La causa que origina toda violencia es espiritual y para poder comprenderla y buscar una solución debe ser analizada desde esta realidad.

La violencia es el estado del corazón como consecuencia de heridas en el amor generadas por abandono, rechazo, desprecio, castigo, etc.

De la misma manera que la droga y el alcohol, la violencia también es generada por falta de amor, porque el amor es el alimento del espíritu que clama en el corazón como un bebé por su leche.

El orgullo del hombre lo hace agresivo hacia los demás y la humildad de la mujer, hacia si misma. Al aceptar de hecho la violencia, se hace cómplice con el agresor y por lo tanto victimaria de si misma.

Si la mujer que es la generadora del amor, tiene heridas que le impiden amarse y respetarse, no puede llegar a tener una relación fundada en el amor. Estas heridas le darán una visión distorsionada que hará confundirla con la pasión.

Hoy no se habla del amor y lo poco que se conoce es por quienes testimonian que todavía es posible.

Al perderse el amor se han perdido los valores morales de la sociedad. Todos ellos están afirmados en el amor.

Nuestros abuelos tenían respeto, tolerancia, paciencia y vivían con un espíritu humilde. Hoy el orgullo marca el curso de pensamientos y acciones, con lo cual no existe respeto, tolerancia, ni paciencia y con ello se hace imposible cualquier relación.

Ante esta realidad la persona que tenga heridas en el amor debería tomar distancia con una relación emocional mientras busca una sanación personal de sus heridas en el amor,

Una vez lograda, tendrá un corazón libre para poder escucharlo cuando en el se manifieste inconfundiblemente el llamado del amor.

Fuimos creados por amor, para amar y ser amados. Nuestra realización humana está justamente en concretar este designio de Dios. Si no amamos nos frustramos como personas convirtiendo nuestra vida en un infierno.

Fuimos llamados a vivir una vida de amor en abundancia. De un amor eterno, infinito e inagotable y nuestra vida consiste en un aprendizaje para valorar y merecer este regalo de Dios.

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Redacción de Hispanidad Católica