Recibieron luego los demonios el alma de Judas, y la llevaron al infierno; pero su cuerpo quedó colgado y reventadas sus entrañas con admiración y asombro de todos, viendo el castigo tan estupendo (extraordinario) de la traición de aquel pésimo y pérfido discípulo. Perseveró el cuerpo ahorcado tres días en lo público. Y en este tiempo intentaron los judíos quitarle del árbol y ocultamente enterrarle, porque de aquel espectáculo redundaba grande confusión contra los sacerdotes y fariseos que no podían contradecir aquel testimonio de su maldad. Mas no pudieron con industria alguna derribar ni quitar el cuerpo de Judas de donde se había colgado, hasta que pasados tres días, por dispensación de la justicia divina, los mismos demonios le quitaron de la horca, y le llevaron con su alma, para que en lo profundo del infierno pagase en cuerpo y alma eternamente su pecado.

Y porque es digno de admiración temerosa lo que he conocido del castigo y penas que se le dieron a Judas, lo diré como se me ha mostrado y mandado. Entre las obscuras cavernas de los calabozos infernales estaba desocupada una muy grande de mayores tormentos que las otras; porque los demonios no habían podido arrojar en aquel lago alguna alma, aunque la crueldad de estos enemigos lo había procurado desde Caín hasta aquel día. Esta imposibilidad admiraba al infierno ignorante del secreto, hasta que llegó el alma de Judas, a quien fácilmente arrojaron y sumergieron en aquel calabozo nunca antes ocupado de otro alguno de los condenados.

Y la razón era, porque desde la creación del mundo quedó señalada aquella caverna de mayores tormentos y fuego que lo restante del infierno para los cristianos que recibido el Bautismo se condenasen por no haberse aprovechado de los Sacramentos, doctrina, pasión y muerte del Redentor, y de la intercesión de su Madre santísima. Y como Judas fue el primero que había participado de estos beneficios con tanta abundancia para su remedio, y formidablemente los despreció, por esto fue también el que primero estrenó aquel lugar y tormentos aparejados para él y los que le imitaren y siguieren.

Este misterio se me ha mandado escribir con particularidad para aviso y escarmiento de lodos los cristianos, y en especial de los sacerdotes, prelados y religiosos, que tratan con más frecuencia el sagrado cuerpo y sangre de Cristo Señor nuestro, y por oficio y estado son más familiares suyos, que por no ser reprehendida quisiera hallar términos y razones con que darle la ponderación y sentido que pide nuestra insensible dureza, para que en este ejemplo todos tomáramos escarmiento, y temiéramos el castigo que nos aguarda a los malos cristianos según el estado de cada, uno.