15 promesas de la Virgen a los hijos fieles que rezan cada día el Santo Rosario

Dice San Bernardo que de Santa María nunca es bastante lo que hablemos. Siguiendo los consejos del santo animémonos a extender la devoción a Nuestra querida Madre y Reina en todo momento. María no olvida el más pequeño gesto de cariño hacía Ella. De hecho de un hombre que vivía en pecado y sin practicar se supo por revelación que se salvó por un pequeño detalle de fervor mariano.

En una fiesta mariana le obsequió con una rosa a la Virgen. Al hacerlo se pinchó el dedo con una espina y ofreció el dolor a la Reina del Cielo. De este hecho insignificante dependió la salvación eterna de una persona. Nuestra querida Madre nos ama tanto que se conmueve por el más mínimo gesto de atención hacia Ella. Sus oraciones ante Dios nos pueden conseguir la salvación eterna. Así pues, si rezamos el Rosario le estaremos ofreciendo 50 rosas cada día.

El rezo del Santo Rosario es por lo tanto decisivo para nuestra salvación. Además contamos con las 15 promesas de la Santísima Virgen sobre el mismo Rosario, que nos detallan y explican con detenimiento las gracias concretas que obtendremos de esta práctica de piedad.

Especialmente a aquellos que no las conozcáis os invitamos a leerlas y meditarlas. Si se conocen es bueno volverlas a repasar porque nos reconfortará volver a ser conscientes de los maravillosos bienes que la Virgen reserva a los devotos del Santo Rosario.

La Iglesia suele atribuir al beato Alano de la Roche, dominico del siglo XV, la difusión de estas promesas de la Virgen María a quienes rezan el Santo Rosario. Él restableció la devoción al Santo Rosario enseñada por su padre fundador Santo Domingo un siglo antes y que fue olvidada tras su muerte.

15 PROMESAS DE LA VIRGEN A QUIENES RECEN EL SANTO ROSARIO

1.- El que me sirva, rezando diariamente mi Rosario, recibirá cualquier gracia que me pida.
2.- Prometo mi especialísima protección y grandes beneficios a los que devotamente recen mi Rosario.
3.- El Rosario será un fortísimo escudo de defensa contra el infierno, destruirá los vicios, librará de los pecados y exterminará las herejías.
4.- El Rosario hará germinar las virtudes y también hará que sus devotos obtengan la misericordia divina; sustituirá en el corazón de los hombres el amor del mundo al amor por Dios y los elevará a desear las cosas celestiales y eternas. ¡Cuántas almas por este medio se santificarán!.
5.- El alma que se encomiende por el Rosario no perecerá.
6.- El que con devoción rezare mi Rosario, considerando misterios, no se verá oprimido por la desgracia, ni morirá muerte desgraciada; se convertirá, si es pecador; perseverará en la gracias, si es justo, y en todo caso será admitido a la vida eterna.
7.- Los verdaderos devotos de mi Rosario no morirán sin auxilios de la Iglesia.
8.- Quiero que todos los devotos de mi Rosario tenga en vida y en muerte la luz y la plenitud de la gracia, y sean partícipes de los méritos de los bienaventurados.
9.- Libraré pronto del purgatorio a las almas devotas del Rosario.
10.- Los hijos verdaderos de mi Rosario gozarán en el cielo una gloria singular.
11.- Todo lo que se me pidiere por medio del Rosario se alcanzará prontamente.
12.- Socorreré en todas sus necesidades a los que propaguen mi Rosario.
13.- Todos los que recen el Rosario tendrán por hermanos en la vida y en la muerte a los bienaventurados del cielo.
14.- Los que rezan mi Rosario son todos hijos míos muy amados y hermanos de mi Unigénito Jesús.
15.- La devoción al santo Rosario es una señal manifiesta de predestinación a la gloria.

Rafael María Molina Sánchez

1 Comentario

  1. ¡Madre mía! ¡Madre querida! ¡Madre bella!… ¡Madre dulcísima, ayúdame! ¡Madre y Reina del Santo Rosario
    ¡Ay!… el oír que tantos han sido colmados de favores sólo porque a Ti acudieron con fe, me infunde nuevo aliento y valor para llamarte en mi socorro. Tú prometiste a Santo Domingo que el que deseara gracias las obtendría con tu Rosario; y yo con el Rosario en la mano, te llamo, ¡oh Madre!, al cumplimiento de tus maternales promesas. Aún más: Tú misma, ¡oh Madre!, has obrado continuos prodigios para excitar a tus hijos. Tú, pues, quieres enjugar nuestras lágrimas y aliviar nuestros afanes; y yo con el corazón en los labios, con fe viva te llamo e invoco: ¡Madre mía! ¡Madre querida! ¡Madre bella!… ¡Madre dulcísima, ayúdame! ¡Madre y Reina del Santo Rosario!, no tardes más en tender hacía mí tu poderosa mano y salvarme; porque la tardanza, como ves, me llevaría a la ruina, mientras de todo corazón te saludo e invoco por mi Soberana y por Reina del Santísimo Rosario… Salve Regína, Mater misericodiae…

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