El amor de Dios a sus hijos se manifiesta a través de su Providencia, dándole “todo lo mejor” para su mayor gozo y felicidad.

Dentro de ella están los placeres, los goces de la vida tanto en el orden biológico como en el espiritual, es decir el biológico que encuentra su plenitud en el espiritual.

Los distintos placeres sirven como un estímulo para cumplir una función específica. En el plano biológico, es para encontrar la belleza, gozo y alegría que estimule en el camino del crecimiento en el amor hacia Dios y a los demás.

Por ejemplo el sentido del gusto estimula el apetito y a la necesidad de alimentarse, como un incentivo al instinto de conservación y supervivencia. Este sentido produce mucho placer ante un manjar exquisito, pero el alimento es para el sustento de la salud y la vida y no solamente para el deleite del paladar. Al cumplir su misión este sentido genera el placer como un regalo placentero.

Existe un placer intrínseco en el sexo, al igual que un rico manjar al paladar, pero también existe un placer “en” el sexo y este consiste en sumarle el amor.

El amor en si mismo es placentero, genera placer espiritual y emocional, de tal manera que al sumarse al sexo lo proyecta a una dimensión imposible de describir, porque entra dentro del misterio del amor de Dios.

Lo que si se puede decir es que el placer del amor al sumarse el sexo, estimula el crecimiento en el amor mutuo, a Dios y se proyecta hacia los demás.

Este placer es un camino que si no se recorre para construir el amor, alimenta el ego de la autosatisfacción que genera egoísmo y orgullo, y conduce al abismo donde espera el adversario.

El placer sexual

El sexo está diseñado para procrear vida, asociándonos al proyecto creador de Dios, haciéndonos cocreadores con él.

La procreación no es solamente biológica, sino que lo es también espiritual, que incluye la cocreación la educación de los hijos en la fe y el amor, lo que los constituye en hijos de Dios.

En este sentido el placer adquiere una dimensión espiritual profunda, porque al fusionarse al placer biológico con el espiritual, adquiere una dimensión imposible de poder expresar.

Una imagen simple para expresar el placer sexual es, por ejemplo un caramelo y un manjar exquisito.

El caramelo dura hasta que se disuelva, luego no queda ni el recuerdo. No se puede vivir alimentándose con caramelos, sino que son para endulzar un momento.

Una comida exquisita, un manjar, nos alimenta y además nos da un placer. No podemos repetirla en forma compulsiva porque nuestro organismo no está diseñado para soportar los excesos. Esto destruye la armonía que generan problemas en la salud.

Con estos ejemplos pretendo expresar que el placer adquiere su verdadero significado a través del amor. Cuando este está presente.

Hoy se confunde amor con pasión. La pasión es un amor desordenado del ego hacia uno mismo, manifestado en este caso a través del sexo, porque produce frustración emocional a quien se dispone a encontrarlo a través de ella.

La pasión generada entre quienes previamente se aman, encuentran en ella un estímulo para el crecimiento del amor mutuo y también un reaseguro en la entrega mutua.