La gran santa del siglo XVI, Teresa de Ávila era una religiosa y teóloga carmelita. Es una de los 35 doctores de la Iglesia. Su libro “El castillo interior” está considerado uno de los textos más importantes sobre la vida espiritual. En su autobiografía, la santa describe una visión del infierno que creía que Dios le había concedido para ayudarla a alejarse de sus pecados.

“La entrada me parecía un callejón largo y estrecho, como un horno muy bajo, oscuro y angosto; el suelo, un lodo de suciedad y de un olor a alcantarilla en la que había una gran cantidad de reptiles repugnantes. En la pared del fondo había una cavidad como de un armario pequeño encastrado en el muro, donde me sentí encerrar en un espacio muy estrecho. Pero todo esto era un espectáculo agradable en comparación con lo que tuve que sufrir” […].

“Lo que estoy a punto de decir, sin embargo, me parece que no se pueda ni siquiera describirlo ni entenderlo: sentía en el alma un fuego de tal violencia que no se como poderlo referir; el cuerpo estaba atormentado por intolerables dolores que, incluso habiendo sufrido en esta vida algunos graves […] todo es incomparable con lo que sufrí allí entonces, sobre todo al pensar que estos tormentos no terminarían nunca y no darían tregua”.
[…].

“Estaba en un lugar pestilente, sin esperanza alguna de consuelo, sin la posibilidad de sentarme y extender los miembros, encerrada como estaba en esa especie de hueco en el muro. Las misas paredes, horribles a la vista, se me venían encima como sofocándome. No había luz, sino unas tinieblas densísimas” […].

“Pero a continuación tuve una visión de cosas espantosas, entre ellas el castigo de algunos vicios. Al verlos, me parecían mucho más terribles […]. Oír hablar del infierno no es nada, como tampoco el hecho de que haya meditado algunas veces sobre los distintos tormentos que procura (aunque pocas veces, pues la vía del temor no está hecha para mi alma) y con las que los demonios torturan a los condenados y sobre otros que he leído en los libros; no es nada, repito, frente a esta pena, es una cosa bien distinta. Es la misma diferencia que hay entre un retrato y la realidad; quemarse en nuestro fuego es bien poca cosa frente al tormento del fuego infernal. Me quedé espantada y lo sigo estando ahora mientras escribo, a pesar de que hayan pasado casi seis años, hasta el punto de sentirme helar de terror aquí mismo, donde estoy” […].

“Esta visión me procuró también una grandísima pena ante el pensamiento de las muchas almas que se condenan (especialmente las de los luteranos que por el bautismo eran ya miembros de la Iglesia) y un vivo impulso de serles útil, estando, creo, fuera de dudas de que, por liberar a una sola de aquellos tremendos tormentos, estaría dispuesta a afrontar mil muertes de buen grado” […].

2 Comentarios

  1. Mensaje del LIBRO DE LA VERDAD de Nuestro Señor:

    Sábado, 24 de Septiembre del 2011

    ¿Por qué la gente se empeña en poner en duda la existencia del infierno? Muchos de Mis hijos, que se consideran modernos en su forma de pensar, rechazan públicamente la existencia del infierno, cuando anuncian en público su fe en Dios, Padre Eterno. Conducen a Mis hijos al error, cuando utilizan la excusa de que Dios es siempre misericordioso. Convenciendo a Mis hijos de que todos van al Cielo, sin querer, cargan con la responsabilidad de todos aquellos que siguen su falsa doctrina.

    Satanás existe y por consiguiente hay infierno. El infierno es un lugar hacia el que Satanás lleva a aquellas almas que le manifiestan lealtad en la Tierra. Estas son las almas que apartan cualquier pensamiento sobre Dios y promueven la aceptación de actos diabólicos en el mundo. En algunos casos, algunos hombres pueden vender incluso su alma a Satanás, a cambio de una vida de riqueza, fama y poder. Muchas personas de la industria musical han hecho esto durante años. Se le da poca importancia a la forma en la que surge esta lealtad, muy a menudo a través de la iniciación en grupo, efectuada mediante prácticas ocultas.

    Por otro lado, están los que creen llevar una vida llena de diversión y libre de preocupaciones, una vida en la que están constantemente aspirando a la autocomplacencia. Estas son precisamente aquellas almas que, cuando llegan a las puertas del infierno, se conmocionan y sacuden la cabeza a la vista del destino que les espera. No pueden imaginarse que este horror que está frente a ellos, viene de su propio obrar. La libertad que se les dio sobre la Tierra la usaron mal para hacer todo lo que ofende a Dios.

    Hijos Míos, os pido que expliquéis el horror del infierno a aquellos que están ciegos frente a la existencia de Satanás, no importa si se ríen de vosotros o si os insultan. Es vuestra obligación prevenirles ante el terrible destino que espera a toda pobre alma que termina allí.

    A los ateos, que en su lecho de muerte creen que su sufrimiento acabará con su último suspiro, escuchadme ahora. A aquéllos de vosotros que negáis la existencia de Dios sobre esta Tierra, aunque durante vuestra vida os haya sido revelada la verdad, os digo: Vuestro sufrimiento en el fuego del infierno será solo el comienzo de vuestra condenación eterna. Vosotros, Mis pobres almas, que pecáis gravemente por vuestra propia voluntad libre, me rechazáis y elegís en Mi lugar a Satanás. Él os espera después de la muerte. No podréis encontrarme a Mí en ningún sitio, pues entonces será demasiado tarde, para mostraros Mi Misericordia.

    Rezad, rezad todos vosotros. Así podremos salvar juntos a estas almas. A Satanás no le será permitido robar sus almas. Ayudadme a salvarlas, mientras vivan sobre la Tierra.

    Vuestro Amado Jesús

    Leer más: http://m.elgranaviso-mensajes.com/news/a24-sep-2011/

  2. Imitación de María

    “¡Oh piadosa Madre de Dios!, Virgen María, te ruego me seas propicia: cancela todos mis vicios con tus dolores y con tu devotísima intercesión. Carísima María, socorre mi alma en la última hora de mi vida, y acude con la multitud de los ángeles y de los santos a defenderme contra los terrores del enemigo y los sufrimientos del infierno. Acuérdate de la sangre preciosa e inocente en la muerte de tu amado Hijo Jesucristo, sufrida a causa de mí, pecador; de su costado herido y de todas las lágrimas que derramaste en tu entera vida; y ten compasión de mí. A ti suspiro, en tus méritos confío, “oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María”, Amén.”

    ? Tomás de Kempis

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