Matías Alejandro Navós, experto en Bioética, nos habla de la inseminación artifical

Matías Alejandro Navós nació al comenzar el año 1985, en la ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María de los Buenos Aires, conocida hoy como ciudad autónoma de Bs. As., en la República Argentina. Actualmente reside en Mar del Plata, donde se encuentra casado con una médico, desde el año 2016. La Providencia les regaló, por el momento, dos hijos: una niña y un niño.

Es Profesor en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino. Se desempeña como profesor en las Cátedras de Filosofía, Filosofía de la Educación, Antropología, Ética y Bioética, en la Universidad FASTA desde el año 2012. En estos momentos, también es Vicedirector de un colegio secundario, y se encuentra cursando la Maestría en Ética Biomédica, en la Pontificia Universidad Católica Argentina. En esta entrevista nos habla de lo que no enseña la Iglesias sobre la inseminación artificial.

¿Qué se entiende por inseminación artificial?

Son técnicas de reproducción artificial. Esto quiere decir que pueden concebirse personas humanas, por medios que no son los naturales. A lo largo de la historia se fueron disociando elementos que deberían estar unidos. Como el amor, la sexualidad y la procreación. La inseminación artificial, muchas veces, es una especie de adulterio encubierto. Puesto que una mujer, puede quedar embarazada de un tercero, incluso con el consentimiento de su marido. Pero como sucede dentro de una clínica, y con una frialdad, que impresiona. A veces ni la misma pareja, se da cuenta. Con el afán de tener hijos, no digamos formar una familia, porque muchas veces, son personas solteras, las que recurren a estas técnicas.

En Argentina, como en otros lados del mundo, salen a la luz, personas tristemente famosas, que deciden ser madres solteras, o padres solteros, recurriendo a la maternidad subrogada, el mal llamado “alquiler de vientres”. Eufemismo, que muestra a las claras, la cosificación y la mercantilización de la persona. Lo que debiera ser el milagro de la vida. Se torna en un producto de la técnica. Sin pensar en las consecuencias morales. Y no solo, porque todavía, la ciencia no puede saber de las implicancias de ser concebido de esta manera. Es una injusticia para con el niño concebido. No hay derecho a tener hijos. El deseo es legítimo, pero eso no significa que el gobierno de turno, tenga que satisfacerlo. Es un don, el de la vida y una responsabilidad.

¿Hasta qué punto es frecuente recurrir a ella?

Es cada día mas frecuente. Incluso mujeres que pueden concebir naturalmente, se involucran en tratamientos para tener hijos pero en el vientre de otra, para no dañar su cuerpo. O bien, mujeres, ocupadas en otros asuntos, piensan que la maternidad es una cosa a futuro, y congelan sus óvulos, para ser fecundados más adelante. Y así podríamos continuar con la lista.

¿Qué dice la moral de la Iglesia al respecto?

La moral de la Iglesia es bastante clara con este tema. Y se mantiene actualizada. La respuesta es que va contra de la moral católica. Es ilícito recurrir a estas técnicas para formar una familia.

¿Por qué no la permite?

El tema habría que analizarlo a fondo. Tal vez no podamos hacerlo suficientemente, por el momento. Tendríamos que ver todo el trasfondo. Las crisis en las familias, en la Iglesia misma, en la sociedad toda. La ética debería regir a la ciencia. No toda técnica posible, es moralmente válida. Aquella que vaya en contra de la naturaleza humana, no debiera realizarse.

En sentido estricto, nunca sería lícita. Pero aclaremos lo siguiente, a saber: La Iglesia permite que los matrimonios sean ayudados cuando surgiera algún impedimento para la procreación, siempre y cuando no se altere el orden natural, ni la finalidad del acto conyugal. Dejemos que algunos documentos de la Iglesia, nos iluminen a este respecto:

La inseminación y la fecundación artificial son inmorales, porque disocian la procreación del acto conyugal con el que los esposos se entregan mutuamente, instaurando así un dominio de la técnica sobre el origen y sobre el destino de la persona humana. Además, la inseminación y la fecundación heterólogas, mediante el recurso a técnicas que implican a una persona extraña a la pareja conyugal, lesionan el derecho del hijo a nacer de un padre y de una madre conocidos por él, ligados entre sí por matrimonio y poseedores exclusivos del derecho a llegar a ser padre y madre solamente el uno a través del otro.”1

Citemos ahora, un documento aún más reciente, que refuerza el anterior:

A la luz de este criterio hay que excluir todas las técnicas de fecundación artificial heteróloga y las técnicas de fecundación artificial homóloga que sustituyen el acto conyugal. Son en cambio admisibles las técnicas que se configuran como una ayuda al acto conyugal y a su fecundidad. La Instrucción Donum vitæ se expresa en este modo: «El médico está al servicio de la persona y de la procreación humana: no le corresponde la facultad de disponer o decidir sobre ellas. El acto médico es respetuoso de la dignidad de las personas cuando se dirige a ayudar al acto conyugal, ya sea para facilitar su realización, o para que el acto normalmente realizado consiga su fin». Y, a propósito de la inseminación artificial homóloga, dice: «La inseminación artificial homóloga dentro del matrimonio no se puede admitir, salvo en el caso en que el medio técnico no sustituya al acto conyugal, sino que sea una facilitación y una ayuda para que aquél alcance su finalidad natural».

Son ciertamente lícitas las intervenciones que tienen por finalidad remover los obstáculos que impiden la fertilidad natural, como por ejemplo el tratamiento hormonal de la infertilidad de origen gonádico, el tratamiento quirúrgico de una endometriosis, la desobstrucción de las trompas o bien la restauración microquirúrgica de su perviedad. Todas estas técnicas pueden ser consideradas como auténticas terapias, en la medida en que, una vez superada la causa de la infertilidad, los esposos pueden realizar actos conyugales con un resultado procreador, sin que el médico tenga que interferir directamente en el acto conyugal. Ninguna de estas técnicas reemplaza el acto conyugal, que es el único digno de una procreación realmente responsable.”2

¿Hasta qué punto es grave caer en esta práctica?

Es muy grave. Por algo que no hemos mencionado todavía. Hay vidas humanas en juego. Muchas veces las parejas no advierten que con estas ténicas, muchos embriones son concebidos y luego descartados. Esto quiere decir que mueren personas humanas. Sin quererlo tal vez, son cómplices del asesinato de sus propios hijos. Siendo manipulados, algunas veces, en la búsqueda de un ser humano “perfecto”.

¿Qué soluciones propone la Iglesia para parejas que no puedan tener hijos?

La Iglesia siempre estuvo a favor del avance científico, y de la tecnología en consecuencia. Siempre y cuando se respete la integridad y la dignidad de la persona humana. Este asunto no es la excepción. En este momento se me viene a la cabeza la NaproTecnología, que ayuda a las parejas a encontrar cuales son los impedimentos que no le permiten concebir, y los ayuda, en la medida de lo posible y lo legitimo, a buscar un embarazo. Solucionando lo que puede repararse. Muy distinto a lo que realizan las técnicas que criticamos anteriormente, que no curan ninguna afección. Sino que establecen un puente entre el deseo y la reproducción, utilizando medios deshonestos. Que además son un gran negocio.

¿Qué dice la Iglesia del niño concebido por esta técnica?

El niño concebido artificialmente es una persona humana, con la misma dignidad que aquella que fue concebida naturalmente. Hoy día tiene 40 años la primera en haber sido concebida por una técnica de reproducción asistida. No podemos todavía conocer todas las consecuencias, físicas, morales, psicológicas, de haber sido concebido de ese modo. Y es un riesgo demasiado grande. La Iglesia siempre fue una fiel defensora de la dignidad de la persona humana. Motivo por el cual, se opone a estas prácticas, pero vela por todos. No son pocas los dilemas éticos que traen aparejados, mencionemos uno: ¿Qué sucede con los embriones congelados, concebidos bajo este tipo de técnicas? Gran negocio que juega con la vida humana. No son legítimas estos medios, aunque fuesen legales. Pero una vez concebidas esas personas, ¿qué debe hacerse con ellas?, ¿seguir vulnerando su dignidad estando crioconservadas? ¿Quién debe hacerse cargo de esas vidas? Si incluso a veces, son los mismos progenitores, los que aceptan esto. ¿No es preferible morir naturalmente? ¿Acaso no es sensato aspirar a la muerte natural? ¿Esta no nos abre el camino, previo Bautismo, a la Eternidad? Vaya paradoja, ¿no son los mismos padres, los que debieran pedir el agua bendita que nos quitare el pecado original?, y sin embargo, ellos mismos, nos condenan a una vida en un estado al que no fuimos destinados…

Javier Navascués Pérez

1Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (promulgado por el Papa Benedicto XVI en 2005)

2La instrucción Dignitas personae sobre algunas cuestiones de bioética (Documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe, año 2008)