En este día, segundo del Triduo Pascual, la Iglesia recuerda el momento crucial cuando Jesús muere en la cruz para salvarnos del pecado y darnos la vida eterna. A las tres de la tarde, la hora en la que murió nuestro Señor, es conveniente acordarse y rezar el Credo.

Ese día es el único día del año en el que no se celebra la Santa Misa. Tiene lugar la ceremonia de la Pasión del Señor, que no es día de precepto, aunque es muy conveniente asistir si se quiere vivir el misterio con devoción. La mencionada ceremonia se compone de tres partes: la Liturgia de la Palabra, la adoración de la Cruz y y la Santa Comunión, con las sagradas formas consagradas el día anterior.


Ese día en las iglesias, las imágenes se cubren con una tela morada al igual que el crucifijo y el Sagrario permanece abierto para representar que Jesús no está presente.


El color morado en la liturgia de la Iglesia simboliza el luto. Se viste de negro la imagen de la Virgen en señal de luto por la muerte de su Hijo.

Ese día la Iglesia prescribe guardar ayuno y la abstinencia de carne. Ayunar no quiere decir no comer nada, sino simplemente hacer una comida fuerte al día, que suele ser la del mediodía. Para desayunar o cenar se puede tomar algo muy ligero.


Una piadosa costumbre de ese día es
rezar el Santo Vía Crucis. También es recomendable meditar en las Siete Palabras de Jesús en la cruz, que enumeramos a continuación.

“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.” …

  • “Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso.” …

  • “Mujer, ahí tienes a tu hijo. …

  • “¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?” …

  • “Tengo sed.” …

  • “Todo está cumplido.” …

  • “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.”

Javier Navascués Pérez

 

 

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