Es una triste realidad, pero aquellas personas que han entregado su alma a Satanás, que están consagrados a su servicio y a hacer el mal tienen una profunda fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía.

De hecho para sus profanaciones, Misas negras y demás aquelarres del averno ponen todo su cuidado en que sea sobre hostias consagradas, si no tuviesen esa fe en la presencia real harían una pantomima, pero ellos no tienen ninguna duda de que está presente aquel al que odian.

Esto debería ser motivo de sonrojo para muchos católicos que a veces estamos tibios, fríos o indiferentes ante el Santísimo Sacramento. Él siempre nos está esperando y acepta humildemente que le pidamos perdón de nuestra frialdad, de nuestra flaqueza e inconstancia. El conoce de que pasta estamos hechos.

Doctrina católica sobre la presencia real de Cristo en la Eucaristía

La presencia eucarística de Cristo comienza en el momento de la consagración y dura todo el tiempo que subsistan las especies eucarísticas. Cristo está todo entero presente en cada una de las especies y todo entero en cada una de sus partes, de modo que la fracción del pan no divide a Cristo (cf Concilio de Trento: DS 1641).

El culto de la Eucaristía. En la liturgia de la misa expresamos nuestra fe en la presencia real de Cristo bajo las especies de pan y de vino, entre otras maneras, arrodillándonos o inclinándonos profundamente en señal de adoración al Señor. “La Iglesia católica ha dado y continua dando este culto de adoración que se debe al sacramento de la Eucaristía no solamente durante la misa, sino también fuera de su celebración: conservando con el mayor cuidado las hostias consagradas, presentándolas a los fieles para que las veneren con solemnidad, llevándolas en procesión en medio de la alegría del pueblo” (MF 56).

El sagrario (tabernáculo) estaba primeramente destinado a guardar dignamente la Eucaristía para que pudiera ser llevada a los enfermos y ausentes fuera de la misa. Por la profundización de la fe en la presencia real de Cristo en su Eucaristía, la Iglesia tomó conciencia del sentido de la adoración silenciosa del Señor presente bajo las especies eucarísticas. Por eso, el sagrario debe estar colocado en un lugar particularmente digno de la iglesia; debe estar construido de tal forma que subraye y manifieste la verdad de la presencia real de Cristo en el santísimo sacramento.