La respuesta es compleja, habría que empezar diciendo que la playa en sí no es nada malo, es algo que forma parte de la naturaleza y puede ser muy saludable darse un baño en el mar o pasear por la arena.

Ahora bien dado lo masificadas que están hoy las playas y el exhibicionismo que hay puede afirmarse que para muchas personas pueden ser ocasión de pecado y un católico no debe ponerse a sabiendas en ocasión de pecar.

En general no ayudan nada las playas para mantener la santa pureza y pueden ser ocasión de malos pensamientos y arrastrar a otros pecados. Algunos santos del siglo XX como San José María Escrivá recomendaban a sus hijos que no fuesen a la playa e incluso que no comprasen casas en zonas costeras.

También es verdad que a según que horas una playa solitaria o poco transitada no debería ser un problema. En cualquier caso debemos tener presente el principio de que el espíritu es fuerte, pero la carne es débil.

En general si queremos vivir santamente la pureza debemos evitar las ocasiones de pecado y en el caso de las playas modernas está claro que lo son. Analicen seriamente si son capaces de estar en la playa sin riesgo de tener algún mal pensamiento o mirada curiosa.