Por la indigencia de mamá y de papá, por la ruina del molino, por el vino del cansancio, por las ovejas con roña: gracias, Dios mío. Por el Procurador, el Comisario y los Gendarmes, por las duras palabras del párroco Don Peyramale.

Por los días en que viniste, Virgen María, y por los días que no viniste, no sabré darte las gracias más que en el Paraíso. Pero por las burlas y los ultrajes, por quienes me han tomado por loca, por quienes me han considerado mentirosa, por quienes me han tachado de interesada, gracias, Virgen Santa.

Por la ortografía que nunca he sabido, por la memoria que nunca he tenido, por mi ignorancia y mi estupidez, gracias. Gracias, porque si hubiera habido en la tierra una niña más estúpida que yo, la habrías escogido a ella.

Por mi madre que murió lejos de mí, por la pena que sentí cuando mi padre, en vez de abrir los brazos a su pequeña Bernadette, me llamó Sor Marie Bernarde: gracias, Jesús. Gracias por haber saciado de amargura este corazón demasiado tierno que me has dado; por la Madre Josefina que me ha proclamado una inútil. Gracias.

Por los sarcasmos de la madre Maestra, por su dura voz, sus injusticias, sus ironías, y por el pan de la humillación, gracias. Gracias por haber sido aquella a quien la Madre Teresa podía decir: “No sé cómo te las apañas para combinar tantos desastres”. Gracias por haber tenido el privilegio de los reproches, por ser aquella de quien las otras hermanas de comunidad decían: “¡Qué suerte no ser como Bernardette”.

Gracias por haber sido Bernadette, amenazada de cárcel porque te había visto, Virgen Santa. Mirada por la gente como un bicho raro, esa Bernadette tan mezquina, que al verla se decía: “Pero ¿quién es esa?”.

Por este mísero cuerpo que me has dado, por esta enfermedad de fuego y de humo, por mis carnes que se están pudriendo, por mis huesos llenos de caries, por mis sudores, mi fiebre, mis dolores sordos y agudos, gracias, Dios mío.

Por esta alma que me has dado, por el desierto de la aridez interior, por tu noche y tus relámpagos, por tus silencios y tus rayos; por todo, por Ti, ausente y presente, gracias; gracias, ¡oh, Jesús!

1 Comentario

  1. Mensaje del LIBRO DE LA VERDAD de Nuestro Señor:

    Lunes 28 de noviembre del 2011

    Mi muy querida bienamada hija, debes recordar que cuando estás a Mi servicio, tu vida será siempre una cama de espinas.

    Nada será fácil, pero conoce que cuando eres un alma elegida, esto no viene sin sacrificio. En este trayecto que emprendes al caminar a Mi lado, serás escupida, tropezada, burlada, pateada y atormentada, cuando menos lo esperes. Todos aquellos que abiertamente proclaman Mi Palabra, sufrirán también las mismas indignidades.

    Sin embargo, no será hasta que aceptes estas humillaciones y pruebas, como parte de la cruz que cargas cuando decidiste trabajar para Mí, que madurarás hacia la perfección espiritual esperada de ti.

    Acepta hija Mía, las humillaciones, los dolores y sufrimientos lanzados en tu camino. Seguramente a estas alturas, tú y todos Mis bienamados soldados, quienes aceptan Mis Sacratísimas instrucciones a través de estos mensajes, deben saber que soy Yo Quien camina a su lado.

    Su amado Salvador

    Jesucristo

    Leer más: http://m.elgranaviso-mensajes.com/news/a28-nov-2011-1-2-/

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