“Cuando hay que descubrir un Nuevo Mundo
o hay que domar al moro,
o hay que medir el cinturón de oro
del Ecuador, o alzar sobre el profundo
espanto del error negro que pesa
sobre la Cristiandad, el pensamiento
que es amor en Teresa
y es claridad en Trento,
cuando hay que consumar la maravilla
de alguna nueva hazaña, los ángeles que están junto a su Silla,
miran a Dios… y piensan en España.”

(J.M. Pemán, Poema de la Bestia y el Angel, fragm.)

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  1. ?? ORACIÓN POR ESPAÑA
     
    Señor Jesús, en esta hora de profunda confusión y de gran preocupación por nuestra nación, queremos darte gracias por la predilección que nos has mostrado desde que nos llamaste a la fe en los comienzos de la predicación cristiana. Tu Apóstol Santiago trajo hasta nosotros la luz de la verdad y el fuego de tu amor. Desde entonces, tu luz y tu fuego han acompañado nuestra andadura por los intrincados caminos de la Historia.

    Ha sido enorme la misión que has confiado a España durante estos dos mil años:

    Ser testigo de la fe hasta el martirio en los tiempos de la persecución romana. Defender la fe durante 800 años de dominación musulmana, con el testimonio también de numerosos de mártires. Hacer llegar esa luz de la fe a un continente entero que no te conocía y que hoy en su mayoría te reza en español, en la aventura misionera más grande de todos los tiempos. Hacerla brillar hasta el Oriente lejano, en Filipinas o en China, desde el siglo XVI. Purificarla, reformarla y elevarla a las cumbres de la vida mística con santos tan grandes como Santo Domingo de Guzmán, Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier o San Francisco de Borja. Defenderla de las desviaciones heréticas, siendo luz de tu Iglesia en el Concilio de Trento y disponiendo todos los recursos para recuperar la unidad de la fe en los países alcanzados por la herejía. Defender de nuevo la fe cuando se nos quiso imponer una concepción de la vida sin Dios, emanada de una terrible revolución que expulsó sangrientamente a Dios de Francia y que quiso privarnos de nuestra soberanía para asimilarnos a su modo de vida sin Dios. Volver a testimoniar y a defender la fe ante la agresión que sufrió España en la persecución más intensa que ha padecido tu Iglesia en toda su historia, durante la revolución marxista en los años treinta del siglo XX. Nuestros miles de mártires nos recuerdan esa epopeya de amor y de sacrificio, y su sangre intercede por nosotros.

    Queremos darte gracias por esta historia de bendición y de predilección y por habernos permitido servir a tu Reino.

    Pero también queremos pedirte perdón porque:

    – no todas las páginas de nuestra historia han sido luminosas,
    – no siempre hemos sido fieles a tu predilección,
    – nos hemos olvidado de ti, no te hemos adorado y hemos vivido como si no existieras, y hemos sido lentos para corresponderte,
    – hemos buscado nuestro propio interés,
    – hemos adorado los ídolos del placer, del tener y del poder, que nos ofrece este mundo, 
    – no hemos sabido amarnos en nuestras familias, hoy muchas de ellas sufren profundas divisiones y hemos llamado familia a lo que  no era,
    – no hemos sabido respetar ni acoger el don de la vida, la sangre del casi un millón de hijos de Dios inocentes a los que les hemos negado el derecho de nacer está reclamando justicia ante el tribunal de Dios,
    – el sufrimiento de los pobres y de tantas miles de familias que viven en el umbral de la pobreza o llegan con dificultad a fin de mes está clamado al Cielo,
    – lo mismo que la corrupción moral que se extiende en toda la sociedad empezando por los que deberían ser ejemplo por la función de servidores públicos que desempeñan;
    – lo que Tú aborreces lo hemos considerado no grave, no hemos respetado y hecho respetar tus mandamientos.

    ¡Te pedimos perdón!

    ¡Alcánzanos, Señor, la gracia de la conversión, de cambiar la dirección de nuestros pasos, desandar el camino recorrido y de volver a Ti!

    Señor Jesús, en esta hora difícil para nuestra  nación, de corrupción moral, de convulsión política, de incertidumbre y de preocupación, volvemos nuestra mirada hacia Ti.

    Tú eres nuestra única esperanza.

    Confiamos en Ti.

    Tú estás con nosotros.

    En tus sacramentos y en la oración nos concedes la fuerza y la paz que necesitamos de Ti.

    Danos valentía para ser tus testigos, paciencia y fortaleza en los sufrimientos que tengamos que afrontar, y un amor hasta el sacrificio por todos, también por aquellos que se consideren nuestros enemigos sin que nosotros los tengamos como tales.

    Creemos que así, venciendo el mal con el bien, el odio con el amor, la venganza con el perdón, vendrá a nosotros el esperado Reino de tu Corazón, cumplimiento de esa Gran Promesa que, a principios del siglo XVIII, nos hiciste en Valladolid por medio de tu siervo fiel el beato Bernardo de Hoyos: Reinaré en España con especial predilección.

    Sagrado Corazón de Jesús, en Ti confío.

    Sagrado Corazón de Jesús, concédenos ver el cumplimiento de tu Gran Promesa.

    Madre Inmaculada, Patrona de España, ruega por nosotros.

    Santiago Apóstol, protege a tu nación.

    Santos y mártires de España, rogad por vuestra nación.

     

  2. España, apelo a una imagen conocida, respira por dos pulmones, el de ella misma y el del Nuevo Mundo. No hay nación, ni la hubo que ofrezca algo semejante. Que viva en dos Continentes separados por el océano, que abarque dos pueblos, el uno hijo del otro, unidos por una historia común, la de España y la del Nuevo Mundo, y por una misma Fe católica. Estamos viviendo tiempos decisivos, en los que la Virgen ha asumido la conducción de la más grande ofensiva contra las hordas del infierno. Nuestro deber queda comprometido por nuestra Madre, debemos secundar su ejército invencible. Este debe ser nuestro estandarte. María nos lo pide, Cristo nos lo manda.

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