El hecho siguiente sucedió en París el año 1827.

Una pobre criada tenía la hermosa costumbre de hacer decir cada mes una Misa por las almas del Purgatorio. A causa de una larga enfermedad, perdió la colocación y consumió todos sus ahorros, y el día que pudo salir de casa no le quedaban más que veinte monedas de cobre. Pensando que aquel mes no había podido aún celebrar la Misa por los difuntos, entra en una iglesia y, llena de confianza en Dios, se priva de la última peseta que le quedaba y asiste con devoción a la Misa.

Salida de ella, y andados pocos pasos, se encuentra con un joven alto, pálido, de nobles modales, que, poniéndose a su lado, le dice:

-¿Buscáis una colocación, no es verdad?

-Sí, señor.

-Pues id a la calle tal, número tal, piso… Creo que allí estaréis bien.

Y desapareció entre la gente.

La jovencita fue a la casa indicada, entra y se encuentra con una señora de aspecto venerable.

-Señora –dice la criada-, he sabido que usted necesita una camarera, y vengo a ofrecerme.

-Pero, hija mía, ¡nadie sabe que yo necesite muchacha! ¿Quién puede haberte mandado?

-Fue un joven, señora, que acabo de encontrar en el camino.

La señora no podía imaginarse quién fuese, cuando la criada, alzando los ojos, vio un retrato y dijo:

-He aquí, señora, el retrato de quien esta mañana me habló.

-Pero si éste es mi hijo único, muerto ha dos años –exclamó la matrona- ¿Qué querrá decir esto?

Entonces la criada le contó lo demás, de donde fue fácil comprender que el alma de aquel joven había sido librada del Purgatorio por la Misa hecha decir, y la señora tomó a la pobrecita, no como criada, sino como hija.

Ved el bien que proporciona una sola Misa mandada decir por las almas del Purgatorio.

***

San Pedro Damiano, quedando de muy niño huérfano de padre y madre, fue recibido por un hermano, que le trataba con dureza y le negaba el pan y el vestido necesarios. Un día halló de camino una moneda de plata, sin saber a quién pudiera pertenecer. Imaginad qué alegría la del pobre Periquito. Le pareció que había encontrado un tesoro, y pensó en seguida en comprarse una gorra, unos zapatos, un jersey… ¡Todo lo necesitaba! Al punto se acordó del padre y de la madre que le faltaban, y, llenos los ojos de lágrimas, corre a llevar la moneda a un sacerdote para que celebre la Santa Misa por sus pobres muertos.

¿Lo creeréis? Desde aquel día, protegido de las almas del Purgatorio, cambió su fortuna. Otro hermano suyo le recogió y le hizo estudiar, y Pedro Damiano llegó a ser sacerdote, Obispo, Cardenal, Santo…

Ved de nuevo cómo una sola Misa hecha decir en sufragio de las almas del Purgatorio fue principio de inmensas ventajas. Pero ¡ah!, ¡qué mayores ventajas si a la Misa se añade la Sagrada Comunión!

El autor de este cuadro, pintado al óleo sobre tabla, que representa la “Misa de San Gregorio”, es el Maestro de los Altares de Aquisgrán -se le conoce así por su obra maestra: el Tríptico de la Pasión, que se encuentra en el Tesoro de la Catedral de Aquisgrán-, un pintor anónimo del gótico tardío, activo en Colonia (Alemania) durante la transición del siglo XV al XVI. Esta obra fue realizada entre 1501 y 1515, y actualmente se encuentra en el Museo Kolumba (Museo de Arte del Arzobispado de Colonia), en Colonia (Alemania).

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Redacción de Hispanidad Católica