Hace unos 30 años que Montse Sanmartí, madre de familia numerosa, sufrió, junto con su esposo, una de las experiencias más dolorosas de su vida cuando su hijo de 3 años se ahogó en la piscina de casa. Un impacto ciertamente durísimo en las entrañas de una madre, solo mitigado con la esperanza de que, al estar bautizado, el niño esté en el cielo.

Tras muchos años de sellar en su corazón esta dolorosa experiencia fue un sacerdote el que le animó a hacerla pública para la gloria de Dios y el bien de las almas. No se pierdan el testimonio, que abre el apetito de leer el libro.

¿Por qué un libro sobre su hijo?

El motivo de escribir sobre mi primogénito es básicamente el de narrar su breve historia en este mundo, una historia que duró tres bellos años, tras los cuales el Señor permitió llevarle con Él tras sufrir un accidente en nuestra casa, concretamente él falleció tras ahogarse en nuestra piscina. 

Tras muchos años de su partida al Cielo, ¿ha llegado el momento?

Ciertamente han pasado muchos años, van a cumplirse treinta, desde que nuestro hijo se fue al Cielo. Como todo en la vida, sí creo que ha llegado el momento. Nunca, para ser sincera, había pensado en escribir sobre ello, pues son cosas sobre las cuales nadie quiere escarbar o remover. Para mí era un tema tabú, nunca hablé de ello abiertamente con nadie, hasta hace tres años y medio, cuando el Señor puso en mi camino a mi estimado padre Leonel Fernández, quien se convirtió en mi consejero espiritual, en mi confidente, mi amigo, mi hermano. De su mano pude recorrer este último trecho de camino con una nueva esperanza. Fue sencillo abrirle mi corazón, algo que no me había pasado con nadie.

De este modo, pronto me alentó a escribir algunas pinceladas de mi experiencia en mi muro de Facebook, algo que nunca logré hacer, pues seguía costándome mucho tocar ciertos aspectos de nuestra historia y contarlas a otras personas. Pero, como narro en el libro, tuve un sueño muy impresionante, un sueño que fue muy real. Me encontraba en medio de muchas personas que lloraban y se desesperaban. Aunque no conocía a nadie, sentía mucho ese dolor, aunque no entendía bien los motivos del llanto y desesperación de aquellas gentes. En un momento del sueño, comprendo que ha muerto un niño y que aquellas personas no pueden aceptar el hecho.

En aquel momento traté de hablarles para consolar sus corazones y de repente desperté con mucho desasosiego en mi pecho. Era como revivir la muerte de mi hijo para ayudar a otros. Así fue como me puse en contacto con el padre Leonel y le expliqué lo que había vivido. Entonces el padre me animó a escribir el libro que hoy presentamos, un libro en el que, finalmente, hago una apertura de alma para bien de otras personas que puedan estar pasando por circunstancias bien difíciles. El libro pude culminarlo, sobre todo, gracias a su apoyo, porque él, cuando me animó a escribirlo me dijo que quería ser quien lo prologara, algo que, como digo en el libro, me llenó de inmensa alegría. Ciertamente, hubo un tiempo en el cual no podía proseguir, pues se me hacía extremadamente difícil recordar en detalle tantas circunstancias vividas con tanto dolor. Pero saber que el padre esperaba eso de mí y su ilusión por ver culminada la obra fueron motivos suficientes para concluirla con éxito. 

¿Se ha emocionado al escribirlo?

Me agrada que me haga esta pregunta, Javier. El libro es, realmente, un cúmulo de emociones. Hay partes, como he comentado más arriba, en las cuales las emociones son inevitablemente dolorosas, pero no por ello pueden dejar de ser narradas, pues son la parte central de esta historia. Hay otras, contrariamente, que son momentos de intenso gozo y de vivencias muy bellas, como cuando viajé junto al padre Leonel a San Giovanni Rotondo y nos consagramos al Inmaculado Corazón de María y vimos el cuerpo incorrupto del padre Pío. No quiero adelantar acontecimientos, pero el libro encierra emociones grandes, y por tanto un sí rotundo a su pregunta.

Ciertamente una espina de mucho dolor la pérdida de un hijo tan pequeñito, ¿pero ha tenido rosas de conformidad?

Es difícil explicar con palabras lo que unos padres sienten ante la partida de un hijo tan pequeño y en las circunstancias que rodearon el hecho. Mi narración es en primera persona, es la visión de una madre narrando sus sentimientos. El lector encontrará en los renglones de este libro algunas de las sensaciones que viví. Muchas de ellas fueron durísimas. Otras no han podido ser descritas en el libro, pero lo que puedo decir es que, por una gracia de Dios muy grande, jamás sentí tentación alguna de culpar a Dios por, algo que sé que les ha sucedido a otras personas. Viví conformando mi voluntad con la suya, aunque viví mucho tiempo como muerta en vida. En cuanto a las rosas de conformidad que pregunta, puedo decir que sí las ha habido desde el principio y la principal fue saber que mi hijo estaba en el mejor lugar, saber que estaba con Dios en el Cielo fue la rosa de conformidad más grande, pues él había alcanzado la meta para la cual el Señor nos llama a todos a la vida y la que debe motivar todo en nuestra existencia. Creo que esa rosa de conformidad fue la que me permitió seguir adelante. 

¿Sigue soñando con él? ¿Cómo la fe le ha ayudado a superar ese desgarro tan grande? 

La verdad es que he deseado muchas veces soñar con mi hijo, pero es una gracia que no me ha sido concedida. Al principio, más que sueños, tenía muchas imágenes recurrentes en mi cabeza, especialmente del accidente, tal como lo narro en el libro. Este tipo de imágenes sí se representaban en algunos sueños. Dios ha querido que viva de fe y nunca más he visto su carita ni he vuelto a verlo tal y como lo veía en vida. Puedo decir, con mucha paz en mi corazón, que no necesito verlo, porque lo que es cierto es que lo siento muchas veces junto a mí. Por fe yo sé que vive y que es plenamente feliz y eso es lo único que me ha permitido superar su pérdida. Saber que él está intercediendo por nuestra familia y por todos los seres que queremos para podernos encontrar un día, es el mayor regalo y eso no se puede explicar con palabras. 

¿Cómo cree que puede ayudar este libro a quienes han pasado por un trance similar?

El Espíritu de Dios sopla dónde quiere y cómo quiere. Haber hecho esta apertura de alma, haber narrado una experiencia como la mía, creo que sí puede tocar el corazón de otras personas que estén pasando por el dolor de la pérdida de un ser querido, especialmente de una forma repentina. Dios tiene sus caminos. Hay personas que me están pidiendo el libro para regalarlo a otras que están en un trance similar. El ser humano necesita compartir y comunicar. Ver el dolor de otros y saber cómo lo han afrontado, es, en muchos de los casos, algo que inspira. Saber que estamos unidos en los momentos de dolor y que el género humano es una gran familia, que nada es nuevo, que lo que tú has vivido lo han vivido otros y lo han podido superar, es algo que, sin duda, es sanador. 

Y también a personas alejadas de la fe.

Por supuesto, cuando escribí el libro mi mayor deseo era llegar a todos, no solamente a personas creyentes. Como he dicho, Dios tiene sus caminos y tal vez alguien sin fe tome el libro en sus manos para descubrir cómo hacen el duelo los que sí la tienen, y aquello puede resultar ser la respuesta a sus preguntas. Me ha parecido muy curioso que alguna persona de religión musulmana se ha interesado en adquirirlo. Yo solamente le pido al Señor que haga su obra y si quiere, toque a través de mis escritos los corazones que quiera. Suyo es todo porque todo lo que hacemos es por gracia. 

¿Qué enseñanza quiere dejar como trasfondo de todo el libro? 

Que Dios nos ama inmensamente, a ti, a mí, de una manera personal, como si no existiera nadie más y que todo está en sus designios de Padre y que, aunque en momentos de la vida todo sea oscuridad, todo cumple un propósito. La clave más difícil en este proceso es la espera, la paciencia. La recolección del fruto de esa espera y de esa paciencia es de una dulzura inmensa. La de sabernos amados infinitamente por Él. Enseñar a todos que en todo momento hay que confiar. La confianza y el abandono son el gran don de los cristianos, pues sabemos que nada malo nos va a pasar. Para muchos este hecho puede parecer impensable, aun siendo personas bautizadas, pues lo que para el mundo puede ser una desgracia, para Dios es la clave para transformar una vida. La experiencia de vivir lo que vivimos me ha enseñado que para ser felices de verdad la única puerta es esa. Vivir sabiendo que todo lo que disponga el Señor siempre será para nuestro bien y para alcanzar estar todos juntos en el Cielo y ser eternamente felices.

¿Cómo se puede adquirir? 

En España se pueden dirigir en este momento a la Editorial Nueva Estrella. Pronto tendrán la oportunidad de adquirirlo en librerías religiosas, Fnac, El Corte Inglés y por internet en Amazón y La Casa del Libro. http://editorialnuevaestrella.es/producto/el-cielo-no-pudo-esperar/

Javier Navascués Pérez

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Javier Navascués Pérez
Director de Hispanidad Católica. Periodista, guionista, presentador y speaker. Colaborador de Agnus Dei Prod y de Militia Dei Prod. Ha participado en diversos medios de comunicación católicos (EWTN, Radio María, Canal San José, NSE,…) Fue Director de Adelante la Fe. Actualmente tiene un blog en Infocátólica y es redactor en medios como  el Diestro, el Correo de Madrid, Diario Ya, Somatemps, Ahora Información y el Español Digital entre otros....

1 Comentario

  1. La muerte nos acerca a Dios…, por lo menos a los que somos creyentes, pues a los ateos y agnósticos, normalmente les aleja todavía más de Él.

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