De todos los santos que en el mundo han sido
y que en el Cielo son
San José es mi preferido.
Padre terrenal de Cristo-Dios
y esposo de la Virgen María,
nadie como él tan cercano
a la divinidad.
Ejemplo de humildad,
de fortaleza y de hombría,
abnegadamente cumplió,
desde un segundo plano,
en la tierra su difícil
y altísimo destino.
San José callado y laborioso,
San José casto y generoso,
confiable, atento, glorioso,
que en el quicio de lo humano y lo divino
nos tiende su firme mano
para llevarnos por el buen camino.

Andrés García-Carro

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