Nació en Cilicia, Turquía y de niño fue pastor. A los 21 años entró a un monasterio, de donde fue despedido a los dos años, a causa de una llaga putrefacta ocasionada por una cuerda que siempre llevaba atada a la cintura con tal fuerza que había penetrado y podrido la carne. Se fue de ermitaño a Deir Sim’an, donde ayunaba contantemente y cada 40 días sólo tomaba una mezcla agua, el vinagre y sal. Decidió subir a una columna, cuando los visitantes atraídos por su estilo de vida, comenzaron a molestarle.

En el 423 se subió a una columna de 3 metros (luego la aumentaría a 16 y hasta 18). Allí pasó 37 años y se considera que su ejemplo es el que atrajo a los demás (santos o no) estilitas.

Durante su vida el demonio le tentó de diferentes maneras bajo la apariencia de una mujer o del mismo Cristo que le decía que dejase el rigor de sus penitencias.

Poco después de su muerte, la columna se convirtió en lugar santo y meta de peregrinaciones multitudinarias. Actualmente, alrededor de la misma columna hay una bella basílica. Se le representa sobre un pilar y, normalmente, para diferenciarlo del otro Simeón, le pintan una larga barba blanca.