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Decía el Santo Cura de Ars que si no adoramos a Dios acabaremos adorando a las bestias, a lo que habría que añadir que también nos comportamos mucho peor que ellas, ya que el animal al no ser racional no obra con malicia, en cambio el ser humano si usa mal su inteligencia puede ser muy cruel a la hora de hacer el mal.

Que una madre torture de la manera más cruel a su propio bebé es uno de los signos alarmantes de una sociedad en descomposición por no tener a Dios presente. El ser humano, abandonado a sus pasiones, tiende al mal. Por eso no es de extrañar que una sociedad neopagana cada día nos sorprendan hechos tan terribles como el que vamos a narrar.

La noticia nos llega desde Estambul (Turquía). Una madre ha sido encarcelada tras admitir que inyectó a su bebé, de nueve meses, lejía y jabón líquido desde su primer mes de vida, además de provocarle cortes por el cuerpo con una navaja de afeitar. «Le inyecté lejía y jabón líquido en los oídos, la nariz y el ombligo hasta que empezó a sangrar. Luego, la llevé al hospital para que la trataran. Cuando volvió a casa seguí torturándola. Le hice cortes con una navaja de afeitar en la cabeza, los ojos, las piernas, los brazos y el pecho. Cuando estaba en el hospital le inyecté el jabón líquido del hospital en las venas».

La mujer ha sido condenada y enviada a prisión por torturar a su bebé, que vive ahora bajo el cuidado de su padre y está recuperando la salud.