«¿Cómo es que en todos tiempos ha habido herejes, enemigos de María, habiéndose Dios dado a los hombres por medio de la Virgen, y dispensándoles por conducto de la misma los tesoros de sus gracias y de sus beneficios? ¿De dónde viene ese desenfreno, ese encarnizamiento contra la más tierna y más perfecta de todas las criaturas, contra la protectora más eficaz, contra la abogada más fiel, contra la Virgen más pura, contra la Soberana más generosa, contra la Madre más compasiva? ¿Bajo qué punto de vista y de qué lado se la puede mirar, para que pueda haber contra Ella la más leve sombra de aversión, ni aun de tibieza? No obstante, remontándonos hasta la primera herejía, y siguiendo desde el nacimiento de esta hidra infernal hasta los últimos tiempos, ¡qué número de enemigos de la Virgen no encontraremos!

Unos han negado que fuese Madre de Dios; otros que hubiese sido siempre Virgen; unos han atacado su culto; otros han destrozado sus imágenes; otros han gritado contra las prácticas establecidas por los fieles, y aprobadas por el unánime consentimiento de la Iglesia universal. En fin, los hay que no se han avergonzado de publicar infames escritos contra ella, causando horror hasta al mismo infierno (si el infierno es capaz de mirar el mal con horror) las horribles blasfemias, que un Lutero y un Calvino han vomitado contra la Madre de Dios. ¡Con qué impiedad no ha sido tratada por todos los sectarios y por los malos cristianos de todos tiempos!».

Mons. LOUIS JOSEPH MENGHI D’ARVILLE, Protonotario Apostólico. Anuario de María, o, El Verdadero siervo de la Virgen Santísima – Traducción del P. Fray Magín Ferrer y Pons O. de M., Tomo 1. Barcelona 1841, imprenta de Pablo Riera, págs. 185-187. Ejercicio 18: “El desprecio y la indiferencia por el culto y la devoción a la Santísima Virgen forma el principal carácter de los herejes, y asimismo la señal de los malos cristianos”.