Ahora que el impresentable Pedrito Fraude ha firmado el Pacto Global sobre Migración
de la luciferina ONU —sin consultar ni a los españoles ni al Parlamento, por supuesto,
convendría reflexionar sobre este espeluznante testimonio de una doctora alemana,
dispuesta hasta a abandonar su trabajo en un hospital por lo siguiente que cuenta:

Ayer tuvimos una reunión en nuestro hospital para tratar sobre cómo está la insostenible
situación aquí y en otros hospitales de Munich. Las clínicas no pueden ya manejar las
situaciones de emergencia y empiezan a mandar todo a los hospitales estatales.

Muchos musulmanes se niegan a ser tratados por personal femenino, y a las mujeres nos
tratan con desprecio y malos modales, incluso con empujones y hasta alzándonos las
manos amenazantes. Muchas de nosotras, mujeres del ámbito sanitario, también nos
negamos a atender a esas personas irracionales, sobre todo los musulmanes más
radicales.

Las relaciones entre el personal hospitalario y los migrantes van de mal en peor.
Desde el pasado fin de semana se ha dispuesto que los migrantes que llegan a los
hospitales vengan acompañados por unidades de la K-9, fuerzas especiales de policía
provistas de perros, unos animales a los que desprecian pero que al mismo tiempo
temen de un modo irracional.

Muchos migrantes —en especial los provenientes del África negra— tienen SIDA,
sífilis, tuberculosis abierta, lepra y muchas enfermedades exóticas que en Europa no
sabemos o no estamos preparados para tratar, puesto que no tenemos personal preparado
ni especializado.

Si reciben una receta, cuando se enteran en la farmacia que tendrán que pagar un tanto
en efectivo, esto les produce arrebatos de gritos y violencia increíbles, sobre todo
cuando se trata de medicamentos para los niños. Así, en muchos casos, abandonan a los
niños con el personal de las farmacias para que sean tratados gratuitamente o entregados
a hospitales, por lo que la policía no sólo debe proteger las clínicas y hospitales, sino
también a las grandes farmacias contra las amenazas y ataques y para evitar abandonos.

Sí… por ahora la frontera se ha cerrado provisionalmente, pero un millón de ellos ya
están aquí y no será posible deshacerse de tales cantidades. En menos de seis meses el
número de desempleados en Alemania ha subido de 2,4 a 3,2 millones,sin visos de
arreglo, haciendo largas colas en los Centros de Asistencia Social. Muchos duermen a la
intemperie o en polideportivos, donde se dan escenas muy penosas y dramáticas.

Las mujeres subsaharianas por lo general no saben comportarse, ni tienen traductores
que les hagan entender las normas de una mínima disciplina urbana occidental: orinan y
defecan apenas a unos metros de donde duermen o comen, limpian su menstruación con
cualquier papel si no tienen compresas o tampones, y los tiran en cualquier sitio sin
miramientos. Sólo una muy pequeña parte de ellas tiene algún tipo de conocimientos de
nuestra higiene. Y, lo que es peor, estimo que ¡una de cada siete está embarazada!
Entre cientos de miles de musulmanes, han traído a muchos lactantes y niños menores
de seis años, demacrados y descuidados, sin posibilidad de ofrecerles a medio plazo una
atención adecuada.

Si esto continúa así y Alemania vuelve a abrir sus fronteras, los moradores de este
estado federal amenazamos con realizar una revuelta contra la Canciller Merkel y los
planes de la Comunidad Europea (C.E.).

Ni que decir que la xenofobia inducida por esta situación se ha multiplicado por diez, y
ni siquiera es tal xenofobia, sino una defensa obligada de nuestras costumbres contra los
que no respetan nuestra forma de vivir y comportarnos con libertad.

Se dan casos de miedo a tomar cervezas en terrazas en las calles en nuestras típicas
grandes jarras, ya que muchos de los migrantes consideran una provocación y una
ostentación contra su religión y un mal ejemplo para sus hijos beber alcohol, y peor
además en la calle, y han causado disturbios tirando al suelo las jarras de cerveza a su
paso junto a mesas o veladores.

Como profesional de salud con quince años de servicio en un Hospital de la Seguridad
Social del Estado Federado de Baviera, nadie me puede mantener en esta situación, ni
siquiera con el doble de mi salario… Estoy en Alemania, no en África ni en el Medio
Oriente.

El profesor que dirige nuestro Departamento dijo lo triste que es para él ver a la mujer
encargada de la limpieza hospitalaria, que por 1350 euros mensuales limpia los
servicios todos los días durante años, encontrarse con los jóvenes inmigrantes en los
pasillos, esperando todo gratis con la mano extendida, como si fuese nuestra obligación
darles todo gratis, porque además no piden, ellos exigen, y cuando no los entienden en
su idioma lanzan ataques sin sentido que provocan un pánico indescriptible en el
personal sanitario y de cualquier ámbito de trabajadores del hospital.

En cuanto a las comidas que se les sirven a los enfermos y acompañantes de manera
excepcional y por solidaridad humana —con los sobrecostes económicos que conlleva
y que autoriza la dirección administrativa del hospital—, solo con la infundada sospecha
de que sea o contenga cerdo la arrojan sobre quienes se las sirven, aunque estén
calientes, o la tiran al suelo, sobre las paredes o las camas, les da igual, y de esta manera
han ocasionado quemaduras leves y de grado al arrojar comida muy caliente sobre
personal de reparto de catering.

Aunque no merecemos esto, mucho me temo que pronto será lo mismo en las
Repúblicas vecinas.

Si los alemanes, pese a nuestra naturaleza, no podemos manejar ni controlar esto, cabe
suponer que en Chekia, en Eslovaquia o en Austria el problema traerá un caos total a no
mucho tardar.

Nadie que no haya estado en contacto con los musulmanes tiene idea de qué tipo de
personas son, sobre todo los de África, y cómo con una arrogancia inaudita y reacciones
imprevisibles actúan como seres superiores, intentando imponerse en lo social. En
cuanto a su adaptación religiosa, la imponen, y cuando comparten habitaciones o salas
del hospital, si ven cruces o imágenes religiosas en ellas, o en el ámbito privado de
mesitas de otros pacientes, las tiran y amenazan de manera ininteligible y ostentosa con
gritos. Tampoco ni enfermos ni acompañantes respetan el descanso de otros enfermos
con sus oraciones a cualquier hora.

Esto enturbia la paz social terriblemente, y nos obliga a cambiar nuestros hábitos por
inseguridad de decenas de grupos de hombres deambulando por todas partes creando
situaciones tensas por sus actitudes hacia nosotras las mujeres especialmente, y con
miedo a las provocaciones hacia nuestras parejas o maridos, ya que además hacen
ostentación de grandes cuchillos ocultos en sus ropas.

Hay miedo a salir a celebrar a la calle en muchas familias y grupos de amigos. No han
venido a vivir y convivir con nosotros y a aceptar nuestras normas, ya que pretenden
que aceptemos y nos sometamos a las suyas: una vez más y en otro ámbito no piden, lo
exigen.

En un hospital cerca del Rhin, los migrantes atacaron al personal con cuchillos después
que habían entregado a un niño de 8 meses de edad al borde de la muerte,al que habían
arrastrado irresponsablemente a través de la mitad de Europa durante 3 meses. El niño
murió en 2 días pese a recibir atención superior en uno de los mejores establecimientos
pediátricos de Alemania.

El médico tuvo que pasar por el quirófano, y 2 enfermeras se restablecieron incluso
pasando por la UCI, después del ataque con armas blancas lanzado contra ellos y el
personal sanitario al serles comunicado el deceso del niño.

En la prensa local está prohibido escribir sobre ellos, se vetan todos los altercados y
delitos. ¿Qué le hubiera pasado a un alemán si ataca a un médico y enfermeras con un
cuchillo? ¿O si les hubiera lanzado su propia orina infectada con sífilis? Como
mínimo iría directamente a la cárcel, y más tarde a la corte judicial o penal. Empero,
con los musulmanes por ahora no ha pasado nada.

Con delitos graves de extorsión sexual, abuso y violaciones, cuando se presentan las
denuncias y se trata de migrantes, después de poner tremendas trabas para la
interposición de las denuncias, con interminables pérdidas de tiempo orientadas a hacer
desistir a los denunciantes, les envían a asesores asistentes sociales y traductores
escoltados por policías, pero no se les enjuicia. Hay presión política para que no se les
detenga ni enjuicie, no quieren que acaben en cárceles.

Y entonces me pregunto: ¿dónde están todos esos saludadores y receptores del
“Welcome Refugees” de los trenes en las estaciones? ¿Se han llevado o repartido a
algunos de ellos para atenderles en sus casas o instituciones? Sentados a gusto en sus
sedes, disfrutando de sus lucrativas organizaciones no gubernamentales de las que
muchos cobran sueldos a niveles occidentales que la mayoría de esos migrantes nunca
llegarán a cobrar, mirando adelante a traer a más trenes y su siguiente lote de dinero en
efectivo, subvencionado para actuar sólo como anfitriones en las estaciones; después,
ahí te quedas y arréglate como puedas, que yo ya te he dado el “Welcome”, ahora no me
molestes que tengo que preparar las bolsas de bienvenida como la tuya, con unos
bocadillos, unas latas de refresco y unos enseres de higiene para los que llegan en el
próximo tren, y ya está.

Si fuera por mí me gustaría reunir a todos esos recibidores de las ONGs y traerlos
primero a nuestros hospitales de urgencias, como asistentes en recepción y en puestos
de trato directo con ellos; a continuación, ponerlos en un edificio o pabellón deportivo
o nave con los migrantes para que puedan cuidar de ellos, pero sin la protección de
policías armados, y sin perros policías que hoy están en el hospital, a ver cómo actúan
estos recibidores al día siguiente.

Firmado: Doctora B. Schwartz… un nombre simulado, si pusiese mi verdadero nombre,
además sufriría el acoso de organizaciones de izquierda y defensores de derechos
humanos, ONG y similares.

Que cada cual saque la conclusión que quiera…

1 Comentario

  1. Esto es solo lo comun, lo que se ve facilmente, el problema es que al odiar de tal manera nuestra forma de vivir en paz, llegan a derrumbar cualquier sistema que puedan, desde sanitario/educacion a economico, intencionadamente, reuniendose ademas en sus oraciones para hablar sobre a quien acosar el proximo, ya que no todos quieren morir viendo el fuego de su dios.

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