Hay historias que aburren por su tozudez incomprensible contra toda evidencia, legalidad, historia y sentido común ciudadano, como es el caso de este falso problema catalán, inventado por las fuerzas del “poder del rostro oculto” para desmantelar la sagrada nación católica, tierra de María Santísima y reserva espiritual de Occidente.

España y los españoles estamos en el punto de mira de los irredentos enemigos de Dios, del sentido cristiano universal y… de las fronteras de las Patrias.

El sello masónico es innegable por aquello de que “por sus frutos les conoceréis”. Quien no quiera ver la mano negra de este culebrón satánico –rescoldo de negocio de políticos y hoguera de odios cuyo afluente consecuente es la anarquía práctica cuando al faltar la verdadera autoridad, florecen los odios sin sentido, el libertinaje y los parasitismos, en el charco de ranas de las autonomías, los nacionalismos y los separatismos-, es que es ciego o ignorante de la verdadera historia patria. O las dos cosas.

No es el caso del inolvidable 23 –F, pero Tejero por su heroico, patriótico y cristiano gesto de salvaguardar el orden y la vida de inocentes frente al terrorismo –también inoculado por esa odiosa masonería, como ella misma reconoce, como fuente de todos los terrorismos en los “Protocolos de los Sabios de Sión”-, acabó siendo sacrificado por el Rey.

Ni el abogado don Julio Merino, ni el escritor don Fernando Vizcaíno Casas, han dado con el “alma” de ese acontecimiento ya histórico. Solo el inteligente abogado don José Luis Jerez Riesgo acertó en su justísima defensa y le sacó de la cárcel, tras 15 años de vergonzante condena, no para él, sino para quienes se la impusieron, injustamente.

El separatismo catalán, declarado por los citados enemigos de la auténtica España –no todos los catalanes, ya lo sabemos-, sí fue una declaración de golpe de Estado. El 23 – F, en cambio, fue solo un Pronunciamiento Militar a favor del orden, la Justicia y la Unidad de España. Posturas absolutamente opuestas en fines, medios y… en recursos.

El insobornable Teniente Coronel don Antonio Tejero Molina fue el cerebro heroico que saltó contra aquél estado caótico de los años 80, en el nuevo coto sin vallas de los eternos enemigos de nuestra Patria, en la que sin autoridad, ni miedo al castigo en aquel vacío de poder, sembraron el caos y el genocidio de militares y civiles.

Don Antonio Tejero fue la cabeza visible de lo que el Rey sabía y respaldaba para su futuro presidente del gobierno (Alfonso Armada), que iba a poner sin votaciones ni referéndum (luego, ¿quién daba el golpe?), y que Tejero impidió, dando así un contragolpe, por verse traicionado del plan previsto para un gobierno de “salvación nacional”, y no de “concentración nacional”, en el que iban a quedar socialistas, comunistas y una mezcolanza ministerial, quedando todo lo mismo, y encima ponerse “las medallas” de salvador de la democracia, tratando de restablecer el prestigio de aquella monarquía desacreditada tras la burla agresiva que padeció en Guernica.

El hipócrita Borbón metió en la cárcel a sus propios amigos intervinientes en el golpe, para salvar su puesto parasitario, como que nada sabía del asunto…

Mis renovadísimos elogios y gratitudes a mi gran amigo don Antonio Tejero, en nombre de todos los españoles de bien, y a toda su familia, que tan bien conozco, y que con él estuvo en todo momento, como a su hijo Ramón (Moncho), que además de heroico misionero en Perú, ahora es Párroco de Mijas y Totalán, donde preparó la “intendencia” en su salón parroquial par atender a los guardias civiles y mineros asturianos del caso del pozo del niño Julen, y que no ha sido entrevistado ni publicitado por ser… el hijo de Tejero.

Así paga esta demoniocracia a sus fieles patriotas y a quienes testimonian de cualquier modo su sentido católico de la vida y de las virtudes.

Quien no ama a Dios sobre todas las cosas, mal puede amar a la Patria y a la Justicia, y así prolifera esta dictadura del parasitismo. España necesita una voz firme que te diga como a Lázaro: ¡Levántate y… anda!

Jesús Calvo Pérez,
Párroco de Villamuñio (León).