México fue testigo de una importante aparición del el Arcángel San Miguel en la primera mitad del siglo XVII. Se apareció en en el pueblo mexicano de San Bernabé Capula a Diego Lázaro de San Francisco, adolescente que acababa de recobrar la fe y que estaba procesionando en honor a San Marcos. En ese año se llegó a aparecer el Arcángel hasta en tres ocasiones.

Tal y como se recuerda el Arcángel le dijo al muchacho: “Has de saber hijo mío, que yo soy San Miguel Arcángel. Vengo a decirte que es voluntad de Dios y mía que digas a los de este pueblo y su contorno, que en esta quebrada que hacen dos cerros y es aquella que esta frente a este lugar, hallarán una fuente de agua milagrosa para todas las enfermedades, la cual está debajo de una peña muy grande. No dudes de lo que te digo, ni dejes de hacer lo que te mando”.

Diego tuvo dudas de la aparición y por miedo a que le tomasen por loco no hizo caso a lo que le ordenó el envíado del cielo.

Por no  haber obedecido el mandato divino, a través de su mensajero, Diego enfermó gravemente, pero Dios tuvo misericordia y el propio Arcángel San Miguel se le apareció de nuevo curando por completo su enfermedad y lo trasportó al lugar donde Dios quería que se edificase el templo en su honor. En ese lugar brotó una fuente milagrosa que curó a varios enfermos.

Finalmente llegó a convencer al Obispo local, Mons. Juan de Palafox para construir el Santuario que se llamó San Miguel del Milagro y se conserva hasta nuestros días. Hay una gran devoción y una gran afluencia de peregrinos que acuden con mucho fervor tanto al santo sacrificio del altar como al sacramento de la reconciliación.