Luis Felipe Utrera-Molina es licenciado en Derecho y Asesoría de Empresas por la Universidad Pontificia de Comillas, socio del prestigioso bufete J.Y. Hernández-Canut Abogados y árbitro de las Cortes de Arbitraje de Madrid, Corte Española de Arbitraje y de la Corte del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid. La Duquesa de Franco designó a Luis Felipe como albacea universal y contador partidor de su herencia. Después la familia siguió confiando en él para intentar evitar la exhumación de Franco.

En esta entrevista nos narra, con todo detalle y con serena emoción su único encuentro con el General Franco, cuando tenía 6 años y soñaba con ser legionario. Fueron solo diez minutos, pero se le quedaron grabados para siempre en la retina del corazón. La mano temblorosa de Franco, su mirada entrañable, la bonhomía de su sonrisa y un consejo de oro sellarían un vínculo irrompible entre él, su padre y el Caudillo.

¿Qué es lo primero que recuerda de su único encuentro con el Generalísimo Franco?

Yo tenía 6 años. Mi padre lo cuenta en su libro de memorias “Sin cambiar de bandera” como fue aquel encuentro. Mi padre quiso que yo conociese a Franco, consciente de que la vida del Caudillo se acortaba, se extinguía y que para mí sería algo inolvidable, que recordaría el resto de mi vida, como efectivamente ha sido.

¿Cuáles fueron las circunstancias concretas de ese encuentro?

Fue después de una audiencia que mi padre tuvo con Franco el 29 de diciembre de 1.974. Fue un despacho muy tenso en el que mi padre le confesó a Franco que tenía serias dudas de que su sucesor, el Príncipe Juan Carlos, fuera a respetar los principios del Movimiento. Tal y como cuenta él en su libro, fue una reunión tensa, pero mi padre le decía las cosas por lealtad, no por adularle. Cuando terminó aquella audiencia, que fue como digo un poco tensa, mi padre le dijo a Franco: -Mi general en el antedespacho, le espera el séptimo de mis hijos, que quería saludarle. Enseguida Franco abrió la puerta y yo, que estaba con el ayudante el coronel Mañeru, entré. Estuvo cariñosísimo conmigo y lo recuerdo como si fuera ayer. Primero me dio la mano y luego se despidió de mí con un beso.

¿Cuál fue su primera impresión al ver a Franco?

Recuerdo que, como era lógico en un niño, lo que más me llamó la atención fue el temblor de la mano. Me saludó de manera muy amable y me preguntó que quería ser de mayor. Y yo le dije que quería ser militar, que era lo que quería ser de niño. Franco me dijo que él también quería serlo cuando tenía mi edad y que los militares empiezan a crecer en el sueño de los niños.

¿Cuál fue el momento clave de ese encuentro?

Cuando me puso la mano en el hombro y me dijo: “Sólo te pido una cosa: que seas tan bueno como tu padre”. Eso fue exactamente lo que me dijo y lo recuerdo con una nitidez total y no tengo en mi vida otra meta que esa. Esas palabras han quedado en mí como una especie de exigencia de conducta.

¿Tan bueno era su padre?

Mi padre, aparte de la lealtad a Franco, si tenía una característica que destacase era ser esencialmente bueno. Yo no he conocido a una persona, tan esencialmente buena, en el sentido evangélico, como mi padre. Su bondad era innata y natural. Teniendo en cuenta la bondad de mi padre, que Franco me dijese eso, es algo que siempre ha resonado en mis oídos. Yo se que Franco era consciente de la bondad y de la lealtad de mi padre. Hay muchos testimonios de ello, con lo cuál lo que me dijo el Caudillo es para mí el mejor legado.

¿Cuanto tiempo estuvo con Franco?, ¿recuerda algo más?

Serían unos diez minutos. Yo sólo le dije que quería ser legionario. De niño vestía con frecuencia un uniforme a medida de la Legión, que me había regalado un amigo de mi padre. Franco me dijo que para ser militar tendría que estudiar mucho. Ya no recuerdo nada más. Él estaba siempre muy sonriente y yo me fijaba mucho en la mano que temblaba y que él se agarraba con la otra mano. Yo era consciente de que Franco era una persona muy importante. Ir a verle a un palacio, que se te cuadrase la Guardia a lo largo de los pasillos impresiona. Recuerdo que era como un abuelo entrañable y conmigo fue cariñosísimo.

Y para finalizar háblenos de la última hora en relación a la exhumación.

La única novedad que hay aquí es que el Gobierno se mueve en el campo de la propaganda. Está anunciando solemnemente la exhumación cuando ésta no se va a producir ni este viernes, ni el siguiente, ni el otro porque nosotros, evidentemente, vamos a presentar un recurso ante el Supremo y vamos a solicitar medidas cautelares.

¿Confían en que el recurso sea admitido?

Confiamos en que así sea. Hay que tener en cuenta el precedente del auto del 17 de diciembre en el que el Supremo no admitió la suspensión porque dijo que no había una decisión de exhumación encima de la mesa y no había ninguna situación irreversible que mereciese esa cautela. Esta vez tengo plena confianza de que el Supremo suspenderá la ejecución del acto.

Javier Navascués Pérez