1. La muerte es un momento de dolor donde sólo la fe puede iluminar de esperanza ese momento de tristeza. La muerte duele porque es un parto al cielo. Cuando muera un ser querido piensa si existía un “derecho” para retenerlo aquí y si era más tuyo que de Dios. Mira si no es egoísmo querer privarle de lo que ahora tiene: la felicidad eterna. ¿Estás seguro de que más tarde se iba a salvar…?

2. ¿Qué es la muerte? La muerte no tiene la última palabra: la vida no termina, se transforma. Los hombres que contemplan el sepulcro de Jesucristo viven en la esperanza de la Resurrección. La muerte nos revela lo que el hombre es: “polvo, ceniza, nada”. Quien muere deja una luz y alcanza otra. La muerte es el paso a la eternidad. La muerte es fin e inicio. Morir en gracia de Dios significa conquistar la cumbre, la meta, el abrazo eterno del Padre. San Francisco cantó: “Y por la hermana muerte, ¡loado mi Señor! Ningún viviente escapa de su persecución; ¡ay, si en pecado grave sorprende al pecador! ¡Dichosos los que cumplen la voluntad de Dios!”.

3. ¿Es mejor vivir o morir? “Para mí la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia. Pero si el vivir en la carne significa para mí trabajo fecundo, no sé qué escoger… Me siento apremiado por las dos partes: por una parte, deseo partir y estar con Cristo, lo cual, ciertamente, es con mucho lo mejor…” (Flp 1, 21-23). La felicidad del hombre consiste en amar y ser amado. Cuando un alma parte a la casa del Padre ahí es amada por Dios y ama a Dios. Un día el hombre dejará de sonreír, de caminar y de cantar… pero nunca dejará de amar. En vez de recibir la muerte con lágrimas, deberíamos recibirla con una sonrisa porque nos conduce al encuentro, cara a cara, con nuestro Creador.

4. ¿Qué podemos aprender de la muerte? En la entrada de un cementerio español está escrito: “Hoy a mí, mañana a ti”. Lo capital para el hombre no es morir antes o después, sino bien o mal. San Agustín confesó: “Como es la vida, así es la muerte”. Ten presente que “Cuando un padre muere es como si no muriese, pues deja tras de sí –algunas veces- un hijo semejante a él”. (Si. 30, 4).

5. ¿Hay que temer la muerte? No, pero cuando se tiene miedo, por algo será… Opta por una muerte que te lleve al cielo. Que no te pase como aquel epitafio que decía: “Aquí yace un hombre que murió sin leer el libro que lo iba a salvar: la Biblia”. O aquel otro que decía: “He aquí un ateo que no tiene a dónde ir”. Hay que vivir de tal manera que si volviéramos a nacer elegiríamos seguir el mismo camino. Santa Teresa no temía la muerte, al contrario, ella decía: “Muero porque no muero”. Para desear la eternidad es necesario imaginar el abrazo del Padre.

6. ¿Por qué existe la muerte? Porque el hombre quiere ver a Dios y para verlo es necesario morir. El hombre surgido del polvo debe retornar al polvo y el alma surgida de Dios debe volver a Dios. Las dos verdades absolutamente ciertas de la vida son nuestra existencia y lo inevitable de nuestra muerte. Todos los hombres mueren, pero no todos viven. San Ambrosio predicó: “Es verdad que la muerte no formaba parte de nuestra naturaleza, sino que se introdujo en ella; Dios no instituyó la muerte desde el principio, sino que nos la dio como un remedio (…). En efecto, la vida del hombre, condenada por culpa del pecado a un duro trabajo y a un sufrimiento intolerable, comenzó a ser digna de lástima: era necesario dar un fin a estos males, de modo que la muerte restituyera lo que la vida había perdido. La inmortalidad, en efecto, es más una carga que un bien, si no entra en juego la gracia (…) No debemos deplorar la muerte, ya que es causa de salvación”.

7. ¿Por qué no sabemos el día que vamos a morir? Si supiéramos el día de nuestra muerte no viviríamos cada día con la misma intensidad. Nadie sabe ni cómo ni cuándo morirá. Nadie por más que se esfuerce puede añadir una hora al tiempo de su vida. La muerte es lo más cierto, pero el día es lo más incierto. No olvides que no es necesario ser viejo para morir. No vale la pena indagar el cómo, el cuándo ni el dónde moriré; pero sí vale estar preparado.

8. ¿Qué actitud debemos tomar ante la muerte de un ser amado? No rechazar a Dios porque nos lo ha quitado, sino agradecerle porque nos lo ha dado. “¿Conviene llorar a un muerto? Sí, pero no lamentarse cuando muere en aras de Dios”, como dijo un amigo. Dios es misericordioso y “la misericordia se siente superior al juicio” (St 2, 13) Porque “nuestra maldad es una gota que cae en el océano de la misericordia de Dios”. “Jesucristo crucificado está como un tapón entre la muerte y el infierno”. Dios es comprensivo porque sabe todo y saberlo todo es perdonarlo todo. Jesús nos enseñó: “Sed misericordiosos como vuestro Padre celestial es misericordioso”. Mientras que el apóstol Santiago escribió: “Habrá un juicio sin misericordia para el que no tenga misericordia hacia los demás” (St 2, 13) Recuerda: para obtener misericordia para uno mismo, es necesario tener misericordia hacia los demás. “Al final de la vida sólo queda lo que hayamos hecho por Dios y los demás”.

P. Ricardo Ruvalcaba, L.C.

1 Comentario

  1. Mensaje del LIBRO DE LA VERDAD de Nuestro Señor:

    Viernes 5 de septiembre de 2014

    Dad a conocer que la muerte no tiene poder sobre los Míos, cuya fe los ha sustentado hasta su último aliento. Estas almas no tienen miedo a la muerte física, porque saben que la Vida Eterna comienza en ese momento. Espero a esas almas con los brazos abiertos y ellos corren como niños pequeños hacia la Luz de Mi Amor. Los abrazo y los llevo a Mi Reino, a la espera de todas y cada una de esas almas en la presencia de la Jerarquía de los Ángeles y de todos los santos – entonces ocurre un gran regocijo.

    Yo los reúno con sus familias y hay mucha alegría, amor y emoción. No más lágrimas. No hay recuerdos de los sufrimientos, las cuales soportaron en la tierra. Todas las preocupaciones, la tristeza y la desesperación son borradas y olvidadas en un instante. La muerte abre la puerta para aquellos que mueren en estado de Gracia mientras comienza una nueva vida. Para cada alma que reciba la bienvenida a Mi Reino, hay diferentes niveles, y cada uno es de acuerdo a su premio, basado en la Gloria que le han entregado a Dios.

    Para las almas que mueren en estado de pecado, sabed que Yo Soy Todo Misericordioso y, después de su purificación, serán bienvenidos en Mi Reino. Orad siempre por estas almas, porque no pueden rezar por ellas mismas en esa etapa. Vuestras oraciones serán escuchadas y voy a esperar a estas almas con los brazos abiertos y amorosos. Es importante que cada hijo de Dios entienda una cosa importante acerca de la vida después de la muerte. Debéis pedirme a Mí, Vuestro Jesús, que os perdone; vuestros fracasos; vuestras debilidades y vuestras iniquidades, antes de morir, porque es entonces que Mi Misericordia está al máximo. Si vosotros no creéis en Dios, rechazáis la Vida Eterna. Sin el amor a Dios, el amor no puede ser vuestro después de la muerte. Yo Soy Amor y sin Mí, no vais a sentir nada más que dolor. La separación de Dios es de temer. Si vosotros os sentís confundidos acerca de Mi Existencia, entonces simplemente debéis pedirme que os muestre un signo de Mi Amor, y Yo responderé.

    No os separéis de Mí. Si lo hacéis, habrá gran llanto y nunca podréis ser consolados, porque no seré capaz de ayudaros. Mi Reino os dará la Vida Eterna, pero debéis pedir Mi Ayuda recitando esta oración.

    Cruzada de Oración (165) Para el regalo de la Vida Eterna

    Jesús, ayúdame a creer en Tu Existencia.

    Dame una señal para que mi corazón pueda responderte.

    Llena mi alma vacía con la Gracia que necesito para abrir mi mente y mi corazón a Tu Amor.

    Ten Misericordia de Mí, y limpia mi alma de todos los malos actos que he cometido en mi vida.

    Perdóname por haberte rechazado, pero por favor lléname con el amor que necesito, para hacerme digno de la Vida Eterna.

    Ayúdame a conocerte, a ver Tu Presencia en otras personas y lléname con la Gracia de reconocer la Señal de Dios en cada regalo hermoso que Tú has dado a la raza humana.

    Ayúdame a comprender Tus Caminos y sálvame de la separación y del dolor de la oscuridad que siento en mi alma. Amén

    No permitáis que el orgullo humano, análisis intelectual u opinión os aleje de la Verdad. Como un hijo de Dios, vosotros sois muy valiosos para Mí. No dejéis que Yo os pierda. Venid. Estoy Aquí. Yo Soy real. Dejadme llenar vuestra alma con Mi Presencia. Una vez que eso suceda encontraréis difícil ignorarme.

    Os amo. Os bendigo. Espero vuestra respuesta.

    Vuestro Jesús

    Leer más: http://m.elgranaviso-mensajes.com/news/a5-sep-2014-no-os-separeis-de-mi-si-lo-haceis-habra-gran-llanto/

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