Un meme que arrasa en las redes sociales ¿Será un síntoma del despertar de la sociedad contra la dictadura del matrix proge?

Las cosas están empezando a cambiar, de nosotros depende, seamos activos defensores de la VIDA y digamos un NO ROTUNDO AL CRIMEN DEL ABORTO.

La Iglesia nos enseña a respetar la vida humana y decir NO al aborto

La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos sus derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida (cf CDF, instr. “Donum vitae” 1, 1).

Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes que nacieses te tenía consagrado (Jr 1, 5; Jb 10, 8-12; Sal 22, 10-11).

Y mis huesos no se te ocultban, cuando era yo hecho en lo secreto, tejido en las honduras de la tierra (Sal 139, 15).

Desde el siglo primero, la Iglesia ha afirmado la malicia moral de todo aborto provocado. Esta enseñanza no ha cambiado; permanece invariable. El aborto directo, es decir, querido como un fin o como un medio, es gravemente contrario a la ley moral.

No matarás el embrión mediante el aborto, no darás muerte al recién nacido. (Didajé, 2, 2; Bernabé, ep. 19, 5; Epístola a Diogneto 5, 5; Tertuliano, apol. 9).

Dios, Señor de la vida, ha confiado a los hombres la excelsa misión de conservar la vida, misión que deben cumplir de modo digno del hombre. Por consiguiente, se ha de proteger la vida con el máximo cuidado desde la concepción; tanto el aborto como el infanticidio son crímenes abominables (GS 51, 3).

La cooperación formal a un aborto constituye una falta grave. La Iglesia sanciona con pena canónica de excomunión este delito contra la vida humana. ‘Quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae’ (CIC can. 1398), es decir, ‘de modo que incurre ipso facto en ella quien comete el delito’ (CIC can. 1314), en las condiciones previstas por el Derecho (cf CIC can. 1323-1324). Con esto la Iglesia no pretende restringir el ámbito de la misericordia; lo que hace es manifestar la gravedad del crimen cometido, el daño irreparable causado al inocente a quien se da muerte, a sus padres y a toda la sociedad.

1 Comentario

  1. Creo que ante un mundo que tiende a la muerte, debemos responder con un mundo que tiende a la vida. No sólo tiende a la muerte por medio del aborto, sino por medio de la homosexualidad suicida, destructora de la naturaleza humana, de la dignidad del hombre, de su constitución pétrea, odiadas por el demonio y sus repugnantes adeptos. Tiende también a la muerte por el racionalismo nihilista, por el democratismo enfermizo, por el proyecto desquiciador del NOM; finalmente por medio de los arsenales nucleares. Ante este mundo decrépito, debemos oponer la reconstrucción que nos ofrece la Virgen cuando anuncia desde Fátima; “Al fin triunfará Mi Corazón Inmaculado”. Síntesis perfecta de lo que ocurre y de lo que ha de ocurrir en el mundo de nuestro tiempo: el advenimiento creciente de un Mundo Nuevo, consecuencia que surge de la afirmación categórica e indubitable de la Virgen.
    En verdad, se trata del cumplimiento de realidades escatológicas, como tales envueltas en el Misterio de Cristo que las anima. Por ello es necesario recibir de la Aurora de María la Luz de la Gloria de Cristo que comienza a manifestarse en la Iglesia, en la humanidad y en el universo. La inteligencia del “hombre viejo” no puede percibir de modo inmediato lo que pertenece al orden sobrenatural, necesita de la luz de una nueva sabiduría. María nos participa esta sabiduría y poder que nos habilitan para colaborar de modo eficaz en su Misión de reconstruir el mundo destruido y obscurecido por el pecado. Desde mucho tiempo, los relámpagos de este Amanecer iluminaron a hombres espirituales sobre este futuro advenimiento. Entre los más próximos, Pío XII afirmó “se puede y se debe restablecer la armonía primitiva” (Mensaje de Navidad 1957), “Es todo un mundo, que se debe rehacer desde los cimientos, que debe transformarse de salvaje en humano, de humano en divino, es decir, según el corazón de Dios ” (Por Un Mundo Mejor, 10-Febrero-1952); Pablo VI anunciaba la “Civilización del amor”; S.J.P. II alentaba a “Cruzar el umbral de la Esperanza”. Para llegar a la orilla opuesta al mundo del “hombre viejo” no bastan la voluntad ni el ingenio humanos, necesitamos tomarnos de las Manos de María. Sólo por su intervención Medianera podemos participar de este manifestarse creciente de Cristo que viene a instaurar su Reino de Gloria entre nosotros (Col 3, 3-4).
    Podemos de algún modo enumerar sus momentos.
    1) El triunfo de la Virgen sobre el demonio implica su aniquilamiento y reclusión definitiva en el infierno.
    2) La eliminación definitiva y absoluta de la presencia y acción del demonio en el mundo comporta la liberación del hombre y de las cosas de su actual esclavitud al pecado. (Rom 8).
    3) En el mundo, “libre de las ataduras al pecado” (Rom 8) se cumplen las palabras: “Ven, siéntate a mi diestra hasta que hayan sido puestos tus enemigos debajo de tus pies” ( Mat 22,44).
    4) Luego de esto, Cristo decidirá el momento de su Segunda Venida en Gloria.
    5) La victoria de la Virgen sobre el demonio se está realizando de modo creciente, lo cual determina un período de tiempo, el nuestro, en el que se suceden los acontecimientos revelados por el Apocalipsis.
    6) Es un período de tiempo signado por la particular presencia y acción de la Virgen que, por una parte combate contra el demonio y sus hordas, y por otra alumbra a la Iglesia, a la humanidad y al universo, como Aurora que irradia la Luz de la Gloria de Cristo que la colma, de Cristo que manifiesta su Día de modo creciente, anticipando su plena manifestación al momento de su Venida. “Esta noche que ha caído sobre el mundo tiene señales claras del amanece que vendrá, de un nuevo día al que besará un sol nuevo y más esplendoroso” (Pío XII, Mensaje Pascua 1958).
    7) Consecuencia de la Aurora de María es la trascendencia que tiene para nosotros el tiempo actual. Porque durante este período, cuya duración ignoramos, debemos participar en el combate final contra el infierno, y preparar los caminos y edificaciones propios del Reino, hasta que el Señor vuelva. Ciertamente es una tarea inaudita, que sobrepasa nuestra capacidad humana natural. Por esto viene la Virgen como Aurora a fin de participarnos la nueva sabiduría y poder que nos habilitarán para tan magna tarea.
    La hispanidad católica está llamada de modo relevante por su vocación mariana; cuenta con el genio que la alienta, su patrimonio que la alumbra, su vocación universal que la llama otra vez a realizar este Segundo Descubrimiento.

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