengamos visión sobrenatural y confiemos fielmente en que Ella sea la que toque los corazones y que nosotros no seamos obstáculo a su gracia y acción en las almas. En las vísperas navideñas vivamos santamente el Misterio y en la Noche Santa y el día de Navidad desconectemos de todo lo que no sea Dios.

Breve historia de la advocación

Cuenta una piadosa tradición que, en plena invasión árabe, allá por el siglo VIII, una imagen de la Virgen junto con otras reliquias había sido escondida por unos monjes junto al río Guadalupe. Siglos más tarde, a finales del XIII, cuando la zona vuelve a dominio cristiano, un pastor llamado Gil Cordero encuentra la imagen de la Virgen:

Un vaquerizo natural de Cáceres perdió una de sus vacas cuando pastoreaba su ganado cerca de Alía; la buscó por espacio de tres jornadas y, al fin, la encontró muerta. Intentó el hombre desollar la res, y para ello, le hizo en el pecho la señal de la cruz con el cuchillo. Fue entonces cuando se verificó el prodigio. La vaca se levantó por sí misma ante el espanto del buen extremeño.

No fue eso todo, la voz celestial de la Señora reveló al pastor la existencia de la imagen enterrada siglos atrás en aquel mismo lugar, al tiempo que le encomendaba propagar el descubrimiento entre los clérigos. La Madre de Dios expuso también la conveniencia de levantar en aquel paraje una pequeña capilla para dar culto a las reliquias que se descubrirían.

No terminaron ahí los milagros de la Virgen. Cuando el vaquero volvió a su casa se encontró con el triste espectáculo de su hijo muerto. Bastó una invocación a Santa María y la promesa de consagrar al muchacho a su servicio para que se obrase un nuevo portento. La resurrección del joven sirvió para ratificar las palabras del pastor.

Los relatos y sucesos relacionados con la Virgen de Guadalupe llegan a oídos del rey Alfonso XI, que visita el lugar a mediados del siglo XIV y relata la existencia de una pequeña ermita de Santa María: “era casa muy pequeña e estaba derribada, e las gentes que y venían a la dicha ermita en Romería non avían y do estar”.

El rey otorga una serie de términos y dona el dinero necesario para la construcción de una iglesia, que poco a poco va adquiriendo  mayor importancia por la implicación del monarca con la Virgen de Guadalupe.

A finales del siglo XIV el rey Juan I entrega a la Orden de los Jerónimos la iglesia del santuario de Nuestra Señora de Guadalupe.

Ya en el siglo XV es Isabel la Católica la que se implica de una forma personal con la Virgen de Guadalupe y visita en numerosas ocasiones el santuario.

Entre los siglos XIV y XVIII los jerónimos llevan a cabo numerosas ampliaciones sobre el edificio original, utilizando preferentemente mampostería y ladrillo, formando un conjunto cerrado con aspecto de fortaleza, con la idea de preservar las riquezas que se guardaban en el interior.

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