Nació en Ágreda (Soria, España), el 2 de abril de 1602, y murió así mismo en Ágreda el 24 de mayo de 1665.

María Coronel y Arana -éste era su nombre original- nació en la histórica ciudad soriana de Ágreda, en el seno de una familia de rancio abolengo político y no menos cristiano. Sus padres, Francisco y Catalina, eran profundamente cristianos, de honda religiosidad franciscana. Tuvieron dos hijos y dos hijas. Y los seis miembros de la familia abandonaron el mundo y sus comodidades y abrazaron la vida religiosa en la familia franciscana.

Francisco, el padre, con sus dos hijos, Francisco y José, profesaron en el convento de San Antonio de Nalda (La Rioja), en la provincia franciscana de Burgos. La madre, Catalina, con sus dos hijas -María tenía sólo dieciséis años- abrazaron la vida monástica en el monasterio que construyeron en su propia casa-palacio, bajo la regla de la Orden de Concepcionistas Franciscanas, en 1620. Este gesto de las mujeres de la familia Coronel y Arana evoca el origen de la misma orden: Santa Beatriz de Silva, cuando abandonó el monasterio de Santo Domingo de Toledo, donde hacía vida retirada con las dominicas, en 1484, y fundó el primer monasterio concepcionista en los palacios de Galiana, que le había cedido la reina Isabel la Católica.

A los seis años de iniciar la vida monástica, María Coronel y Arana -sor María de Jesús de Ágreda- fue elegida abadesa. Excepto el trienio 1652-1655, desde 1627 hasta su muerte, María de Jesús fue la abadesa del monasterio, lo que indica que el Señor le concedió dotes de gobierno. Simultaneaba la dirección de la comunidad con la redacción de libros, que tanta importancia, y tantos problemas, darían a la abadesa de Ágreda.

La fama de la docta abadesa sor María de Jesús llegó al rey de España, Felipe IV (1606-1665), un monarca mecenas de grandes artistas, pero de escasa voluntad y débil temperamento, que dejó las máximas responsabilidades del gobierno en manos del ambicioso Gaspar de Guzmán, conde-duque de Olivares. En uno de sus momentos de incertidumbre y abatimiento no sólo político, sino también religioso, el rey acudió al monasterio de Ágreda, el 10 de julio de 1627, a solicitar los consejos de sor María de Jesús. Y, a partir de entonces, hubo una interesante correspondencia epistolar, que en 1885-1886 se publicaría en Madrid, con el título de Cartas de la Venerable Madre Sor María de Jesús de Ágreda y del Señor Rey Don Felipe IV (2 volúmenes).

El temario de las cartas abarca todo el espectro político al que había de hacer frente el rey, ya con la ayuda de quien lo tuvo dominado hasta caer en desgracia en 1643 (Gaspar de Guzmán), ya con la del sucesor del conde-duque, Luis de Haro. Al pobre monarca, que había iniciado su reinado a los dieciséis años, no le faltaron problemas de toda índole: desde su propia debilidad moral hasta su falta de dotes de gobierno, que -con el aislado triunfo en la rendición de Breda que inmortalizara Velázquez en su famoso cuadro de las lanzas- fueron sumándole desastre tras desastre y pérdidas progresivas de territorios, en la península y en Europa. Los consejos de sor María de Jesús, que desde su celda seguía los avatares de su época, no fueron suficientes para orientar ni la vida ni los matrimonios del rey, que cayó en una gran impopularidad, ni sus funciones de gobierno, que terminaron en el más lamentable fracaso histórico.

No tuvo mayor fortuna sor María de Jesús con sus obras, algunas de ellas inéditas (Meditaciones sobre la pasión de Nuestro Señor y ejercicios quotidianos y doctrina para hacer las obras con mayor perfección, Las Sabatinas, Pláticas del cumplimiento de la voluntad de Dios…), y la más famosa, póstuma y condenada: Mística Ciudad de Dios, milagro de su omnipotencia y abismo de la gracia. Historia divina y vida de la Virgen Madre de Dios, editada en Madrid en 1670, en cuatro volúmenes. Esta obra, traducida a los principales idiomas modernos, e incluso al griego, al árabe, al croata y otros, hizo que la abadesa de Ágreda fuera pronto conocida fuera de España. Pero el carácter sobrenatural que daba a su escrito hizo que los guardianes de la ortodoxia se pusieran en guardia y analizaran con lupa sus afirmaciones. Primero, la Inquisición Española (1672), luego la condenación por parte del Santo Oficio (1681) y hasta de la Universidad de París (1696), para terminar incluida en el índice de libros prohibidos en 1713.

Pero afortunadamente de todo este calvario la libró el Señor. Sor María de Jesús moría santamente en su monasterio de Ágreda el 24 de mayo de 1665.

Un aspecto que destacó en la vida de este monja, fue el don la bilocación, pues sin salir del convento se bilocaba para evangelizar a indios del continente americano. El padre Benavides informó a sus superiores en México y al rey Felipe IV y en 1630 se trasladó a España para conocer a la religiosa y conminarla bajo juramento a decir la verdad. Ella le confirmó que, efectivamente, era llevada por ángeles a países para ella desconocidos a predicar a Jesucristo entre paganos e idólatras y explicarles cómo llegar hasta los sacerdotes que pudiesen bautizarles. Todo ello, sin desatender su vida y obligaciones conventuales, en uno de los casos de bilocación más asombrosos en la historia de las experiencias místicas.

La gran obra mariana de sor María de Jesús, así como las de índole ascética y mística, reflejan la personalidad espiritual de una monja que tomó muy en serio su vida de consagración a Dios, su deber de orientar la espiritualidad de la comunidad que el Señor le confió, y su discernimiento de las cosas del mundo desde la perspectiva del Evangelio. Para los que la conocieron y para las gentes de su tiempo, María de Jesús era una santa, un ejemplo de vida cristiana llevada a sus últimas consecuencias. Por eso, el 28 de enero de 1673, el papa Clemente X introducía la causa de canonización. Pasó un siglo, en el que la obra de sor María de Jesús fue objeto de las máximas condenas, lo cual no fue obstáculo para que en 1774 Benedicto XIV aprobara el proceso canónico de las virtudes en general de la Sierva de Dios, y el 31 de marzo de 1756 las virtudes en especial, que declaraban Venerable a sor María de Jesús de Ágreda. Pero el proceso no siguió su curso. Ahí queda el testimonio de una vida ejemplar y los buenos consejos y consideraciones de una escritora espiritual, para quien la Virgen Inmaculada era el centro de su vida, consagrada plenamente a su esposo, Jesucristo.

[En Nuevo Año Cristiano. 5. Mayo. Madrid, Edibesa, 2001, pp. 456-459].

1 Comentario

  1. Mensaje del LIBRO DE LA VERDAD de Nuestro Señor:

    Conviertan a otros en cada oportunidad

    Domingo de Pascua 24 de abril de 2011

    El día de hoy es significativo porque en Mi Resurrección de la muerte, se han cumplido Mis promesas al hombre. Porque ascendiendo les ayudaré a levantarles hacia la Luz del Cielo. Levántense ahora todos ustedes y vengan hacia Mí y hacia su propia salvación.

    Hijos Míos ustedes deben convertir a otros en cada oportunidad. Entre más expliquen y entre más muestren a esas débiles almas el amor en sus corazones, entonces el resultado final será alcanzado cuando conviertan a otra alma y derramaré grandes bendiciones sobre ustedes. Este es un regalo muy especial Mío y representa un acto de gran misericordia de su parte.

    La conversión, hijos Míos, salvará almas. Cuando una conversión se lleva a cabo, entonces esto se propaga también a aquellos amigos y conocidos de la persona que se ha convertido. La conversión propaga la conversión. No importa si se ríen de ustedes o son tratados como si estuvieran hablando disparates. Toma mucho valor de su parte Mis amados y leales seguidores, pero cada vez que se ponen de pie y explican Mis enseñanzas a otros, la gente escuchará. Mientras que algunos les sonreirán, en el fondo escucharán lo que les tienen que decir.

    Cuando el Espíritu Santo trabaja a través de ustedes durante su trabajo, los destinatarios sentirán un tirón en sus corazones, sin embargo no sabrán por qué. Entonces se les acercarán.

    Algunas personas serán lentas para responder, pero sean pacientes. Empezarán a ceder por grados, primero ellos les harán una pregunta. Esta usualmente se refiere a si algo es correcto o es equivocado. Entonces será cuando la conversión eche raíces. Nunca se rindan en propagar la verdad de Mi enseñanza, esto no tiene que ser hecho como un predicador, sino más bien muy sutil. Conviertan a otros a través de su vida diaria, a través de una conversación ordinaria, de esta forma la gente será más receptiva.

    No obstante, hijos Míos estarán sorprendidos por la reacción de la gente, especialmente de aquellos que están viviendo sus vidas en negación y oscuridad. Su respuesta será agresiva y en tono de burla. Les preguntarán si realmente creen en esa basura, luego serán regañados e insultados. Su inteligencia será cuestionada, serán acusados de volverse a la religión por dificultades personales. Se sentirán avergonzados de vez en cuando y pueden hallar difícil defenderse.

    Permanezcan en silencio en tales situaciones, entonces simplemente hagan preguntas de vez en cuando. Pregunten a esas almas: ¿Por qué se sienten así? Entre más preguntas les hagan, más estas personas empezarán a evaluar sus propias preguntas. No convencerán a todos de la verdad, sin embargo cada intento de su parte les subirá ante Mis ojos.

    Vayan ahora hijos Míos. Conviertan en Mi Nombre y les serán otorgadas muchas, muchas gracias.

    Vuestro Amado Salvador,

    Jesucristo

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