La decadencia de la Iglesia anglicana por sus conductas aberrantes es un secreto a voces. La degeneración moral de muchos de sus prelados, que se declaran abiertamente homosexuales y con pareja, la ordenación de mujeres…son pruebas inequívocas para muchos anglicanos de buena fe, de que esa no puede ser la Iglesia de Cristo.

En la Iglesia Católica si bien hay escándalos y una gran apostasía de la buena doctrina, hay una resistencia mayor y no se ha llegado a ese nivel de abyección. Estas estadísticas suelen ser silenciadas y es bueno sacarlas a la luz.

El cisma anglicano se produjo tras una serie de acontecimientos ocurridos en Inglaterra en el siglo XVI que culminaron con la creación de la llamada Iglesia de Inglaterra y con la emancipación de la Iglesia Católica y la autoridad papal. Es parte de la herejía protestante que ocurrió en muchos países de Europa.

El desencadenante del cisma inglés fue el deseo del rey Enrique VIII de obtener la anulación de su matrimonio. Tras la separación de Roma, por el Acta de Supremacía Real, el monarca se convirtió en jefe supremo de la Iglesia de Inglaterra, que devino en una Iglesia nacional independiente de Roma.

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Javier Navascués Pérez
Director de Hispanidad Católica. Periodista, guionista, presentador y speaker. Colaborador de Agnus Dei Prod y de Militia Dei Prod. Ha participado en diversos medios de comunicación católicos (EWTN, Radio María, Canal San José, NSE,…) Fue Director de Adelante la Fe. Actualmente tiene un blog en Infocátólica y es redactor en medios como  el Diestro, el Correo de Madrid, Diario Ya, Somatemps, Ahora Información y el Español Digital entre otros....

1 Comentario

  1. La ruptura con Roma permitió también, y quizás sobre todo, que Enrique VIII robara, con “buena” justificación, los bienes de la Iglesia en Inglaterra, y con los conventos, abadías, etc. eran numerosos, mientras que los catedráticos de las universidades cambiaron de titulares. Muchos bienes y honores dados a sus amigos, algo útil cuando se necesita conservar fieles a partidarios del momento. Así va el mundo…

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