A quien mucho se le dio mucho se le pedirá dice la Sagrada Escritura. Ponen en gran riesgo su salvación aquellos que habiendo recibido muchas gracias y dones como la vocación religiosa los desprecian y abandonan el camino santo emprendido por una vida de placeres, lo que constituye un gran escándalo y hace mucho daño a la santa religión.

De hecho son numerosos los testimonios de santos que han visto a obispos, sacerdotes y religiosos en el infierno. Les presentamos una historia muy triste ocurrida en la Edad Media en Inglaterra, el de una desdichada monja del siglo XIV Juana de Leeds que fingió su propia muerte para escapar de su convento y poder disfrutar de una vida de «lujuria carnal».

Lo más curioso es que la religiosa lo logró orquestando un plan digno de una película de Hitchcock. En el mensaje escrito por el obispo se explica que, «con la ayuda de muchos cómplices y malhechores, creó con malicia un maniquí a la semejanza de su cuerpo» para «engañar a los fieles devotos». «Ella tuvo la desvergüenza de procurar su falso entierro en un espacio sagrado para los religiosos del lugar», añadió el religioso.

En palabras del mismo religioso, «de una manera astuta infeliz, dándole la espalda a la decencia y al bien de la religión», la monja «pervirtió su camino de forma arrogante» y lo cambió por el de «la lujuria carnal, lejos de la pobreza y la obediencia». Y todo ello, tras «haber roto sus votos y descartando el hábito religioso».

Que este triste ejemplo sirva para que pidamos mucho por las vocaciones religiosas y su perseverancia y hagamos actos de desagravio.