San Leonardo de Porto Maurizio dice con mucho acierto que en vez de tener tanta curiosidad en saber si son muchos o pocos los que se condenan y preguntarlo a doctos sacerdotes no tenemos más que ver lo que dicen las Sagrada Escrituras al respecto: es mayor el número de los que se condenan.

Nuestro Señor dice bien claro en el Evangelio que pocos entran por la puerta estrecha y muchos van por el camino ancho de la perdición. Si Cristo lo afirma con tanta rotundidad en un tema de tanta trascendencia no tendríamos ni siquiera que dudarlo.

San Agustín afirma con pena que son muy pocas las personas que realmente renuncian al pecado. Y esto es objetivamente verdad y mucho más en nuestra época, basta darse una vuelta por nuestras ciudades o preguntarnos cuantas personas viven en gracia de Dios.

Saber esto no tiene que ser motivo de tristeza o de desesperanza. Al contrario debe aumentar nuestro celo para ser de los que salven y ayudar a salvar el mayor número de almas. No hay más. La Iglesia nos da muchos medios para la salvación: la oración, la penitencia, la vida de sacramentos, la devoción a la Virgen…

Y lo más importante nunca desconfiar de la misericordia divina. Dios perdona a todo el que se arrepiente de verdad y da su gracia y fortaleza al que se esfuerza en agradarle. La hermana de Santo Tomás de Aquino le pregunto que era necesario para alcanzar la santidad y el sato le respondió  sencillamente: querer. Pues en esto de la salvación lo importante es querer y un querer sin voluntarismo, confiando en la gracia de Dios sobretodo y colaborando con ella poniendo de nuestra parte.