El ejemplo siguiente muestra bien cuánto vale la devoción a la Virgen. En el año de 1714 estudiaban en Flandes (Auriem. t. 1, pág. 47) dos jóvenes entregados a la disolución. Habían gastado un día entero en diversiones y comilonas, y por remate fueron a pasar la noche en una casa de prostitución. El uno de ellos, a deshora ya, se volvió a descansar a la suya; pero el otro se quedó saciando su apetito, y bebiendo hasta las heces el veneno del cáliz de Babilonia. Vuelto el primero a su casa se acordó que no había rezado una Ave María que tenía de costumbre, quiso hacerlo, y aunque sintió gran repugnancia al fin la rezó de muy mala gana y casi dormido.

Se acostó, y como estaba tan cansado se durmió al instante; pero no se había pasado mucho tiempo cuando oye unos golpes muy fuertes en la puerta de su dormitorio: se despierta, y sin abrirla ve delante de sí a su infeliz compañero horroroso y desfigurado. Lleno de terror, y admirado de que hubiese podido entrar estando la puerta cerrada, dio una voz diciendo: ¿qué es esto? Y el desdichado contestó: Has de saber que por justo juicio de Dios debíamos tú y yo caer esta noche en el infierno; pero la Virgen, a quien rezaste aquella Ave María, te ha librado a ti de la muerte; yo estoy ya condenado. En tal calle (nombrándola) está mi cuerpo herido por el demonio. Y en prueba de la verdad le descubrió el seno, que arrojaba llamas, y le despedazaban horribles serpientes. Acabó de hablar, y desapareció.

Se levanta el otro al punto y empieza a llorar amargamente. En esto oye tocar a Maitines en el convento de san Francisco, y no dudando que esta fuese la voz de Dios que le llamaba corre sin tardanza, se echa a los pies de los Padres, y les pide el santo hábito con las mayores instancias, contando lo que le había pasado. No le dieron crédito al principio; pronto se cercioraron de la verdad yendo algunos a la calle que les decía, donde encontraron el cadáver del infeliz compañero enteramente desfigurado. Entonces le admitieron, y él empezó en la religión una vida penitente y del todo nueva, mostrándose toda su vida muy agradecido a la piadosísima Virgen María, por cuya intercesión había recibido aquel especialísimo beneficio.

OBSEQUIO

Determina la devoción u obsequio que has de hacer diariamente toda tu vida en honra de la Virgen, firmando de tu mano una solemne promesa de cumplirla con fidelidad a fin de que te libre del infierno.

JACULATORIA

Oh Madre mía, gracias te doy porque me has librado del infierno.