El que quiera librarse de pecar, sea tiernamente devoto de María. Extraordinario fue el modo con que esta Señora libertó a un joven en Mecina. (Auriem. t . 2, pág. 60.) Obsequiábala siendo congregante con gran pureza de alma, pero en una ocasión se vio ya muy cerca de perderla. Instigó el demonio a una mala mujer para que solicitase al joven a pecar, y viéndose un día con él a solas fue más recio el asalto para lograr su malvado intento. El joven en este gran apuro levantó su corazón a la Virgen purísima, invocándola afectuosamente con estas pocas palabras: Ayudadme, Madre mía, y no me abandonéis en esta ocasión. Al punto experimentó la eficacia de sus ruegos, porque en aquel instante se le representó la mujer del todo transformada, y tanto que le parecía un horrible monstruo o una furia salida del infierno, el rostro espantoso, y en lugar de cabellos serpientes, de manera que causaba espanto el mirarla. Inmediatamente sintió desvanecerse la tentación, la reprendió ásperamente por su desvergüenza, y quedó victorioso donde otros de su edad suelen perecer lastimosamente.

OBSEQUIO

Cuando se siente alguna tentación es bueno besar las cuentas del rosario, porque disgustar a María al tiempo que uno está besando con devoción su santo rosario, no puede ser.

JACULATORIA

Líbrame, Señor, del pecado mortal.