Dios sigue llamando en todo momento y en todo lugar a la vida consagrada a las personas que nunca pudiéramos imaginar que acabarían tras las rejas de un convento. Es el misterio de la vocación, de la fidelidad a una llamada que aceptan con alegría. Casos impactantes que siguen conmoviendo a un mundo descreído que no entiende como uno libremente se consagra por completo al Señor, atándose a Él con los votos de pobreza, castidad y obediencia y renunciando a una atractiva vida personal y preofesional.

Nicoletta Falzoni era la importante dirigente de una gran empresa. Un buen día en una peregrinación a un santuario dedicado a la Virgen sintió el llamado a la vida religiosa contemplativa y a dejar todo su mundo de éxito en el mejor momento de su vida.

“El estado de vida que consiste en la profesión de los consejos evangélicos, aunque no pertenezca a la estructura de la Iglesia, pertenece, sin embargo, sin discusión a su vida y a su santidad” (LG 44).

“Cuando Dios llama se siente temor”, afirmó. “¿Cómo podemos con todos nuestros límites, nuestras debilidades, nuestras infidelidades, estar a la altura de la vocación y ‘jugarnos todo’?”, preguntó Nicoletta, que desde el 6 de mayo tomó el nombre de Sor María Fides.

Concretamente sus éxitos habían venido en la gran empresa tabacalera Camel, donde Nicoletta era uno de sus puntales. Sin embargo, en agosto de 2011 hizo una peregrinación a Medjugorje y tras sentir un fuerte llamado y madurarlo solicitó ser admitida en el convento benedictino Mater Ecclesiae. Nicoletta realizó los votos perpetuos  en la orden después de superar un largo y exigente período de noviciado. El rito fue presidido por la abadesa Sor María Canopi, que lleva 44 años como religiosa.

La iglesia nos muestra como los consejos evangélicos están propuestos en su multiplicidad a todos los discípulos de Cristo. La perfección de la caridad a la cual son llamados todos los fieles implica, para quienes asumen libremente el llamamiento a la vida consagrada, la obligación de practicar la castidad en el celibato por el Reino, la pobreza y la obediencia. La profesión de estos consejos en un estado de vida estable reconocido por la Iglesia es lo que caracteriza la “vida consagrada” a Dios (cf. LG 42-43; PC 1).

El estado de vida consagrada aparece por consiguiente como una de las maneras de vivir una consagración “más íntima” que tiene su raíz en el Bautismo y se dedica totalmente a Dios (cf. PC 5). En la vida consagrada, los fieles de Cristo se proponen, bajo la moción del Espíritu Santo, seguir más de cerca a Cristo, entregarse a Dios amado por encima de todo y, persiguiendo la perfección de la caridad en el servicio del Reino, significar y anunciar en la Iglesia la gloria del mundo futuro (cf. CIC, can. 573).