Probablemente fue el escritor galo Auguste Villiers de L’Isle-Adam el primero en anticipar proféticamente la fase segunda de este proyecto en su cuento “La cartelera celeste”, de la recopilación Cuentos crueles (1883): “Cosa extraña y capaz de despertar la sonrisa de un financiero: ¡se trata del Cielo! Pero entendámonos: del cielo considerado desde el punto de vista industrial y serio”, con estas palabras arrancaba el referido relato, todo un anticipo; las intuiciones de Villiers, quién lo iba a decir, se han visto al fin confirmadas con esta infame Operación Blue Beam, o “Rayo Azul” en la docta lengua de Cervantes y Lope.

Puede parecer descabellado, incluso delirante, pero lo cierto es que “Rayo Azul” garantizaría la más perfecta consumación del proyecto policial totalitario del NOM: una sucesión de dispositivos globales destinados a implantar el gobierno mundial a partir de una cadena de eventos relacionados entre sí, y programados en cuatro fases sucesivas, a saber:

1) Fase I: destrucción y borrado de la Historia, para proceder a su sucesiva falsificación y reescritura, por medio de la demolición del patrimonio arqueológico (preferiblemente a través de terremotos generados artificialmente). Psicológicamente el público ya ha sido preparado tímidamente para este tipo de acontecimientos: la destrucción total o parcial (a manos de Dáesh) de los sitios arqueológicos de Oriente Medio (Palmira, Hatra, Nimrud, Dur Sharrukin, etc.) es un ensayo análogo a esta fase. La meta profunda de este objetivo, no obstante, consistirá en desacreditar, por medio de la falsificación proyectada, la gran tradición religiosa del Occidente, para así introducir un nuevo credo cientifista-amoral que demuestre que dichas religiones han sido malinterpretadas y/o tergiversadas.

2) Fase II: irrupción de un nuevo dios luciferino (demonio) por medio de un espectáculo holográfico espacial-audiovisual de colosales dimensiones adaptado a cada región del planeta, donde se escenifique el advenimiento del Anticristo (Maitreya, el nuevo Cristo cósmico) a través de las proyecciones de Jesús, Buda, Krishna, Mahoma, Zoroastro, etc. Esta escenificación vía satélite traerá consigo desórdenes sociales y religiosos, desencadenando el choque de religiones, con ingente número de pérdidas en vidas humanas. El caos global podrá ser atizado/reforzado con alguna catástrofe planetaria inducida. También el público, subliminalmente, ha sido preparado psicológicamente para esta fase, por obra y gracia del cinematógrafo (Star Wars), así como por medio de la popularización del fenómeno OVNI y las presuntas abducciones extraterrestres.

3) Fase III: control telepático de las conciencias (vía ondas ELF, VLF y LF) dirigiendo a cada persona desde dentro de su mente por una presunta voz de “dios”. Esta técnica tuvo una notable plasmación filosófico-cinematográfica en la película Demon (1975), del rompedor cineasta independiente Larry Cohen, en la que una serie de sujetos procedían a cometer todo tipo de crímenes bajo la consigna “dios me lo ordenó”. Actualmente los avances tecnológicos y los progresos de la denominada comunicación bidireccional tornan asequible esta fase no tan disparatada como podría pensarse; en palabras del avezado Galiana: “Estos rayos desde los satélites han sido alimentados con las memorias de los ordenadores que han almacenado datos masivamente sobre cada humano en la tierra y sobre sus lenguas. Los rayos se entrelazarán con su propio pensamiento natural para formar lo que se llama pensamiento artificial difuso”.

4) Fase IV: manifestación universal de una deidad sobrenatural e invasión extraterrestre, todo ello por medios electrónicos, haciendo creer a la humanidad que va a ser víctima de una verdadera invasión alienígena (!). Tras el pánico mundial consiguiente, el resto vendría solo: desarme nuclear de las potencias sancionadas tras el conato de utilización de sus recursos atómicos para repeler el ataque, sumisión al gobierno mundialista capitaneado por la ONU, definitiva instauración del NOM en todos los órdenes de la vida humana.

Este proceso, planificado década a década, llevará desde luego mucho tiempo en concretarse, y es harto probable que fracase por lo desnortado y fatídico de sus proyecciones genocidas y totalitarias. Pero en el plano de la política-ficción, la Operación “Rayo Azul” siempre será uno de esos perfectos guiones destinados a la programación predictiva, tal y como la industria de Hollywood ha inoculado en el subconsciente colectivo de las nuevas generaciones.

José Antonio Bielsa Arbiol