¿Qué es un “alma Eucarística”?

Quien posee un alma eucarística sabe que el Señor de la Eucaristía es el Resucitado que sigue viviente entre nosotros

Con “alma Eucarística” queremos decir una persona, hombre o mujer, con alma eucarística. Diríamos: una persona eucarística.

¿Qué características tiene una persona así?

Fundamentalmente, una persona eucarística sabe que en los dones consagrados, ya sea el pan o el vino, se encuentra la Persona amantísima de Jesucristo Nuestro Señor. Sabe que en el pan consagrado se encuentra el Cuerpo Divino del Señor y que en el vino consagrado se encuentra su Sangre; pero que en ambos, juntos o por separado, se encuentra totalmene la Divina Persona del Señor Jesús, con toda su divinidad, con todo su poder y toda su gloria, como está en el cielo, participando de la unidad trinitaria, como Dios Hijo. Esto es la Eucaristía.

¿Qué es lo que hace que esta persona se dé cuenta de esta maravilla obrada por nuestro Dios?

… La Gracia. Esa comunicación permanente del hombre y la mujer con Dios que hace que se den cuenta de eso que a otros les está vedado: “Dentro de poco, los que son del mundo ya no me verán; pero ustedes me verán y vivirán porque Yo vivo” (Jn 14, 19). El Señor Jesús lo ha dicho antes de su crucifixión redentora.

– Quien posee una alma eucarística no es del mundo, es de Dios. Permanece en estado de gracia siempre, y esto le impulsa a buscar contínuamente cumplir con los deseos del Señor presente en la Eucaristía, del Emmanuel, Dios-con-nosotros.

– Quien posee un alma eucarística, con potente impulso es lanzado a proclamar la gloria del Señor por el mundo, anunciando su muerte redentora pero también proclamado su resurrección; porque es el Resucitado quien que nos acompaña, en la Eucaristía, en nuestro paso por el mundo.

– Quien posee un alma eucarística se caracteriza por su capacidad de asombro ante el Misterio, que no es miedo ni sobresalto sino una conmoción interior ante lo grandioso por la Presencia Eucarística permanente de Nuestro Señor en el Sacramento.

– Quien posee un alma eucarística, igualmente se asombra por la cercanía misteriosa de Nuestro Señor Jesucristo Sacramentado. Cercanía que hace brotar espontáneamente la alabanza desinteresada del adorador para dar gracias por el don recibido y que también suscita abundantes sentimientos de amor hacia Aquel que infinitamente nos ama.

– Quien tiene alma eucarística, en su adoración y oracion ante la presencia del Señor en la Eucaristía experimenta la exigencia del silencio y la contemplación. Llega un momento en que las palabras sobran y solo se da una presencia de dos que se aman.

– Quien posee un alma eucarística, sin embargo querría saber qué dice el Señor de la Eucaristía. Y sabe que esta Presencia Santa le invita a buscar la Palabra de Dios en la Sagrada Escritura donde se encuentra la luz que le ilumina y le hace crecer en su fe en la Eucaristía. Porque el Señor de la Eucaristía nos habla en la Sagrada Escritura y esta Escritura Santa nos habla del mismo Señor.

– Quien posee un alma eucarística sabe que su culto al Señor de la Eucaristía debe ser en Espíritu y en Verdad y no pone obstáculos sino que se dispone abiertamente a dejarse guiar por el Espíritu Santo, para que su adoración al Sacramento Santísimo sea verdadera y su testimonio ante el mundo sea real.

– Quien tiene un alma eucarística, después de asombrarse por el misterio amoroso de Cristo Sacramentado, se siente pobre y humilde. Primero se siente atraído por la inmensidad y grandeza del Misterio Eucarístico y después experimenta su pequeñez e impotencia porque verdaderamente la grandeza de Dios es impresionante.

– Quien posee un alma eucarística vive con la esperanza de un futuro donde podrá contemplar al Señor tal como realmente es, porque ahora solo le ve con los velos de la Eucaristía, que es prenda ( anticipo) de la futura gloria.

– Quien posee un alma eucarística sabe que el Señor de la Eucaristía e s el Resucitado que sigue viviente entre nosotros, para darnos su propia Vida para alimentar nuestra vida y darnos aliento para llevarlo a los demás en un dinamismo evangelizador, para anuciarlo a tiempo y a destiempo entre los demás hombres y mujeres que aún no han descubierto su presencia amorosa en la Eucaristía, como fundamento de la nueva Civilización del Amor.

– El que tiene alma eucarística es un profeta de la Eucaristía.

Eso son, o debieran ser, los adoradores nocturnos del Señor Jesús Sacramentado.