Santa Brígida, reina medieval de Suecia, Santa Isabel de Hungría y Santa Matilde tuvieron el privilegio de recibir importantes revelaciones de Cristo y de María.

Nuestro Señor les reveló entre otras cosas los fundamentos de una devoción sencilla y poderosa (y plenamente aprobada por la Iglesia): La devoción a las gotas de sangre derramadas por Nuestro Señor durante su Pasión. Según le reveló fueron exactamente 28.430 gotas.

La devoción consiste en lo siguiente:

Todo fiel que recite durante 3 años, cada día, dos Padrenuestros, dos Avemarías y dos Glorias al Padre etc, en honor de las gotas de sangre que perdió Nuestro Señor, recibirá estas cinco gracias:

1 La indulgencia plenaria y remisión de sus pecados.
2 Serán liberados de las penas del Purgatorio.
3 Si muriesen antes de completar los 3 años señalados, será igual que si los hubieran completado.
4 A la hora de su muerte, será como si hubiesen derramado toda su sangre por la Santa Fé.
5 Yo mismo, descenderé del cielo a llevar su alma conmigo. Haré lo mismo con sus familiares, hasta la cuarta generación

Cristo les reveló a las citadas santas en relación a su Pasión datos muy interesantes, que nos deben hacer reflexionar sobre el gran amor que nos tiene, pues todo lo soportó por nuestra salvación. De todo ello fue testigo la Santísima Virgen, lo que le causó un dolor tan grande que es justamente considerada como Corredentora de la Humanidad.

-Los soldados que acompañaron a Nuestro Señor al Calvario fueron 150.
-Los que lo siguieron cuando fue atado 23. Previamente los latigazos que sufrió fueron más de 3000.
-Recibió 150 golpes en la cabeza.
-Golpes en el estómago 108.
-Escupitajos en la cara 180.
-Golpes en el cuerpo 6666.
-Picaduras de espinas en la cabeza 110.
-Se burlaron de Él 1008 personas.
-Le punzaron con arbustos espinosos 72 veces.

Rafael María Molina.

1 Comentario

  1. Imitación de María

    “¡Oh piadosa Madre de Dios!, Virgen María, te ruego me seas propicia: cancela todos mis vicios con tus dolores y con tu devotísima intercesión. Carísima María, socorre mi alma en la última hora de mi vida, y acude con la multitud de los ángeles y de los santos a defenderme contra los terrores del enemigo y los sufrimientos del infierno. Acuérdate de la sangre preciosa e inocente en la muerte de tu amado Hijo Jesucristo, sufrida a causa de mí, pecador; de su costado herido y de todas las lágrimas que derramaste en tu entera vida; y ten compasión de mí. A ti suspiro, en tus méritos confío, “oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María”, Amén.”

    ? Tomás de Kempis

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