El Domingo de Resurrección o de Pascua es la fiesta más importante del año litúrgico, puesto que con la Resurrección de Jesús es cuando realmente adquiere sentido el catolicismo. Por eso afirma San Pablo que si Cristo no hubiese resucitado vana sería nuestra fe.

Cristo triunfó sobre el pecado y sobre la muerte y de esta manera nos abre las puertas del Paraíso y de la vida eterna. En la liturgia dominical participamos de un modo especial de esta gran alegría de la Pascua. Se enciende el Cirio Pascual, símbolo de la luz de Cristo resucitado y que permanecerá prendido hasta la Solemnidad de la Ascensión


La Resurrección de Jesús es un hecho histórico, cuyas pruebas entre otras, son el sepulcro vacío y las numerosas apariciones de Jesucristo a sus apóstoles. Un hecho histórico que nadie ha podido ni osado refutar. Los recientes estudios de la Sábana Santa, con la más moderna tecnología, corroboran lo que creemos por la fe.


Al celebrar la Resurrección de Cristo, celebramos también nuestra futura resurrección. Celebramos, como hemos dicho, la derrota del pecado y de la muerte. En la resurrección encontramos la clave de la esperanza cristiana: si Jesús está vivo y está junto a nosotros a nada podemos temer. Él es el Camino, la Verdad y la Vida.


Todo sufrimiento recobra pleno sentido a la luz de la Resurrección, pues tenemos la certeza de que después de este valle de lágrimas, si hemos sido fieles, gozaremos de Dios para siempre en el Cielo.

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Redacción de Hispanidad Católica