La joven argentina Aneley Torrico, tras recibir una educación protestante pronto perdió la fe e intentó llenar ese vacío enrolándose en la causa feminista. Tras estar muy activa en diferentes grupos y transmitir que era una feminista convencida al llegar a a casa experimentaba un profundo vacío porque sabía que la lucha feminista no era algo que le llenase en el fondo.

Providencialmente en noviembre de 2018 cuando le invitaron a un campamento católico en la localidad argentina de San Carlos de Bariloche.

Le fueron impactando las primeras charlas y poco a poco fue abriendo su corazón a la verdad. Volvió a casa cambiada con el deseo de iniciar una nueva vida en Cristo, con todo lo que ello implica. A partir de ese momento se le cayeron las legañas de los ojos como a San Pablo y empezó a ver claro lo que realmente el aborto y lo equivocada que estaba.

No tardó en alistarse a la causa provida para tratar de reparar todo el daño que había hecho con sus erradas ideas y defender la vida del no nacido.