Chile es el primer país que está a punto de aprobar una injusta ley que obligaría a los sacerdotes a a romper el secreto de confesión en caso de abusos a menores. De momento ha sido aprobado por la Cámara de Diputados del país chileno, a la espera que sea ratificado por el Senado de la mencionada nación.

Hay que rezar mucho para que el Senado tumbe esta abyecta ley, pues sentaría una peligrosa jurisprudencia y esta ley se extendería como una lepra por todo el continente americano y por toda la Iglesia.

Según expertos en derecho sería una vulneración muy grave contra la libertad religiosa y es algo que no se puede consentir. Recordemos que en la Iglesia Católica, no guardar el sigilo sacramental, comúnmente conocido como secreto de confesión, está penado bajo pena de ex comunión. Ha habido en la historia multitud de casos de sacerdotes que han perdido la lengua y hasta la vida antes de desvelar el secreto de confesión.

El proyecto de ley lo llevó a la cámara el año pasado el político democristiano Raúl Soto, coincidiendo con uno de los mayores movimientos sísmicos que hubo en Chile por casos de abusos sexuales. Tras votarse salió una amplia mayoría favorable a la obligación de los sacerdotes de desvelar el secreto de confesión en casos de abusos.

Para el letrado Alejandro Álvarez, es muy grave lo que se quiere aprobar porque “hay un gran conflicto de intereses entre el derecho canónico y el ordenamiento jurídico del país”

Álvarez afirmó que violar el secreto “es un atropello contra la libertad religiosa, poniendo al mismo nivel situaciones que no son exactamente lo mismo: el secreto profesional y el sigilo sacramental”.

“El Derecho Canónico en su 983afirma que este es el secreto de confesión no se puede violar bajo ningún concepto y quien lo haga incurre en excomunión latae sentenciae, según el canon 1388, por lo cual la prohibición es grave.

Álvarez denunció la gran esquizofrenia de los gobernantes de obligar al sacerdote a elegir entre quebrantar la ley civil o vulnerar la eclesiástica, lo que resquebraja la libertad religiosa y la libertad de conciencia.