Los fariseos murmuraban: Este (Jesús) no expulsa los demonios sino por Beelzebul, príncipe de los demonios. En esa cerrazón a la gracia y tergiversación de los hechos sobrenaturales consiste la blasfemia imperdonable contra el Espíritu Santo: en excluir la misma fuente del perdón. Todo pecado, por grande que sea, puede ser perdonado, porque la misericordia de Dios es infinita; pero para que se otorgue ese perdón divino es necesario reconocer el pecado y creer en el perdón y en la misericordia del Señor, cercano siempre a nuestra vida. La cerrazón de aquellos fariseos impedía que la poderosa acción divina llegara hasta ellos.

Jesús llama a esta actitud pecado contra el Espíritu Santo. Y es imperdonable, no tanto por su gravedad y malicia, sino por la disposición interna de la voluntad, que anula toda posibilidad para el arrepentimiento. El que peca así, se sitúa, él mismo, fuera del perdón divino.

Meditemos en la extrema gravedad de esta actitud ante la gracia, que lleva consigo una deformación de la conciencia, pues «la blasfemia contra el Espíritu Santo es el pecado cometido por el hombre que reivindica un pretendido “derecho a perseverar en el mal” –en cualquier pecado– y rechaza la Redención. El hombre encerrado en el pecado, haciendo imposible por su parte la conversión y, por consiguiente, también la remisión de sus pecados, que considera no esencial o sin importancia para su vida».

Nosotros le pedirnos hoy al Señor una radical sinceridad y una verdadera humildad para reconocer nuestras faltas y pecados, también los veniales, que no nos acostumbremos a ellos, que seamos rápidos en acudir a Él y que nos perdone y deje nuestro corazón sensible a la acción del Espíritu Santo. Y a Nuestra Señora le pedimos el santo temor de Dios para no perder nunca el sentido del pecado, y la conciencia de los propios errores y flaquezas.

En todas las acciones de Jesús está presente el Espíritu, pero será en la Última Cena cuando el Señor hable de Él con más claridad, como de una Persona distinta del Padre y del Hijo, y muy cercano a la Redención del mundo. Jesús se refiere a Él como a un paráclito o consejero, esto es, un abogado y confortador El Espíritu Santo tiene por eso una particular misión en lo que se refiere al juicio de la propia conciencia y a ese otro juicio tan especial de la Confesión, en el que el reo sale absuelto para siempre de sus culpas y lleno de una riqueza nueva.

La misericordia divina, que se ejerce por esta acción misteriosa y salvífica del Espíritu Santo, «encuentra en el hombre que se halla en esta condición (de falta de apertura a la acción de la gracia) una resistencia interior, como una impermeabilidad de la conciencia, un estado de ánimo que podría decirse consolidado en razón de una libre elección: es lo que la Sagrada Escritura suele llamar dureza de corazón (cfr. Sal 81, 13; Jer 7, 24; Mc 3, 5). En nuestro tiempo a esta actitud de mente y corazón corresponde quizá la pérdida del sentido del pecado».

Lo contrario a la dureza de corazón es la delicadeza de conciencia, que tiene el alma cuando aborrece todo pecado, incluso venial, y procura ser dócil a las inspiraciones y gracias del Espíritu Santo, que son incontables a lo largo del día.

La suciedad de los pecados necesita un término de referencia, y este es la santidad de Dios. El cristiano solo percibe el desamor cuando considera el amor de Cristo. De otro modo justificará fácilmente todas sus debilidades. Señor, Tú sabes todas las cosas, Tú sabes que te amo. Así acudiremos al Señor con un acto de amor, cuando no hayamos correspondido al suyo. La contrición da al alma una gran fortaleza, devuelve la esperanza y proporciona una particular delicadeza para oír y entender a Dios.

Pidamos con frecuencia a Nuestra Madre Santa María, que tan dócil fue a las mociones del Espíritu Santo, que nos enseñe a tener una conciencia muy delicada, que no nos acostumbremos al peso del pecado y que sepamos reaccionar con prontitud ante el más pequeño pecado venial deliberado.

2 Comentarios

  1. Mensaje del LIBRO DE LA VERDAD de Nuestro Señor:

    Miércoles 8 de agosto de 2012

    Cuando las personas preguntan qué quiero decir por la Palabra de Dios, déjenme explicar.

    La Palabra de Dios, como está contenida en la Santa Biblia, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, la Palabra de Dios, la Verdad, está siendo dada al mundo a través de estos Mensajes por el Don del Espíritu Santo.

    Estos Mensajes están siendo presentados por la Santísima Trinidad y son los únicos de su tipo jamás entregados a la humanidad por un profeta.

    La razón es que esta es la última Misión, la forma final de Comunicación e Intervención Divina siendo presentada al mundo a causa de Mi Segunda Venida.

    Nunca interfieran con el Poder del Espíritu Santo, ya que esto es un pecado muy serio.

    En estos Mensajes, la Voz del Espíritu Santo está siendo derramada para salvar de la condenación eterna a la humanidad.

    Pueden negarme, a su Jesús, o a los Mensajes Divinos dados a ustedes por Mi amada Madre y serán perdonados.

    Porque todos ustedes tienen el derecho a discernir este tipo de Santos Mensajes gracias al Don de su libre albedrío.

    Sin embargo, cuando rechazan al Espíritu Santo y blasfeman públicamente en contra de Él, este es un pecado eterno y solo un milagro, aprobado por Dios Padre, puede salvar su alma.

    Deben permanecer en silencio si tienen duda sobre cualquier Mensaje Divino dado al mundo y rezar por el vidente. Recen y sigan su fe y continúen con sus maneras de honrar a Dios. Es muy importante que hagan esto.

    Al declarar que la Voz del Espíritu Santo es del mal, ustedes son culpables de una blasfemia de proporciones de tanta magnitud que esto es considerado un pecado imperdonable.

    Necesitan pedir a Dios que los perdone ahora, porque si continuaran montando campañas deliberadas para bloquear la Voz del Espíritu Santo, la Voz de la Santísima Trinidad, y declarar que es un espíritu maligno, ustedes no serán, ni pueden ser perdonados, ya que este es un pecado grave

    Muchos Cristianos bien intencionados despedazan esta Obra. Los Mensajes, ellos dicen, no concuerdan con la Sagrada Escritura.

    Cuando ellos dicen esto, no conocen la Verdad, que está contenida en la Santa Biblia.

    Ellos o atacan estos Mensajes basados en habladurías de otros que afirman conocer la Verdad o los declaran ser mentira basados en su deficiente interpretación de la Verdad.

    Peor aún, ellos tuercen la Verdad y comparan estos Mensajes con nuevas y ridículas interpretaciones de la Santa Biblia.

    Escúchenme ahora, a su Jesús, mientras les digo esto:

    Los sumos sacerdotes en Mi Tiempo en la Tierra trataron de torcer la Verdad de las Leyes de Dios a fin de justificar su rechazo hacia Mí.

    Ellos utilizaron mentiras para impedir que la gente oyera Mi Voz.

    Me declararon un mentiroso, un falso profeta y me acusaron de herejía.

    Yo blasfemé en contra de la Leyes de la Iglesia, dijeron, y violé el Sábado(Sabbath) al efectuar la Cena Pascual en un día diferente al que ellos consideraban ser correcto.

    No solo me malentendieron, ellos rotundamente me rechazaron, porque no estaban preparados para darle la bienvenida al Verdadero Mesías, en ese momento.

    Ellos no estaban preparados.

    Nunca pensaron que presenciarían la llegada del Verdadero Mesías en su tiempo de vida.

    Tan envueltos estaban en sus ceremonias, su reglamentación jerárquica – la cual en ese momento exaltaba a sus líderes y los colocaba sobre pedestales como los verdaderos reyes de su iglesia – que ellos no tenían espacio en sus corazones para Mí, el Redentor de la humanidad.

    Lo mismo sucederá de nuevo a medida que preparo al mundo para Mi Segunda Venida.

    Los Fariseos no pudieron entender la importancia de la humildad.

    No pudieron aceptar cómo trabaja Dios, en que Él no exalta a los poderosos o a los más experimentados líderes religiosos en Su Iglesia, para revelar Sus planes o advertir a Sus hijos.

    Dios eligió a los ignorantes, los humildes y a los generosos de corazón para entregar Sus advertencias a la humanidad.

    Él levantó a los débiles y los eleva, a través del sufrimiento, para volverse puros de corazón para que así Él pueda dirigir cómo Él se comunica con ellos. De esta manera, el orgullo humano, por parte del profeta, es poco probable que interfiera con la Verdad.

    Ellos rechazaron a Juan el Bautista y lo asesinaron. Asesinaron a los profetas antiguos. Atormentaron a almas elegidas, a través de quienes Dios se comunicaba.

    En el mundo de ustedes hoy día, ¿creen que será diferente?

    ¿Aceptarán ustedes, devotos seguidores Míos, y aquellos que afirman ser expertos en Mi iglesia Cristiana u otras iglesias que creen en Mi Padre Eterno, la Palabra de Dios hoy día?

    No. Ustedes harán exactamente a los profetas, a los verdaderos profetas, como ha sido hecho a ellos desde el principio. Ustedes los denigrarán en Nombre de Mi Padre.

    Pero recuerden esto. Cuando la Verdad sea finalmente revelada a ustedes, no habrá vuelta atrás si son encontrados culpables del único pecado eterno. Es decir, si ustedes blasfeman en contra del Espíritu Santo.

    Si blasfemaran en contra de Mí, Jesucristo, ustedes serán perdonados.

    Si niegan el Don de profecía ustedes, también, serán perdonados.

    Pero si bloquean el último Plan de salvación al ridiculizar abiertamente y reuniendo creyentes de Mi Iglesia para consistentemente proclamar que la Voz del Espíritu Santo es falsa y mala, ustedes sufrirán la condenación eterna.

    Vuestro Jesús

    Leer más: http://m.elgranaviso-mensajes.com/news/a08-ago-2012-al-declarar-que-la-voz-del-espiritu-santo-es-del-mal-sois-culpables-de-una-blasfemia-de-proporciones-de-tanta-magnitud/

  2. Siempre me sorprendió este pasaje del Evangelio… finalmente comprendí que El Espíritu Santo les reveló a los fariseos que Jesús era el Mesías, e incluso el mismo Verbo de Dios encarnado, y aún así le difamaron con insultos y mentiras conscientemente. Tuvieron una intuición de quién era realmente Jesús, pero por soberbia, ambición, envidia y propio interés le difamaron llamándole jefe de los demonios, para evitar que el pueblo le siguiera.

    Igual que los demonios no fueron perdonados porque pecaron contra Dios conscientemente y sabiendo al 100% lo que hacían, el que recibe una intuición directa del Espíritu Santo, y aún así a sabiendas peca de rebelión contra Dios, no puede ser perdonado porque su pecado ha sido con el pleno uso de su voluntad, ha tenido toda la certeza y todo el conocimento a tavés de su intuición, pero ha escogido plenamente su opción de odio y rebeldía a Dios.

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