Entrevista de Javier Navascués al escritor Francisco Torres

Francisco Torres García es catedrático de secundaria, historiador, articulista, tertuliano lo que le convierte en alguien con escaso tiempo libre por lo que le agradecemos que atienda a nuestras preguntas. En marzo llegaba a las librerías su penúltimo libro –el último es Cautivos en Rusia. Los últimos combatientes de la División Azul- cuyo título deja a pocos indiferentes, Franco Socialista. La revolución silenciada 1936-1975. Los libros de base de historia económica no suelen ser amenos, ni tener la recepción que tienen otro tipo de obras. Sin embargo, después del verano, nos sorprendía con una segunda edición que está a punto de agotarse, pese al silencio mediático.

Pese a lo polémico que puede resultar este texto nadie ha querido entrar a contradecir directamente lo que el historiador afirma en las más de 300 páginas de un texto que te obliga a releerlo cuando has llegado al final porque, siendo de fácil lectura, ameno e interesante, pero en el que el autor ha aprovechado cada frase para decir más en el menor espacio posible. Un libro que explica, implícitamente, por qué el apoyo popular a Franco fue creciendo a lo largo de su régimen entre los sectores obreros, entre lo que hoy se denominan clases populares debido a la desproletarización de la sociedad.

-Lo primero que quisiéramos preguntarle, porque a buen seguro a no pocos les hará dar un brinco ver en un escaparate esas letras grandes de “Franco Socialista”, es ¿si es sólo provocación publicitaria?

No, no es sólo provocación. Aunque debo decir que el título es una propuesta del editor que me encargó este trabajo. Yo le hubiera dada un tono más académico alejando al lector menos versado en la materia. Creo que ha sido un acierto, aunque nunca llueve a gusto de todos. Cierto es que, por lo que me han dicho en algunas ocasiones o incluso me han escrito, algunos posibles lectores se han mostrado contrarios a adquirir el libro porque entienden que Franco de socialista nada y que es casi un “insulto” o un innecesario reconocimiento a una posición de necesidad de legitimidad ante la izquierda. Ni lo uno ni lo otro. A efectos populares el título es muy adecuado: son esas personas que ante los hechos afirman que Franco era más socialista que nuestros socialistas actuales; y no carecen de razón.

Digamos que el socialismo como idea es distinta al socialismo de Carlos Marx y a todas las derivas políticas de su obra: los PSOES PCES y demás subgéneros. Cuando hablamos de “socialismo” con respecto a Franco, además de esa provocación que no vamos a negar, es porque destacamos la faceta social del régimen de Franco que fue una preocupación del Caudillo. Por eso es lícito, sin caer en la tergiversación, defender nuestra tesis de Franco socialista. En realidad porque Franco, que es un personaje distinto y distante a la caricatura habitual, es una figura poliédrica que aúna diversas corrientes de reivindicaciones políticas, entre ellas la social. Fíjese, por ejemplo, que en su primer discurso en guerra, su Manifiesto de Las Palmas, lo que aparece, en vez de una definición política, es la idea de que se respetarán todas las conquistas sociales y que los rebeldes harán real la justicia social. Y esa obsesión por lo social está en lo que yo llamo los discursos fundacionales de su programa político entre 1936 y 1938. Esos que Moradiellos, en la última biografía publicada, pese a lo que diga, parece que no se ha querido leer y se empeña en calificarlo de “reaccionario”.

Pero para no perdernos, le voy a contestar, para finalizar el tema, ¿Quién es más socialista, en los términos que puede manejarse el españolito de a pie, quien apuesta por un modelo de empleo estable, con un derecho al trabajo férreamente defendido a través de leyes y con una alta protección del trabajador a través de indemnizaciones que podríamos calificar de disuasorias o quienes lo abaratan reforma a reforma desde su fallecimiento en 1975? ¿Quién es más “socialista” el que hace realidad el “chequé-bebé”, aunque no se llamara así, convirtiéndolo en un derecho y una prestación o los que lo quitaron en los años ochenta y lo resucitaron brevemente hace unas legislaturas y ahora ni se lo plantean? Para los españoles de a pie, para los españoles de los grupos populares, para la “gente”, como diría Pablo Iglesias, no me cabe duda que resultaría que Franco fue un auténtico socialista, o al menos más socialista que los que así se llaman. Y eso es lo que yo explico, página a página, en el libro.

-¿Cuál sería entonces la tesis que defiende en Franco Socialista?

En breves líneas se trata de presentar como lo que fue en este terrero, el estadista que pone en pie lo que denominamos Estado del Bienestar en España como correlación del desarrollo económico; que nos lleva del subdesarrollo al desarrollo y de la desigualdad, dada la debilidad de las clases medias, a la sociedad igualitaria casi triplicando las clases medias y dando a los españoles la posibilidad de una movilidad intergrupal real.

-Y ¿por qué una revolución silenciada?

El subtítulo del libro es tan importante, a la vez que complementario, como el título. Mire una revolución silenciada porque se intenta borrar de la historia; porque rompe la caricatura del personaje; porque molesta a los de uno y otro signo. Silenciada porque fue una realidad. Los cambios operados solo se pueden calificar de revolucionarios porque cambian estructuralmente España. Franco también creía que España tenía en el ámbito socioeconómico una revolución pendiente y la llevó a la práctica en toda la extensión que pudo hacerla.

Eso molesta. Franco no es un hombre de palabras, de promesas, de pastillitas repetidas con soluciones mágicas que se reiteran desde los años treinta, sino de realidades. Silenciada porque políticos, tertulianos e historiadores quieren que parezca que nunca se produjo. Pero yo estoy fuera de los circuitos de interés, políticos, económicos o académicos. Por eso me expreso con libertad y con fundamento. Me molestan sobremanera todos los que opinan sin saber casi nada a fuerza de tópicos.

-Habla usted de cosas concretas, de hecho su libro es, en parte, una continua referencia de logros. A su juicio, ¿cuáles han sido los principales logros del franquismo?

A mí, como a Franco por cierto, no me gusta el término franquismo o franquista. Es una incorrección conceptual. Se puede hablar, de forma común, de franquismo si lo utilizamos para definir una época, un tiempo, pero no una ideología. En todo caso, hablaríamos de los logros del Régimen de Franco. Me parece lo más apropiado.

Dejando a un lado la precisión, hacer una relación me temo que me llevaría varias decenas de páginas; refiriéndonos solo a lo referente a la política social. Circulan por internet algunas relaciones, con equivocaciones o inexactitudes en la relación porque no están hechas por expertos, que indican la conciencia que aún tienen los españoles de las aportaciones sociales del Régimen de Franco.

Yo partiría de cuatro aportaciones realmente significativas que explican la concreción que después se hace, los logros concretos: la primera, la idea de que un derecho no se consigue por el hecho de que se anuncie, se asuma como reivindicación o se incluya en un discurso o en un texto legal, lo importante, lo trascendente, es la decisión de hacerlo real y esa es la decisión de Franco desde el minuto uno (un ejemplo, en 1938 se obligó a tomar la semana de vacaciones pagadas en la zona nacional en aquellas industrias que no estuvieran condicionadas por el esfuerzo bélico); segunda, la proclamación de la irrenunciabilidad del derecho que venía a proteger de forma jurídica a los detentadores del derecho, los trabajadores; tercera, poner en marcha el Estado del Bienestar moderno en España (de hecho nuestro actual modelo de Estado del Bienestar es heredado del Régimen de Franco); cuarta, la expansión de la consideración de ese derecho como parte integrante de la persona, siendo por tanto inalienables, jamás se presentaron como un dádiva paternalista sino como cumplimiento de un programa previamente asumido.

Lo anterior se va a ir traduciendo, desde el minuto uno, con la puesta en marcha ya en 1937 de los subsidios familiares, en una larga lista de medidas, lo que usted llama logros.

-Pero a su juicio, ¿cuáles serían los más importantes?

Hacer ese tipo de listados es un error en lo referente a la obra de Franco en esta dimensión. Un error, porque cuando se estudian y se ponen negro sobre blanco, como se hace en cada página del libro, uno percibe como se van engarzando en una construcción progresiva que no hace sino ampliar esos derechos sociales que van a cambiar España. En un amplio programa de implantación de un sistema de protección social, protección de la salud, derecho a la vivienda, derecho a la educación, protección familiar… Todo ello conduce a un cambio estructural a mi juicio clave en la reciente historia de España que es la transformación de España en un país desarrollado, desde un subdesarrollo evidente por más que se disfrace con la idea del proceso de modernización truncado en los años treinta; pero esa transformación, a diferencia de lo acontecido en las grandes potencias económicas, se realiza de forma acelerada lo que obliga a trabajar contra reloj para paliar todo los elementos negativos, desde un punto de vista social, que otros países abordaron de forma progresiva en un tiempo largo.

Franco lo hizo en un tiempo corto, unos veinte años más o menos. Ese cambio conduce, y esto es importante subrayarlo porque podía haber sido de otro modo, desde una sociedad con profunda desigualdades, sin clases medias importantes, a un modelo en el que se imponen las clases medias. Cuando llegamos a noviembre de 1975 las clases medias han pasado de unas cifras situadas en torno al 20% a un 56%, pero también se han expandido las clases altas desde un 1-2% al 6-7% y en las clases populares nos encontramos con el hecho de que una parte veía como accesible su conversión en clases medias. Hoy, nos encontramos con una situación de erosión de las clases medias, aunque a mí no me gustan este tipo de comparaciones porque las situaciones son distintas por el tiempo transcurrido; pero es un dato. Y eso se logra además con una convergencia con el mundo desarrollado y con la Europa Occidental, que no es la Europa actual de los 27, que nos situó en unas tasas de convergencia que se estancaron a la muerte de Franco para retroceder y no volver a las cifras de 1975 hasta mediados de los años 90.

-A resultas de lo que me dice y de lo que se explica en su trabajo, entiendo que algunos de estos logros se han mantenido ya en democracia y otros desgraciadamente no.

Desde mi punto de vista así es. Y es algo que no alcanzo a entender porque estamos hablando de política social. Franco, en este sentido, jamás fue un sectario. Al contrario. Todo el mundo sabe que Franco no fue nunca, ni quiso serlo, un ideólogo. Franco no era Mussolini o José Antonio, o el inductor del New Deal –convendría repasar algo la influencia de algunos elementos americanos que se pasa por alto–. Lo que sí fue, al menos desde mi aproximación al personaje, es un hombre que, con altura de estadista, hace síntesis, incorpora a su proyecto cuanto considera positivo y le da igual de dónde viniera. Esto es algo que yo explico en el libro: Franco no inventa sino que transforma y hace posible. Algo que me parece más importante porque los ideólogos viven en torres ebúrneas, hacen planteamientos metapolíticos como sucede hoy, pero rara vez bajan a mancharse con el barro.

Verá. El constitucionalismo social es algo que se asume en los años de entreguerras. Está en la legislación de los países democráticos, en Mussolini, en la Alemania de Hitler o en la Rusia de Stalin. En nuestro caso ese constitucionalismo social es una aportación a la Constitución de 1931, la de la II República, por parte del PSOE y de Largo Caballero. Se proclaman una serie de derechos, se anuncia que se llevarán a la práctica pero ni todos se implementaron ni todos tuvieron alguna aplicación práctica. ¿Qué hace Franco? Los asume y los intenta llevar a la práctica desde el minuto uno. Esto le diferencia, y mucho, del resto de los generales sublevados en 1936. Es lo mismo que hace cuando se impone el abordar un planteamiento renovado de los seguros sociales. Es algo propio del período de entreguerras en el replanteamiento. Y se estudian las propuestas que estaban sobre la mesa en plena II Guerra Mundial, sobre todo la británica. Ello dará origen a lo que hoy se entiende por Seguridad Social –no se puede utilizar el término más que como lejana raíz adjudicándolo a los tímidos, pobres y no obligatorios seguros que arrancan en el reinado de Alfonso XIII–. La Seguridad Social actual nace con Francisco Franco, es su creador e impulsor, y la que hoy tenemos no es más que la continuidad de ella. Lo creado en el régimen de Franco es el gran armazón de nuestro sistema sanitario.

La continuidad es algo que no se pude negar, como la hubo en el cambio del modelo educativo con la expansión de la enseñanza obligatoria y gratuita que es la misma hoy que la que existía con la Ley de 1970 -en ella ya se asumía que el nuevo Bachillerato, el BUP, sería gratuito para 1980-; aunque debo señalar que particularmente todas las reformas posteriores a la ley de 1970 han sido un fracaso creando un problema en nuestro modelo educativo que no parece que vaya a solucionarse bajo la premisa de un falso igualitarismo y de satisfacer las necesidades laborales del mercado y ya sabemos cómo está el mercado laboral español y qué sectores demandan gran cantidad de mano de obra.

Cierto es que otras cosas se han perdido, para perjuicio de la “gente”, de las “clases populares”. España carece hoy de política familiar, somos uno de los países con menor inversión en familia. En el Régimen de Franco existían las prestaciones por matrimonio, hijos, nupcialidad… Inexplicablemente fueron eliminadas por el primer gobierno socialista de Felipe González en un tiempo, además, de crisis económica. Es curioso pero Franco las puso en pie en un periodo de crisis económica como subsidios antes de ser prestación. También hemos asistido al abandono del modelo de acceso a la vivienda que el régimen de Franco crea a finales de los años cincuenta con la intención de hacer posible la vivienda en propiedad; anteriormente se inclinó por la vivienda en alquiler, pero con alquileres tasados que impedían la especulación y hacían posible el derecho a la vivienda. Podría seguir enumerando errores o cambios de política que me parecen un error. No entiendo por qué se decidió poner fin a todo el modelo de Educación y Descanso que iba destinado a la “gente” a las “clases populares”. Algún día habrá que investigar cómo se vendió, tras el abandono, parte de las infraestructuras y otras se dejaron caer.

-Qué le parece que desde algunos medios, como la Sexta, se hable de que es mentira que Franco hiciera todo lo que usted apunta amparándose en los listados que corren por la red.

Me han hecho en alguna ocasión esa pregunta y siempre digo lo mismo: contradecir a un manipulador es inútil y yo no discuto con tontos. Da igual que le dejes caer en el pie los tomos del Boletín Oficial del Estado a ver si así, por el grito de dolor, se convence. Cobran a final de mes por decir eso. Luego hay algún tonto que lo difunde en ámbitos que deberían decir lo contrario para blanquearse a sí mismo o a la corriente ideológica que dice compartir.

Si no fueran tan ignorantes, unos u otros, sabrían que Franco no se adjudicaba méritos. Solo llevaba a la práctica, hacía realidad lo proyectado y lo mejoraba si así se lo proponían (el Plan Badajoz es un ejemplo). Hay algún tonto que hasta dice que la Seguridad Social actual se crea con el INP en tiempos de Alfonso XIII, como si las coberturas y la concepción tuvieran algo que ver, es un ejercicio de manipulación. Los hay que se enredan con las vacaciones pagadas porque se lían entre días hábiles, jornadas, días feriados y negociaciones de convenio.

¿Y Franco qué decía de esto? –permítame la broma–-. Si leyeran más a Franco, yo dedico espacio en el libro a reflejar lo que pensaba, sabrían que él rara vez decía que los logros eran obra suya. Lo habitual era decir que eran obra del pueblo español. Le reventaba aquello del “milagro español” –curioso cuando ahora dicen que él lo inventó para cubrir su inexistencia– que otros comentaban, él decía que no existía tal milagro, que era fruto del trabajo. El problema es que hay mucho tonto con balcones opinando o escribiendo.

-Hay un debate, no sé si histórico o político, sobre el origen de esta faz social del régimen de Franco y su paternidad. Por un lado estaban los falangistas, el nacionalsindicalismo, por otra los católicos.

Hay personas empeñadas en afirmar el enfrentamiento, en, por interés político actual, lo que es bastante tonto, buscar interpretaciones que les blanqueen en la actualidad. Voy a dejar a un lado la intención, pero sí dejar constancia de ella.

Mire usted, Franco, que siempre fue el último punto de decisión, se manifestó por la conjunción de las tesis de José Antonio, de los conceptos de José Antonio, con la Doctrina Social de la Iglesia. Toda la legislación social tiene esa inspiración en la DSI, pero también la tenía el pensamiento de José Antonio. Confió durante todo el tiempo las áreas sociales a ministros falangistas: a los históricos en las primeras décadas y a la segunda generación después. Ahora bien, suele coincidir en casi todos ellos tanto la raíz falangista como la católica. Franco reiteró, una y otra vez, que sobre todo estaría la Cruz y lo hizo realidad. Toda la legislación social del régimen de Franco está en consonancia con lo que era la Doctrina Social de la Iglesia. En este sentido el régimen español fue un laboratorio en potencia.

-¿Con Franco se vivía mejor?

Le confieso que es una pregunta que me parece fuera de la realidad porque implica una valoración ucrónica. Tenía cierto sentido la pregunta en la segunda mitad de los setenta, una vez muerto Franco, dado que los españoles percibieron que estaban perdiendo parte de lo alcanzado. La crisis, en parte fruto de la desastrosa gestión de los gobiernos de Adolfo Suárez, implicó una paralización y un retroceso en la convergencia con Europa alcanzada; los primeros gobiernos de González dieron una de cal y otra de arena en el ámbito social eliminando logros que debían de haberse preservado. No era extraña entonces la frase de “Con Franco vivíamos mejor” y en el libro se hace referencia a esta cuestión y a los retrocesos denunciados por parte de la izquierda.

Hoy, 43 años después, con lo que ha cambiado lo que se considera como “mejor”, carece de sentido plantearla. Sobre todo porque lo que se percibe como “mejor” son los progresos materiales. De ahí la tontería sobre que era una España en blanco y negro y ahora es en color. Pero no quiero que parezca que rehuyo la pregunta.

Desde un punto de vista social o laboral, que es lo que yo analizo en el libro y no otros aspectos, valorándolo como analista y no como historiador, creo que hay cosas que estaban mejor y que no entiendo por qué no se han mantenido.

Nuestro PIB era mejor al contar con mayor base industrial y esto es algo que debiera recuperarse cuando parece que los sucesivos gobiernos que hemos tenido optaron por no luchar contra su disminución, un cambio que es responsable en parte de nuestro alto paro estructural y de los toboganes de nuestro mercado. Estimo que es mejor un modelo que tiende a la ampliación de las clases medias, que es lo que hizo Franco, y no a su erosión como está sucediendo en los últimos años, al contrario que hicieron los gobiernos que siguieron a la muerte de Franco que en esto fueron continuistas. Lo que sí era mejor era la política familiar existente frente a la actual que yo calificaría de inexistente, o cuanto menos reducida. Si nos situamos en la coyuntura actual creo que la gran diferencia sería el optimismo social de finales del Régimen frente al pesimismo actual… Frente a ello me parece poco argumento afirmar que todo se cubre o compensa recordando que era una dictadura para ocultar los errores cometidos.

-¿Era necesario un libro denso, como el suyo, para profundizar en la obra social de Franco?

La respuesta obviamente es que sí. Denso por naturaleza del objeto de análisis. Pero también tengo que decirle que corto pese a sus más de 300 páginas. Me he dejado otras doscientas que yo juzgo necesarias. No sé si tendría que escribir Franco Socialista II…

-Tendremos que recoger la idea.

No me tiente.

-¿Qué le diría al posible comprador o al interesado?

Me permite que aproveche este espacio para la publicidad. Como es lógico un libro como este no tiene publicidad en los grandes canales mediáticos. Es un libro de catacumba, casi subversivo y que no sé si tal como van las cosas sería prohibido. Críticas he tenido muy pocas, alguna del sector que no es la izquierda que ha guardado silencio, entre otras razones porque tendría que afirmar que lo hecho fue contra los trabajadores y sería una incoherencia cuando la izquierda, los sindicatos, llevan protestando cuarenta años contra los recortes. Y los recortes son siempre con respecto a lo que se tiene y te quitan.

Por eso le pido a los lectores, que ya son muchos, que hagan la publicidad del boca a boca; que si tienen posibilidades regalen el libro –ahora que estamos en estas fechas es un buen regalo-, que lo adquieren y lo donen a la biblioteca más cercana para que lo puedan conocer otros.

A quienes quieran saber más de Francisco Franco y no se dejen seducir por la publicidad, incluso la de medios conservadores, que lo lean porque les presenta una figura distinta al cliché habitual, ese que quiere imponer la mal llamada “memoria histórica”.

Javier Navascués Pérez

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Javier Navascués Pérez
Director de Hispanidad Católica. Periodista, guionista, presentador y speaker. Colaborador de Agnus Dei Prod y de Militia Dei Prod. Ha participado en diversos medios de comunicación católicos (EWTN, Radio María, Canal San José, NSE,…) Fue Director de Adelante la Fe. Actualmente tiene un blog en Infocátólica y es redactor en medios como  el Diestro, el Correo de Madrid, Diario Ya, Somatemps, Ahora Información y el Español Digital entre otros....