San José de Cotignac

San José es un ejemplo de fidelidad a los designios divinos. Un santo que confiaba ciegamente en Dios y gracias a eso se le encomendó la inefable misión de cuidar a María y a Jesús.

Curiosamente hay un buen número de apariciones marianas aprobadas por la Iglesia, pero solamente hay una oficialmente aprobada por la Santa Sede en honor a su santo esposo San José, una aparición que fuera de Francia no es excesivamente conocida y que merece la pena conocer.

Dios se suele aparecer a los humildes y aquí no hizo una excepción, lo hizo con un sencillo pastor. A mediados del siglo XVII en los adedaños de la localidad francesa de Cotignac vivía un joven pastor llamado Gaspard Ricard, que apacentaba su rebaño en monte Bessillon. De repente el muchacho siente mucha sed e intenta buscar una fuente para beber, algo muy difícil pues no era fácil encontrar agua en esa zona.

En ese momento vio la figura de un varón majestuoso. Mientras le señalaba una roca muy grande mientras le decía: “Soy José, levánta esa roca y podrás beber”.

Gaspard dudó al principio pues era imposible que un hombre la pudiese mover, pero ante la insistencia de San José, hizo un acto de fe, obedeció y pudo levantar la roca con facilidad y halló un manantial donde saciar la sed.

Cuando se volvió para hablar con el santo, este ya había desaparecido. Fue presuroso al pueblo a contar a todo el mundo lo que le había pasado y enseguida los lugareños comprobaron como el agua empezaba a fluir como nunca de ese lugar.

El alcalde del pueblo decidió construir una capilla en honor de San José, que se quedó pronto muy pequeña ante la gran afluencia de fieles devotos. Incluso la capilla fue testigo de varios milagros por mediación del santo patriarca.

Cada año la afluencia fue en aumento y se estableció allí la Cofradía de la Sagrada Familia o de Jesús-María-José.

Es la única aparición de San José reconocida oficialmente en la historia de la Iglesia y uno de los santuarios más importantes de Francia.

2 Comentarios

  1. ?✨?✨?

    ORACION A SAN JOSÉ

    Oh san José, cuya protección es tan grande, tan fuerte y tan inmediata ante el trono de Dios, a ti confío todas mis intenciones y deseos.
    Ayúdame, san José, con tu poderosa intercesión, a obtener todas las bendiciones espirituales por intercesión de tu Hijo adoptivo, Jesucristo Nuestro Señor, de modo que, al confiarme, aquí en la tierra, a tu poder celestial, Te tribute mi agradecimiento y homenaje.
    Oh san José, yo nunca me canso de contemplarte con Jesús adormecido en tus brazos. No me atrevo a acercarme cuando Él descansa junto a tu corazón. Abrázale en mi nombre, besa por mí su delicado rostro y pídele que me devuelva ese beso cuando yo exhale mi último suspiro.
    ¡San José, patrono de las almas que parten, ruega por mi! Amén. 

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