Muchas veces tenemos una imagen distorsionada de los santos, los imaginamos débiles y cobardones, que huyen de la lucha, sin carácter, cuando generalmente han sido todo lo contrario gente de mucho carácter, lo que no está reñido con la humildad y la mansedumbre de corazón las dos virtudes que dijo Cristo que teníamos que aprender de él.

El santo ha tenido un carácter guerrero y combativo contra los malos y errores de su tiempo porque el mundo, el demonio y la carne nos obligan a bregar contra corriente. Si la mayoría de los santos han sido fuertes y recios, cuanto más el santo de los santos, Nuestro Señor Jesucristo.

El doctor estadounidense George Ritchie pasó por una experiencia que le marcó su vida para siempre. En una experiencia cercana a la muerte en donde vio con claridad el verdadero rostro de Jesús y escuchó su voz.

“Era un rostro increíblemente radiante para verlo sin quedar deslumbrado.  Era un rosto bellísimo, pero no era una figura un tanto un tanto meliflua y bonachona con la que a veces se le representa en el arte, era el hombre de rasgos más radicalmente masculinos que vio nunca.

No era ciertamente el Cristo de los libros de clase de religión, donde aparece con un rostro simpático y bonachón o en otros tierno y un poco afeminado, era el rostro de un varón perfecto, en donde destacaba por encima de todo su fuerza y su virilidad. Su voz igualmente era fuerte, muy viril penetrante”.