Muchos no se confiesen por vergüenza o por miedo a que el sacerdote cuente lo confesado ocasionándole un grave perjuicio. Estas personas no conocen la extrema gravedad del sigilo sacramental, y que el sacerdote tiene obligación grave de no desvelar lo que le contamos, por lo tanto podemos confesarnos sin ningún problema en ese sentido. Si nos cuesta mucho siempre podemos hacerlo con un sacerdote que no conocemos y a través de la rejilla.

El sigilo sacramental alude al silencio que tiene obligación de guardar el sacerdote después de la confesión del penitente. Este silencio no se puede violar bajo ningún concepto y en ningún caso y en ninguna circunstancia el sacerdote puede hacer uso de lo que sabe del penitente por la confesión.

Se han dado casos en la historia de sacerdotes que, por no quebrantar el sigilo, no han podido desvelar quien es el asesino en un crimen o de sacerdotes que se han llegado a cortar la lengua antes de violar el sigilo sacramental.

Los fundamentos del sigilo se basan en el derecho que tiene todo penitente a la buena fama y al derecho de intimidad. Según la esencia del sacramento el sacerdote perdona en nombre de Jesucristo y por tanto no es propietario de todo lo que pueda llegar a saber al administrar el sacramento.

Si se rompe el sigilo sacramental, el sacerdote cae inmediatamente en excomunión latae sententiae.