Secuestrado, encerrado y vigilado en un cuarto de 3 x 1.50 metros, el Arq. Bosco se enfrenta a la tortura de sus malhechores por tiempo totalmente indefinido. Entre la esperanza de ser liberado y la constante amenaza de ser ejecutado, la mente de Bosco es puesta a prueba cada día. En este camino al filo del abismo, aparentemente no tiene nada, Bosco se entrega totalmente a Dios y se consagra a María Santísima fortaleciéndose día a día con el poder de la oración del Rosario y la meditación en la vida de Cristo.