¡VIVA LA HISPANIDAD, ABAJO LA LEYENDA NEGRA!

2 Comentarios

  1. España traicionó su misión trascendental aquel día nefasto en que votó su capitulación, aquel día en que entregó la soberanía nacional a una casta de aduladores de lengua viperina que se repartieron el pastel y nos vendieron un cuento de libertades y democracia mientras saltaban por los aires los pilares que nos unían como Nación.

    Las Sagradas Escrituras nos enseñan de manera clara lo que pasa cuando un pueblo pierde su Fe y se entrega a la aberración y a la Apostasía, cuando el pueblo de Israel dejó de cumplir su Misión transcendente, Dios lo desterró entre las Naciones y los entregó al castigo y al sufrimiento, su Nación desapareció y su Templo fue demolido, esta sabia lección debe servir para entender, que España será católica o no será, que o España vuelve a su papel tradicional que ha jugado a lo largo de su historia o España desaparecerá como Nación y atraerá la justicia divina sobre su suelo. Confiemos en que la Misericordia del Salvador mire con ojos piadosos a esta Patria y a ésta Hispanidad que ha extraviado el sendero en su propio caminar.

  2. Quinientos años son como un día, dice la Escritura. La voluntad expresada por nuestra Reina Isabel La Católica tiene la fuerza que se funda en la verdad y en el amor por cumplir el designio al que se sentía llamada. Este designio que Dios confió a la Reina fue fijado por Él, no por la persona humana de Isabel. De ahí su fuerza imprescriptible. La hispanidad católica ha recibido este testamento como dictado por la inspiración de Dios que quiso hacer de España y del mundo hispánico un instrumento que ayudara a avanzar en la dirección del Reino. Hoy debemos asumirlo como propio, y confiar su ejecución a la Virgen que prepara el camino al Reino glorioso de Cristo. El Testamento real proyecta su intención más allá de las fronteras del mundo hispánico, aún si la Reina no lo hubiera previsto, por cuanto el orden cristiano es necesariamente un orden en expansión, el bien es difusivo, el amor no tiene fronteras. La hispanidad católica, heredera de tales propósitos, no puede renunciar a esa vocación universal. Es su sustancia.

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