Nunca es tarde para seguir el llamado vocacional. Cuentan que Juan XXIII ordenó a un sacerdote muy mayor, que tardó mucho tiempo en pensarselo y le dijo: “Ya era hora que entregases al Señor tus huesos”.

Ciertamente es algo inusual a todas luces que un padre y su hijo reciban la ordenación sacerdotal prácticamente a la vez con un pequeño intervalo de tiempo. Es la preciosa historia de Peter Infanger y su hijo, Andrew Infanger.

Peter, enviudó hace unos años después de acompañar pacientemente a su esposa en una dolorosa enfermedad. Ese mismo año su hijo Andrew entró en el Seminario de San Francisco de Sales de la Arquidiócesis de Milwaukee (Winsconsin).

Peter, al no tener que cuidar ya de su esposa tuvo más tiempo para reflexionar y para meditar sobre Dios y ver lo efímera que es la vida. Por eso fue discerniendo la vocación hasta que 2014 decidió entrar al Seminario y fue aceptado, pues se encontraba en perfecto estado de salud y con la cabeza lúcida para el estudio.

Está completando su cuarto año en el Seminario Mundelein a las afueras de Chicago (Illinois). Dios mediante pronto será ordenado diácono y después espera ser sacerdote como su hijo Andrew.

“No es la norma y no es lo que generalmente sucede, pero no existe una política precisa en cuanto a la edad de los candidatos”, comentó Andrew.

Peter dijo que el fallecimiento de su mujer fue “una de las peores cosas que puede suceder en la vida”. Pero Dios le regaló “una segunda vocación para ayudar a los demás”.

Recemos por la santidad sacerdotal de ambos.

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