La providencia de Dios es infinitamente buena, pero advierte Santo Tomás que: «Esto no impide, sin embargo, que algunas veces no admita Dios las peticiones de los que oran». Se puede probar que ello es comprensible con el argumento siguiente: «ya se ha demostrado que Dios cumple los deseos de la criatura racional por la exclusiva razón de que ésta desea el bien. Y a veces sucede que lo que se pide no es un bien verdadero, sino aparente y en realidad un mal. Por tanto, Dios no puede escuchar semejante oración. De ahí que Santiago diga: «Pedís y no recibís, porque pedís mal» (San 4, 3)»[1]. También dice San Juan: «Ésta es la confianza que tenemos con Él: que Él nos escucha si pedimos algo conforme a su voluntad»[2]. Cuando pedimos algo a Dios, que no nos conviene, su amor es el que hace que no nos lo conceda.

Explica más adelante que: «A veces sucede que alguien niega por amistad a su amigo lo que éste le pide, pues sabe que le es nocivo, o que lo contrario le librará mejor; como cuando el médico no accede a la petición del enfermo, porque sabe que no le facilitará la consecución de la salud corporal; de donde, habiéndose demostrado ya que Dios cumple, por el amor que tiene a la criatura racional, los deseos que ésta le propone mediante la oración, no hay que admirarse, porque alguna vez no cumpla la petición de aquellos que principalmente ama, porque obra así para cumplir lo que más conviene a la salvación de quien pide».

Todo ello también es manifiesto en la Escritura. Así, por ejemplo: «cuando Pablo le pidió por tres veces que le librase del aguijón de la carne, no se lo quitó, pues sabía que le convenía para conservar la humildad»[3]. Además, el Señor le contestó: «Te basta mi gracia»[4]. Añade Santo Tomás: «A propósito dice el Señor a algunos: «No sabéis lo que pedís» (Mt 20, 22). Y San Pablo: «Pues no sabemos lo que nos conviene pedir» (Rm 8, 26). Y, en conformidad con esto, dice San Agustín: «Bueno es el Señor, que muchas veces no nos da lo que queremos, para concedernos lo que más queremos» (Epíst. 31, 1)».

1 Comentario

  1. Mensaje del LIBRO DE LA VERDAD de Nuestro Señor:

    Pedid y recibiréis, no es una promesa vana la que hago

    Sábado 3 de mayo de 2014

    Cuando le pido a la gente que confíe en Mí, esto es una cosa muy difícil de hacer, para muchas personas. Pues a muchos les resulta difícil confiar en Mi Amor por la humanidad, cuando se basan en su propia fe, para que se rindan completamente a Mí. Solamente cuando vosotros mismos os entreguéis completamente a Mi Cuidado podréis sentiros a salvo, protegidos y en paz.

    Mi Amor, cuando es buscado por vosotros, os cubrirá si vosotros extendéis vuestros brazos y me llamáis, como un niño pequeno. Los niños ponen toda su confianza en su padres, cuando son pequeños. Ellos solo saben la diferencia entre lo que ellos sienten que es correcto y lo que sienten que es erróneo, de manera que dependen de un adulto para que los proteja. Los niños no lo piensan dos veces, antes de correr hacia los padres por consuelo y buscando refugio. La fe de un niño es fuerte. Él no pregunta, él cree ciertamente que se encontrará a salvo en los brazos de sus amorosos padres.

    Yo soy de confiar, porque todo lo que se me pide sera hecho, si es para bien del alma. Pedid y recibiréis, no es una vaga promesa que Yo os hago. Yo me complazco con el acto de prodigar Mis Dones sobre cada uno de vosotros. Cuando vosotros me pedís que os ayude, Yo escucho, atiendo y respondo a todo lo que deseáis. Dadme la oportunidad de probar Mi Amor por cada uno de vosotros. Dejad que os muestre la prueba de Mi Intervención. Es en este momento de la existencia en el que Yo, Jesucristo, daré a conocer Mi Presencia en todo lo que me pidáis. Es en este momento en el que Yo os haré capaces de sentir Mi Presencia, presenciar Mis Grandes Actos de Intervención en vuestras vidas diarias , y entender el poder de vuestras oraciones. Porque estos son los días de los grandes milagros que Yo lego a la humanidad, más que en cualquier otro tiempo, desde que Yo caminé por la Tierra.

    Cuando vosotros verdaderamente depositéis toda vuestra fe en Mí, Yo obraré grandes milagros para traeros, no solo alivio a vuestros sufrimientos sino para atraeros cada vez más cerca a Mi Sagrado Corazón. Cuando un niño sabe que su padre lo ama, se siente seguro, sabiendo que es protegido. Sabed que al confiar en Mí, Yo os protejo a todos e inundaré a cada una de vuestras almas con un profundo sentimiento de paz, la cual no encontraréis en ningún otro lugar en esta tierra.

    Venid a Mí hoy y llamadme para que Yo os ayude – sin importar cuantos temores podáis tener. Recitad esta especial Oración, cada vez que estéis en apuros, y Yo responderé en todo momento:

    Cruzada de Oración (148) Ven en mi ayuda.

    Oh, mi Jesús, ayúdame en mis momentos de gran necesidad. Tómame en Tus Brazos y llévame al Refugio de tu Corazón. Enjuga mis lágrimas. Calma mis decisiones Levanta mi espíritu y lléname de Tu Paz.

    Por favor, concédeme mi especial petición (mencionarla aquí…) Ven en mi ayuda, para que mi petición sea contestada, y que mi vida pueda volver a estar en paz y en unión Contigo, querido Señor. Si mi petición no puede ser concedida, entonces lléname con las Gracias para aceptar que Tu Santa Voluntad es por el bien de mi alma y que yo permanezca fiel a Tu Palabra, por siempre, con un cálido y agradecido corazón. Amén.

    Llamadme siempre, cuando estéis afligidos o cuando necesitéis ayuda y Yo os prometo que os será dada una señal de que Yo he respondido a vuestro ruego hacia Mí, vuestro bienamado Salvador

    Vuestro Jesús

    Leer más: http://m.elgranaviso-mensajes.com/news/a3-may-2014-pedid-y-recibireis-no-es-una-promesa-vana-la-que-hago/

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